Columna de opiniónBogotá-. El proceso de paz con el ELN está quieto y esto no es bueno. Tanto en la comunidad internacional como en la opinión pública nacional hay preocupaciones porque después de 8 meses de conversaciones no hay muchos avances. Se comprendía que antes de las elecciones presidenciales no se produjeran movimientos importantes en la mesa de acercamientos, pero ya estamos a tres meses de este suceso y no ha ocurrido nada.
Al parecer el gobierno insiste en gestos de parte del ELN y esta guerrilla cree que lo importante es diseñar con mucha calma un largo plan de paz que lleve a un acuerdo duradero. Las dos partes creen además que le han hecho concesiones importantes a la contraparte y han recibido muy poco a cambio.
El gobierno siente quizás que ha hecho mucho al permitir el funcionamiento de la casa de paz, la instalación de la mesa en Cuba sin exigir a cambio un cese de hostilidades y el desarrollo de acciones políticas como la presencia de Antonio García en Medellín en múltiples actividades con la sociedad civil.
El ELN seguramente piensa que la decisión de sentarse a conversar en medio de una campaña electoral donde estaba en juego la reelección del presidente y gestos como el cese de hostilidades decretado en la contienda electoral parlamentaria y la entrega de un policía que se encontraba en cautiverio, son muestras de una voluntad real de paz que no han sido suficientemente compensadas por el gobierno.
Pero las estrategias y las percepciones de las partes son poco comprensibles para la opinión pública. La gente quiere ver algunos resultados concretos que alienten la esperanza de que se va por buen camino. Si alguna de las dos partes asume una actitud audaz que signifique un salto en las conversaciones de paz recibirá sin duda un gran apoyo en el exterior y en interior del país.
En las declaraciones que salían de “Casa de Paz” o en las pocas comunicaciones del ELN de las últimas semanas percibí que esta organización esperaba que en el discurso de instalación del Congreso de la República o en el de posesión presidencial apareciera una propuesta novedosa y arriesgada del primer mandatario. No ha ocurrido así. Ni se tiene noticia de que en los contactos discretos que realiza el Alto Comisionado de Paz con Francisco Galán se estén produciendo propuestas de gran impacto.
El balón está en la cancha del ELN y puede ser un buen momento para que los dirigentes de esta guerrilla sacudan su imaginación y se encarguen de darle un gran aliento a la paz negociada. Las negociaciones con los paramilitares están muy enredadas y tanto en Estados Unidos como en Europa hay bastantes interrogantes sobre lo que está ocurriendo en Colombia.
Temas como el secuestro, las minas antipersonal, el narcotráfico, los acuerdos humanitarios, la verdad y la justicia, lo mismo que la transparencia en las conversaciones de paz que se adelantan en el país, están sobre el tapete.
Una propuesta concreta que involucre todos o parte de estos temas tendría una gran acogida externa e interna. Se que no es fácil encontrar iniciativas para satisfacer a la opinión pública nacional y a la comunidad internacional en problemas tan espinosos y se también que es difícil sortear las discusiones que una propuesta de tal naturaleza suscita en el seno del ELN y las presiones de las FARC que puede desatar.
Pero en otras oportunidades el ELN ha dado muestras de tener ideas para empezar a desmontar fenómenos dolorosos como el secuestro, para aliviar la tensión de la población frente al estallido de las minas, para colocar un granito de arena en la superación del narcotráfico, para ayudar a encontrar un camino cierto de reconciliación.
El ELN podría así abrirle puertas a su activad política en función de las elecciones del 2007, encontrar recursos para acometer planes sociales en las regiones donde tiene influencia, demandar algunas garantías para todos sus presos, buscar ayuda para su transición y demandar protección nacional e internacional para un acuerdo general de cese hostilidades en un futuro cercano.
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