La columnista Gloria Arias recuerda en su columna habitual del Nuevo Siglo, la exaltación que a la vida y obra de Carlos Gaviria, hiciera el entonces gobernador de Antioquia, Alvaro Uribe Vélez en abril de 1996 cuando le otorgó la máxima condecoración que impone el Departamento a sus hijos más ilustres.
“CARLOS Gaviria es un símbolo de la tolerancia, como la tenemos que entender” (…) “Carlos Gaviria es un símbolo de la magistratura, es un símbolo de la defensa de la Constitución, es un símbolo de la defensa del imperio de los jueces para regir la vida social.” (…) “Es muy fácil atentar contra el estado de derecho desde las posiciones totalitarias (…) Lo difícil es defender el estado de derecho con el acierto, la vocación y la congruencia con que lo ha hecho el doctor Carlos Gaviria”.
¿Sabe quién dijo que detrás de Gaviria hay “un gran pilar ético”? Usted, señor Presidente; cuando usted era menos famoso y mucho más grande, porque entonces, entre el corazón y el poder, entre el tesón y la sagacidad, le cabía el honor de reconocer la grandeza de los demás.
Por Gloria Árias Nieto
“CARLOS Gaviria es un símbolo de la tolerancia, como la tenemos que entender” (…) “Carlos Gaviria es un símbolo de la magistratura, es un símbolo de la defensa de la Constitución, es un símbolo de la defensa del imperio de los jueces para regir la vida social.” (…) “Es muy fácil atentar contra el estado de derecho desde las posiciones totalitarias (…) Lo difícil es defender el estado de derecho con el acierto, la vocación y la congruencia con que lo ha hecho el doctor Carlos Gaviria”.
Estos conceptos son ciertos, sustantivos y merecidos por décadas de trabajo académico, intelectual y democrático, con la frente en alto, la mirada transparente y una vida meridiana, que ha confiado en la inclusión, la autonomía y la dignidad, como constructores de sociedades justas, libres y humanas.
Lo contradictorio es que estos enunciados que bien podrían haber sido material de campaña en las vallas del Polo, o declaraciones de los más fieles seguidores del expresidente de la Corte Constitucional, fueron pronunciados hace 12 años, por el mismo hombre que hoy acusa a su homenajeado de entonces, de tener desde hace más de 30 años, afinidades con la guerrilla.
Con el Decreto 1871, el 26 de abril de 1996, el gobernador de Antioquia le concedió al magistrado Carlos Gaviria Díaz la máxima condecoración que impone el Departamento: el escudo de Antioquia en Categoría Oro. A las 6 de la tarde en el recinto de la Asamblea, el gobernador que luego se convertiría en el presidente-mesías de Colombia, le entregó a quien es hoy el líder más lúcido de su oposición, más que una medalla, su testimonio de respeto y admiración.
Por lo visto, la nota de estilo no estaba escrita con tinta indeleble en la memoria de nuestro bi (esperemos que nos sea tri) presidente. ¡Qué raro que un hombre con una retentiva excepcional, que contradice en público cifras de ministros y rectores, no recuerde los motivos que le llevaron hace unos años, a expresarse como lo hizo, de un hombre que hoy tacha de ser y haber sido simpatizante de una insurgencia armada sanguinaria, tercamente perversa.
¿Al fin qué, señor Presidente? ¿Será que cuando Gaviria no era ni competencia ni opositor, resultaba más fácil reconocerle su integridad? ¿Será que ahora, que el país está saturado de “seguridad democrática” (¡qué nombre!) usted no puede evitar caer en la tentación de la calumnia, y lo echa a las fauces de los sectarismos? ¿De verdad no sabe cómo es la mirada de Gaviria? Yo sí: no tiene mirada de roca, sino de cristal; y dudarlo, sería tener los propios ojos demasiados nublados para gobernar.
¿Sabe quién dijo que detrás de Gaviria hay “un gran pilar ético”? Usted, señor Presidente; cuando usted era menos famoso y mucho más grande, porque entonces, entre el corazón y el poder, entre el tesón y la sagacidad, le cabía el honor de reconocer la grandeza de los demás.
* Tomado de elnuevosiglo.com