Oscar Gutiérrez Reyes
Viernes 3 de noviembre de 2006
"Debe conocerse la amenaza que se cierne -por la reforma tributaria del alcabalero mayor- sobre la Cultura y las manifestaciones artísticas. Una cultura dada es el reflejo en el plano de las ideas, de una sociedad, de sus relaciones económicas y políticas".
Por iniciativa del Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura, las Artes y el Turismo, se realizó hace unos días en Manizales, un foro sobre Cultura y Reforma Tributaria. En ese foro, expresé unas palabras que quiero resumir en éste artículo. Y lo hago por que debe conocerse la amenaza que se cierne -por la reforma tributaria del alcabalero mayor- sobre la Cultura y las manifestaciones artísticas. Una cultura dada es el reflejo en el plano de las ideas, de una sociedad, de sus relaciones económicas y políticas. El arte expresa, a través de sus formas propias, una ideología, cualquiera que ella sea. La literatura, el cuento, la poesía, la danza, el cine, cuando es buen cine, la producción artística para TV y otros medios audiovisuales, son formas de expresión cultural. Todas, además de bellas y agradables, son espacios de recreación de los pueblos.
La cultura y sus diversas manifestaciones hacen parte del desarrollo de la sociedad. Su función no es dirigirla, ni transformarla, pero es decisiva en la vida de los pueblos. Con sus formas artísticas, literarias y educativas, permite el conocimiento de la sociedad y colabora en la transformación de la misma. La cultura expresa ideas y concepciones que reflejan, fielmente o no, períodos del desarrollo social. Esto permite, espacios de crítica al orden establecido y a las ideas dominantes y facilita así el progreso de la sociedad. El arte, la literatura y las actividades culturales en general, generan ideas, que permiten que la sociedad se desarrolle o se estanque, avance o retroceda.
Los artistas plásticos, músicos, literatos y demás “gestores culturales”, como los llaman ahora, constituyen un sector de la sociedad que debe gozar (en una democracia) del respaldo del estado, de su especial protección. En un país como el nuestro esto no es posible. En el fondo no sólo no se les protege, sino que se les persigue. Antes del neoliberalismo, se les veía como una especie de limosneros, hoy se les ve con una nueva categoría, la de “asalariados ilustrados”, que deben someter su arte, su creación literaria, su investigación social o científica a la competencia del mercado. Y, el TLC profundizará esta política. La cultura será una mercancía más, sujeta a las leyes del mercado y a las decisiones de los alcabaleros del imperio. Escuchar un poema o deleitarse con una danza dependerá de que, quien lo quiera oír o ver, lo pueda pagar.
Y, de acuerdo con los compromisos adquiridos en el capítulo de “políticas de competencia” en el TLC, la cultura será, de aquí en adelante, como cualquier mercancía, sujeto pasivo de los impuestos de renta, IVA y gravamen a los movimientos financieros, y con excepción de las universidades sin ánimo de lucro, deberán por lo tanto, pagar impuestos. También tendrán que hacerlo de lo que llaman rentas de trabajo, por “compensaciones por actividades culturales, artísticas, deportivas y similares o por la prestación de servicios por personas jurídicas, cuando el trabajo o la actividad se desarrollen dentro del país.”
En el caso del impuesto a las ventas, IVA, se grava a quienes presten “servicios de carácter cultural y artístico, así como los relativos a la organización de los mismos” y a quienes presten servicios de traducción, corrección o composición de texto”.
La base gravable para el cobro del impuesto será sobre: el valor total de la operación, sea que ésta se realice de contado o a crédito, incluyendo entre otros los gastos directos de financiación ordinaria, extraordinaria o moratoria, accesorios, acarreos, instalaciones, seguros, comisiones, garantías y demás erogaciones complementarias, aunque se facturen o convengan por separado y aunque, considerados independientemente, no se encuentren sometidos a imposición”.
Como a todos los impuestos, la reforma les fija unas tarifas. A la cultura la clasifican dentro del sector servicios y dentro de éste le dan la categoría de general en unos casos, y de especial en otros. A la general le fijan una tarifa del 16% sobre las ventas, que pagarán a partir del 1 de enero del 2007 y a la especial del 10%. Dentro de la general quedan incluidos “los libros, revistas, folletos o coleccionables seriados de carácter cultural y científico, según clasificación que haga el gobierno nacional.”
A otros sectores de la actividad cultural, los incluyen en la categoría especial, y tendrán que pagar impuesto por “la importación de los premios y distinciones obtenidos por colombianos, en concursos, reconocimientos o certámenes internacionales de carácter científico, literario, periodístico, artístico y deportivo, y por “los equipos y elementos que importen los centros de investigación y los centros de desarrollo tecnológico reconocidos por COLCIENCIAS, así como las instituciones de educación superior y que estén destinados al desarrollo de proyectos previamente calificados como de investigación científica o de innovación tecnológica por COLCIENCIAS.
Pero además, para que les den la tarifa especial del 10%, “Los proyectos deberán desarrollarse en las áreas correspondientes a los programas nacionales de ciencia y tecnología que formen parte del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, de acuerdo con la reglamentación que expida el Gobierno Nacional y requerirán calificación previa para evaluar el impacto ambiental de los mismos.”
También pagarán IVA del 10% “El arrendamiento de espacios para exposiciones y muestras artesanales nacionales, incluidos los eventos artísticos y culturales.” Y “Las boletas de entrada a cine, a los eventos deportivos, culturales, incluidos los musicales y de recreación familiar, y los espectáculos de toros, hípicos y caninos.”
Y en cuanto al mecanismo de retención en la fuente, las actividades culturales se tendrán que someter por cualquier contrato que desarrollen con las entidades oficiales, bien sea por concepto de IVA o impuesto de renta. Tendrán también que consignar retención en la fuente sobre “las boletas de ingreso a espectáculos públicos.” Y para completar la andanada impositiva, se elimina el mecanismo por medio del cual si una empresa le daba 100 pesos a una actividad cultural o artística podía descontar del impuesto de renta 125 pesos. En un país como el nuestro, eso significa dejar sin una fuente de financiación muy importante a las actividades culturales y artísticas. Como lo dijeron en el foro, varias organizaciones culturales, en el fondo lo que, “el gobierno nacional quiere, con estas medidas, es eliminar la cultura nacional”.
Por eso, es bien cierta la afirmación del Ministro de Hacienda cuando dice que: “La cultura tendrá que hacer grandes sacrificios en esta reforma tributaria.” Y bien cierta también la afirmación nuestra de que la reforma, a más de dar a los grandes monopolios inmensas rebajas en sus impuestos, golpea a las capas medias y a los pobres. En el caso de la cultura también aplica. Por eso, los “gestores culturales” expresaron con claridad su rechazo a la alcabalera y anticultural reforma. Y en eso y en las acciones de defensa de la cultura que adelanten, los acompañaremos.
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