Inicio > Prensa > Opinión
Opinión

Aprender la democracia
Domingo 23 de septiembre de 2007


- "Prueba de que el Polo es un movimiento nuevo y honrado, es que no tiene las espuelas de los veteranos, carece de la malicia y la sagacidad que caracterizan a viejos políticos y partidos: con cierta facilidad se deja provocar por los unos y enredar por los otros". La afirmación es del escritor William Ospina en su columna semanal.

- "Es su deber, manifiesta Ospina, deslindar completamente campos frente a la insurgencia, y también recordarnos a todos el mérito civil de luchar pacíficamente por los cambios en un medio siempre intolerante".

El Polo Democrático Alternativo se ha convertido en un movimiento decisivo en la política colombiana. Prueba de ello es que ahora todas las fuerzas políticas quieren meter mano en él. Las Farc, que durante tantos años han obstaculizado, con su violencia, el esfuerzo de los demócratas por construir una sociedad más incluyente y justa, salen en vísperas de elecciones a alborotar el avispero declarando que les gustaría un triunfo del Polo. No ignoran que con ello lo único que lograrán es que los partidos del poder acusen al Polo Democrático de estar aliado con los insurgentes. Esas declaraciones, como todas las que hace la guerrilla en tiempo electoral, no son en absoluto inocentes: tienden a debilitar la oposición legal, a la que consideran blanda y moderada, puesto que según ellas, la única oposición que hay en Colombia es la insurgencia armada: la que supuestamente propone un cambio revolucionario.

Por su parte el gobierno, sus partidos, estrategas y consejeros, aprovechan enseguida la situación para descalificar al Polo, pues no ignoran que éste es visto con nuevos ojos por una sociedad tradicionalmente escéptica frente a las posibilidades de la izquierda y de la socialdemocracia.

Prueba de que el Polo es un movimiento nuevo y honrado, es que no tiene las espuelas de los veteranos, carece de la malicia y la sagacidad que caracterizan a viejos políticos y partidos: con cierta facilidad se deja provocar por los unos y enredar por los otros. En el seno del Polo se ha avivado la polémica en torno a la posición que se debe asumir frente a las Farc, y esa es una polémica importante. Pero precisamente por lo importante que es no puede ser ventilada al antojo de los mentideros políticos, ni al soplo de la frivolidad de algunos medios de comunicación, que no tienen el interés ni el tiempo para adelantar un debate serio, y solo tratan de obtener titulares excitantes o exhibir forcejeos escandalosos. Los desacuerdos, tan saludables y necesarios, que son una excelente señal de que el movimiento es plural y democrático, son presentados al país como una crisis de proporciones suicidas, la discusión interna corre el peligro de convertirse en confrontación pública, y no falta quien proclame desde alguna tribuna mediática que el Polo está a punto de desintegrarse, y que de sus cenizas sí nacerá una oposición con verdaderas posibilidades de llegar al poder.

En ello alienta más bien la impotencia de ciertos sectores liberales que, ante la decadencia de su partido, verían con ojos complacidos una crisis grande del Polo, para entrar a formar parte de un nuevo rompecabezas político. Pero lo que los liberales necesitan es redefinir su lugar en el mapa, reencontrar, si pueden, su vocación socialdemócrata, y buscar el favor de un electorado que por ahora, y gracias a una mayor nitidez del discurso, ve con creciente esperanza al Polo como alternativa.

Hoy lo más importante es que el Polo mantenga su presencia, su carácter renovador, vigoroso y pluralista, que no se desgaste en la mera oposición y avance en la formulación de un proyecto de sociedad confiable, serio y profundamente transformador. Carlos Gaviria ha insistido en que lo que más necesita Colombia es democracia verdadera. Y una tarea importante del Polo es brindarle cada día lecciones de verdadera democracia a una sociedad malformada por el clientelismo, por el escepticismo y por la violencia.

Gustavo Petro no ha dejado de repetir que Colombia requiere justicia, que la verdad es una condición para la paz, y que es necesario el rechazo a todas las violencias, a todos los crímenes. Es importante decirlo porque en Colombia hay una generalizada tendencia a justificar el crimen cuando se cree que brinda algún beneficio. Los ciudadanos suelen aceptar con escandalosa facilidad que si los criminales persiguen a pequeños delincuentes e imponen algún orden por la vía del terror su acción es positiva. Y hemos llegado a la situación infernal de que haya gente que juzgue más grave el delito del pequeño delincuente que robaba o vendía drogas, que los crímenes atroces de quienes los ejecutan, pretendiendo que el orden se puede defender con asesinatos. Por eso es muy necesario no solo rechazar con firmeza todas las violencias, sean paramilitares, guerrilleras, de delincuencia común, o de ciudadanos por encima de toda sospecha, sino insistir en que el Estado se deslegitima cada vez que tolera o auspicia esas conductas criminales, sólo porque fingen apoyar el orden establecido. Toda violación de la ley socava al Estado, y tal vez nada lo socava tanto como el crimen que pretende defenderlo.

Lo que el Polo debe formular con urgencia es un proyecto de país, y sobre ello deben girar principalmente sus discusiones. La posición que asuma frente a la guerrilla, y frente a todas las violencias, no puede convertirse en el único tema de su discurso ni de su debate interno. Es su deber deslindar completamente campos frente a la insurgencia, y también recordarnos a todos el mérito civil de luchar pacíficamente por los cambios en un medio siempre intolerante. Sin otras armas que su valor civil, los demócratas, desde los tiempos de Gaitán, se han esforzado por reclamar, denunciar y demostrarles a nuestras élites egoístas, mezquinas y violentas, que el país es de todos, y no de unos cuantos terratenientes y caballeros de industria.

Y pacíficamente han logrado más cambios civilizados que esas guerrillas armadas hasta los dientes, que cada día pisotean sus propios principios y que, por la dureza de su lucha, siguen profanando la condición humana.

Ya nos gustaría ver a los guerrilleros de todas las tendencias, que se piensan a sí mismos muy valientes, mostrando el valor y el orgullo de denunciar, de protestar, de expresar sus convicciones con sinceridad y con verticalidad en un medio tan difícil, saliendo a las calles desarmados, sin más protección que la certeza de defender una causa noble, de hablar en nombre de la justicia, la verdad y los altos ideales de la civilización. Es eso precisamente lo que les da a los demócratas del Polo su derecho a hablar con dureza a todos los bandos, y a exponer ante la sociedad sus puntos de vista, solicitando su respaldo en las urnas.

Es errónea y evidentemente malintencionada la actitud de muchos, incluso, a veces, ay, del propio Presidente de la República, que cada vez que se encuentra con un debate político quieren zanjarlo con una acusación, y pretenden crear en la opinión pública una confusión imperdonable. Pues los que fueron guerrilleros y llegaron a la conclusión de que ese no era el camino para construir una democracia; los que comprendieron que el otro camino era más duro y más exigente pero sí los ponía en contacto verdadero con la comunidad, e hicieron un acuerdo con el Estado, y han sabido honrarlo, merecen todo el respeto. Y el Presidente mismo tiene la obligación de proponerlos como modelo de conducta ciudadana: dejaron las armas, aceptaron las reglas de juego de la democracia, han cumplido sus compromisos, han ganado el respaldo electoral de los ciudadanos, y merecen el respeto de toda la comunidad.

Ojalá ocurra así un día con los paramilitares que ahora están en tratos con el Estado, y con los guerrilleros que todavía persisten en la violencia. Pero ya llegará la hora de ver cómo se reincorporan a la vida civil todos los que siguiendo la inercia de cierta mentalidad muy colombiana, siguen creyendo que la violencia se justifica. Por ahora de lo que se trata es de seguir luchando democráticamente por cambios reales. El gobierno y la clase dirigente que sigue manejando a Colombia no han cambiado nada fundamental; no han hecho esfuerzos verdaderos por arrebatar las muchedumbres a la pobreza, los ciudadanos a la ignorancia, las comunidades a los males que nacen de la desigualdad, la injusticia, la irracionalidad económica y la barbarie política.

Hay mucho por hacer; el Polo tiene grandes tareas en ese proceso, y la principal de ellas es a la vez aprender y enseñar los fundamentos de la democracia. Compartir una cultura política de debate sereno, pluralismo y firmeza, paciencia, compromiso, y lúcido amor por el país, a una sociedad cuyos medios políticos todavía están lastrados de apetitos personales, de planes de corto plazo, de débiles lealtades, venalidad y corrupción.

Es su deber deslindar completamente campos frente a la insurgencia, y también recordarnos a todos el mérito civil de luchar pacíficamente por los cambios en un medio siempre intolerante.

* Tomado de Cromos.com


Galeria Multimedia

  • Imágenes
  • Videos
  • Audios
  • Caricaturas


Apoyo al paro de los corteros
II Congeso Nacional del Polo Democrático Alternativo
Referendo por el agua
Periódico POLO
Votaciones internacionales web
Gobernación de Nariño
Bogotá positiva
Rendición de cuentas


© Polo Democrático Alternativo
Sede nacional: Carrera 17A No. 37-27
Teléfono: (571) 288 6188
Bogotá - Colombia
info@polodemocratico.net