Daniel García-Peña
Sábado 24 de marzo de 2007
Sin duda, lo más sobresaliente está en lo social: reducciones significativas de pobreza, indigencia y desnutrición y aumentos importantes en cobertura en educación básica y media, alimentación escolar y creación de subsidios para la no deserción.
No sólo se están mejorando las vidas de muchas personas y cumpliendo con creces las metas trazadas en el plan de desarrollo. Lo más significativo es que se está demostrando que la pobreza y la desigualdad no son parte de la naturaleza de las sociedades humanas, ni consecuencia inevitable de nuestra condición de país subdesarrollado, sino que es posible disminuirlas mediante políticas públicas encaminadas a garantizar y desarrollar los derechos humanos. En claro contraste, el modelo neoliberal que el gobierno de Uribe se ha encargado de profundizar a nivel nacional, aumenta la desigualdad y la exclusión.
El informe también destaca importantes logros en materia de seguridad y de nuevo la divergencia con las políticas a nivel nacional es evidente, con el énfasis en el desarme y la convivencia y no en la represión. Esto es clave, tratándose de un tema que se supone es el fuerte de la derecha y tradicionalmente ajeno a la agenda de las izquierdas. Igualmente, se logró un buen crecimiento económico, se aumentó el empleo y se mantuvo el equilibrio fiscal, materias que según el viejo estereotipo tampoco son propias de las izquierdas.
La alcaldía de Lucho se ha destacado en otros campos. Se está demostrando que la concertación es más efectiva para hacer respetar el uso del espacio público que el bolillo. Las políticas frente a la población LGBT son ejemplares a nivel internacional. Igual sucede con las mujeres y los afrocolombianos, entre otros, que encontraron nuevos espacios de participación. La reforma administrativa ha dotado al Distrito Capital de una estructura moderna y adecuada para los retos de una gran urbe. La posición del Alcalde contra el TLC y el recorte de las transferencias, entre otras, han sido claves en el debate nacional.
También, sin duda, hay lunares. El informe menciona la vivienda, la movilidad y la calidad de aire y hace un balance mixto en materia de salud. A éstos, se podría agregar la descentralización, la participación y el abastecimiento en los que seguramente se podría haber avanzado mucho más. Los aciertos, y también las falencias, brindan un aprendizaje invaluable.
Es de notar que los directamente responsable por muchos de los éxitos son personas de izquierda y progresistas, provenientes de la academia y el sindicalismo, como Abel Rodríguez, Consuelo Corredor, Enrique Borda y Angélica Lozano, entre muchos otros. La experiencia de Bogotá es fundamental para demostrar que la izquierda democrática puede gobernar de manera responsable.
Esto se hace aún más importante por el hecho de estar sucediendo en el contexto de la consolidación del Polo Democrático Alternativo a nivel nacional. Es evidente que la relación entre los dos –la alcaldía de Lucho y Polo– no ha sido fácil, por no decir algunas veces pésima, por errores y malos manejos de ambos lados, lo cual es grave y menos mal tiende a mejorar.
Nadie niega que en el interior del Polo existen diferentes vertientes. El no esconder sus debates internos es uno de sus más bellos rasgos. Las discusiones en torno a la profundidad y ritmos de las transformaciones son parte de la riqueza y vitalidad del Polo, así como de las izquierdas a nivel latinoamericano. Pero mientras en el vecindario priman los movimientos caudillistas o de antipolíticos, es clave señalar que el Polo le apuesta a construir partido democrático.
Pese a todos los tropeles y discusiones, Lucho siempre se ha definido como del Polo (ojalá Angelino hiciera lo mismo). En lo de fondo, que es lo que importa, sólo basta con leer Bogotá sin indiferencia, el plan de desarrollo, y el Ideario de Unidad del PDA para entender que van en la misma dirección.
La construcción de una alternativa de poder por parte de la izquierda democrática en Colombia ha transitado en estos años por dos caminos distintos, paralelos y complementarios: el ejercicio de gobiernos locales y la construcción partidista. Y el balance es que en ambos campos, el Polo se ha lucido.
Sin embargo, la verdadera prueba llega en octubre. El triunfo del Polo de nuevo en Bogotá, que afortunadamente cuenta con excelentes precandidatos, se hace indispensable, no sólo para continuar y profundizar en el sendero social que ha demostrado sus resultados en la ciudad capital, sino para afianzar y proyectar una verdadera opción de cambio democrático en Colombia.
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