Luis Guillermo Pardo
Viernes 30 de marzo de 2007
"Por tanto, los problemas psicológicos se convierten en problemas políticos: el desorden privado refleja más directamente que antes el desorden de la totalidad, y la curación del desorden personal depende más directamente que antes de la curación del desorden general. La era tiende a ser totalitaria".
(Herbert Marcuse, filósofo alemán: Eros y Civilización. Editorial Ariel, Barcelona-España, 5 edición, febrero de 2001, página 14).
Da pena recorrer el centro histórico de Medellín, ya que uno se encuentra con todo tipo de malas situaciones tales como: el abandono total de las normas de seguridad después de las 8 de la noche, el reinado del raponeo y la rapiña en las calles y avenidas, el incesante ruido que se reproduce minuto a minuto segundo a segundo, el desenfreno de taxis, buses y busetas que recorren sin control alguno sus calles principales, los mendigos de diferente color, que ondean sus manos en búsqueda de una moneda y los golpeados venteros ambulantes agredidos por funcionarios(¿?) del espacio público.
Pero también nuestro centro histórico recibe el embate de aquellos hechos ciudadanos que hacen de sus espacios públicos nidos de violencia y agresión; agresión y violencia concretizada en gestos, palabras y hechos, tales como: observar a mujeres e incluso hombres que cargan niñas y niños -tal vez alquilados-, para solicitar clemencia ciudadana en una limosna; carros públicos y privados que pasan raudos por calles y avenidas, sin importarles a quién agraden; semáforos mal ubicados que posibilitan tacos innecesarios; venteros ambulantes que perseguidos atraviesan sin prudencia las vías públicas, al igual que aquellos muchachos que ante el desempleo quieren limpiar -a las buenas o a las malas- los parabrisas de los carros.
Nuestros históricos parques, de Berrío, de Bolívar, San Antonio, Nutibara, de Botero entre otros, sufren y padecen el abandono oficial, que se caracteriza por la inoperancia de los esquemas de seguridad, así como por su olvido en horas de la noche, lo cual impide que se usen adecuadamente dichos espacios, siendo el pillaje y la triquiñuela viciosa quien se apodera de ellos y los convierte básicamente en guaridas delincuenciales en horas de la noche, con lo cual la ciudad pierde para su buen uso estos bellos e históricos espacios. Preguntamos: ¿Ha visitado usted dichos parques después de las 8 de la noche? Si no lo ha hecho no lo haga, pues sufrirá una gran desilusión y un gran temor, ya que se encontrará con unos parques habitados y controlados por la delincuencia y la lumpen, quienes se han hecho los verdaderos dueños de ellos.
A pesar de que nuestro centro histórico lo recorren diariamente más de un millón de personas, a pesar de haber contado con varios "gerentes del centro", a pesar de los esfuerzos de la Policía, a pesar de las múltiples "Día del centro", a pesar del multimillonario cemento que se le coloca diariamente, la administración municipal no ha logrado desarrollar una certera política con respecto a éste, y más bien crecen los problemas de inseguridad y miserabilismo en él. No es sino observar semáforos y zaguanes, para encontrar decenas y decenas de personas en situación de extrema miseria y abandono, lo cual enrostra la desidia oficial frente a la indigencia y la extrema pobreza.
Según los últimos datos socioeconómicos, en Medellín el 80 por ciento de la población pertenece a estratos 1, 2 y 3, lo cual nos explica ¡La cruda realidad de la ciudad -como una ciudad de pobres!- y nos pone ante la inmensa tarea de superar la pobreza y la miseria que arropan a nuestras comunas y corregimientos. Y esta es la gran responsabilidad gubernamental municipal, por encima de las grandes obras de infraestructura, con las cuales ya cuenta la ciudad, ya que si el Estado no es para atender a los más necesitados, ¿para qué existe?
Y nos da mucho dolor, ver nuestro centro histórico abandonado y entregado a la ilegalidad, la cual responde por la seguridad en zonas residenciales y comerciales, en detrimento del la legalidad de la fuerza pública y del monopolio de las armas por parte del Estado, situación que es la antesala para la formación de un nuevo paramilitarismo urbano, que parece contar con el beneplácito de algún sector del gobierno municipal, expresado además en foros y entrevistas de la TV oficial, siempre avalados por el delegado de la OEA formado en el proceso de la Contra en Nicaragua.
luisguillermopardo@luisguillermopardo.com
Afiliaciones
Buscar
Herramientas
![]() |
En la sección Artículos y noticias
Más artículos de: Luis Guillermo Pardo