Luis Eduardo Garzón
Lunes 27 de noviembre de 2006
Después de los 555.302 votos logrados por el Polo Democrático Alternativo en las elecciones internas para escoger los delegados a su Primer Congreso Nacional, que se realizará la próxima semana en Bogotá, el alcalde de la Capital, Luis Eduardo Garzón, respira tranquilo, sobre todo porque en esa votación se ratificó el apoyo a su gestión. Jovial y agudo, Lucho habló de todo con El Espectador: del Polo, de su alcaldía, de su futuro, de la para-política y claro, del presidente Uribe.
¿Se siente el gran ganador de las elecciones para el Congreso?
El primer ganador es el país porque se consolida una buena y fuerte propuesta democrática. Ganaron también Carlos Gaviria y Antonio Navarro porque condujeron el proceso con unidad y garantías. Y ganó el POlo y las diversas fuerzas que lo integran. Ahora, en el caso de Bogotá, me siento contento y tranquilo porque fue una especie de plebiscito de apoyo al gobierno de Lucho Garzón. De las cuatro primeras listas que tienen votación en Bogotá, tres apoyan mi gestión.
¿Y cómo quedan las fuerzas al interior, ganó el sector radical o el moderado?
Al interior existen varias tendencia pero creo que todos estamos condenados a convivir. Lo que si pienso es que perdieron el sectarismo y quienes crean que el Polo puede ser a imagen y semejanza de una sola persona.
Carlos Gaviria reconoció que sus relaciones con el Polo no eran muy fluidas ¿Por qué?
Eso ha sido con el sector Alternativa Democrática, pero la bancada el Polo me ha votado todo menos la valorización. Hay debates internos naturales, aunque la verdad es que si la relación con esos sectores ha sido complicada es por epítetos y agravios. Lo claro es que hoy, de 500 delegados de Bogotá al Congreso, unos 330 apoyan mi administración. Siendo así, el tema de que uno esta aislado de la dinámica del Polo se cae de su peso.
¿Quedó muy bien parado Samuel Moreno de cara a su candidatura a la Alcaldía?
Fue un primer paso para él porque significa que quedó como ganador visible en Bogotá. Sin embargo, el Congreso va a determinar las condiciones de consulta interna y si este se hace abierta, pueden haber sorpresas.
Harto se ha dicho que el gran objetivo del Polo es la Presidencia en 2010 ¿Con usted de candidato?
Peñalosa hizo su alcaldía pensando en ser candidato presidencial y ahora le toca volver a empezar. Mockus renunció para aspirar y le tocó pedir perdón. Creo que quien gobierne pensando en el largo plazo está equivocado, máxime cuando en la política colombiana ese largo plazo puede ser de una hora. Lo claro es que existe la necesidad de reconstruir el país a partir de un liderazgo ético y esa va a ser la prioridad para 2010. Yo me siento dentro de es top pero si me pongo a pensar que cada paso en la alcaldía debe ser en función de una futura candidatura presidencial, de pronto no clasifico ni para edil.
¿Existe el ‘luchismo’?
El ‘luchismo’ es una actitud frente a la vida. Es la convicción de que en este Estado hay cosas positivas y no todo es malo. Es irreverencia frente a lógica tradicional de la izquierda. Ahora, no es bueno fortalecer el ‘ismo’, porque una de las desgracias de América Latina ha sido funcionar sin partidos y por eso me parece importante lo que ha sucedido con el Polo y con el Partido Liberal, dos partidos que expresan coherencia en sus propuestas. Yo soy un ciudadano más que obviamente tiene un referente de opinión normal pero para nada hago las cosas con prepotencia. El mesianismo ha resultado un fracaso para los colombianos y una catástrofe para América Latina.
¿El presidente Uribe es mesiánico?
Sí.
En algún momento dijeron que usted estaba más cerca al liberalismo...
Pues me considero doblemente uribista: de Rafael Uribe Uribe. Soy un hombre con una mirada libertaria, porque en la izquierda hay gente que es muy conservadora. LO que yo planteo es una defensa de la personalidad. Ser dictador es lo más fácil porque uno censura, cierra, etc.. Ser un demócrata es lo más difícil. Por eso me siento identificado con un pensamiento abierto y si eso me catapulta como un liberal, pues no se. Lo único que se es que soy un hombre convencido de que se puede establecer seguridad sin afectar libertades, política de finanzas sin hacer populismo, institucionalidad sin evitar los cambios y política social sin afectar los elementos macroeconómicos.
¿Una indirecta para el Presidente?
No, no quiero al caído caerle. Uribe ya tiene suficientes problemas. Entre los dos hemos establecido una relación de respeto y existen coincidencias y diferencias. Por ejemplo, no creo en las recompensas como un elemento de la seguridad democrática; me he opuesto a los allanamientos indiscriminados y a las retenciones masivas. Creo en cambio que la seguridad tiene que estar íntimamente ligada a factores nacionales y locales. Algo que nos define muy bien es que a los dos nos gustan los caballos, lo que pasa es que a él le gusta verlos domados y a mi me gusta verlos correr.
¿Le preocupa la caída en las encuestas que registran algunos medios últimamente?
Si uno va a gobernar de acuerdo a un titular de prensa, a lo que diga un columnista o a los resultados de una encuesta, está jodido. Estamos desarrollando una agenda, hemos hecho la revolución educativa en Bogotá, seguimos trabajando en la atención primara en salud y el tema de Bogotá sin hambre es un gran logro. Claro, existen problemas, el tema de la movilidad afecta y nos falta trabajar más en vivienda, pero también nos hemos metido en cosas duras que demuestran que no me guío por un editorial. Hay tres cosas que para mí son claves: el balance final de mi gestión; la transparencia, por lo que sí vivo paranoico y donde escucho un rumor, intervengo; y mi política social, por lo que si ‘chicaneo’. O que alguien me diga si lo ha hecho mejor.
El tema de la movilidad es crítico y lo será aún más en diciembre ¿es el momento para el pico y placa los sábados?
La gran urgencia es que el Concejo apruebe la reforma administrativa, que tiene tres elementos fundamentales: la creación de la Secretaría de Hábitat; la de Desarrollo Económico y la de Movilidad. Esa reforma está aptobada en un 90% y en el tema de tránsito, debo decir que la Secretaría de Movilidad tomará una serie de decisiones de tipo restrictivo. Pero no quiero anunciar nada para que quien asuma ese cargo, que debe ser con un nuevo liderazgo, responda a todos los interrogantes que hoy se plantean, como por ejemplo, el pico y placa a las motos, el pico y placa todo el día para los carros, el tema del sistema integrado de recaudo o las pretroncales. La ofensiva va a ser muy fuerte en ese sentido y llevo tres meses preparando a una persona para que asume ese reto.
A propósito de la reforma administrativa ¿porque tanto afán de aprobarla cuando le queda un año de mandato?
La reforma la presenté a comienzos de este año y la demora no ha sido por culpa mía. Ahora, creo que el Concejo ha hecho un trabajo juicioso, estudiando artículo por artículo, con los debates y presentando alternativas. En lo único que cedimos fue en el tema de la descentralización, un compromiso que había asumido en la campaña, y se hizo porque los propios representantes a la Cámara y la mayoría de concejales me pidieron que lo hiciera. Y ahora me van a criticar porque cedí en eso. Lo cierto es que nosotros vamos a dejar una buena institucionalidad. Bogotá no puede manejarse con 48 entidades. Cuando una calza 40 no puede usar zapatos 32 y eso le ha pasado a la ciudad. Le doy un ejemplo: en 1993 se matriculaban 23.000 carros y hoy lo hacen 78.500, y seguimos con la misma Secretaría de Tránsito. La reforma administrativa nos va a dar institucionalidad y ojalá salga los más rápido posioble porque yo necesito anunciar quienes asumen la responsabilidad de sacarla adelante, sobre todo porque desde el 26 de junio del próximo año comienza a regir la Ley de garantías por lo de las elecciones regionales. Bogotá necesita ser más funcional.
Pero si lo de la descentralización sigue adelante en el Congreso ¿no llegará a chocar con la reforma administrativa?
Para nada. Los representantes dicen que van a hacer una reforma en descentralización mucho más profunda, lo cual, en esencia, es la elección popular de alcaldes locales. Yo no lo podía hacer porque no tengo las facultades para eso. Por ahora, yo le dejo al próximo alcalde la posibilidad de que institucionalmente tenga la posibilidad de actuar.
¿La reforma administrativa traerá despidos masivos?
En la única secretaría en la que habrá cambios será en la de Tránsito, pero en todo vamos a aplicar meritocracia absoluta. Lo que se suspende son los fondos en general y hay una posibilidad de fusión en la Secretaría de Hábitat, entre la Caja de Vivienda Popular y el Metrovivienda, proceso que irá al Concejo. de resto, no se producen despidos y por el contrario, tocará fortalecer algunos sectores, lo cual no significa más burocracia sino mayor optimización de recursos.
¿Es verdad que la administración de ha gastado 21 mil millones en todo este proceso?
Eso es lo que suma en todos los años el intento de sacar adelante la reforma. Mockus lo intentó 11 veces, Peñalosa dos y nosotros una. En realidad, 21 mil millones es lo que nos vale su aplicación e implementación.
Hay temas macroeconómicos que generan alarma para la ciudad, el primero de ellos el de la reforma a las transferencias ¿cuál es su posición?
Nosotros hemos hecho nuestro estudio y en los próximos seis años, Bogotá deja de percibir 5,7 billones de pesos. Pero lo más grave de todo es que lo que le quitan lo va a manejar el Presidente, sea quien sea, lo cual termina siendo una tendencia al autoritarismo. Siendo así, ¿para qué entonces los alcaldes? No hagamos entonces elección popular sino que el Presidente los nombre a dedo y sean empleados de él. Se va a dar es una concentración de poder muy preocupante y por eso la próxima semana vamos a convocar un evento con todas las fuerzas políticas y sociales para abordar ese tema y hacer nuestras propuestas.
¿Y el TLC?
Soy el único mandatario local que ha fijado una posición crítica y a la vez proactiva, proque no se trata de decir ‘abajo el TLC’. La izquierda tiene que plantear alternativas y si bien se logróa avanzar en cosas como en el área de servicios, quedan temas preocupantes como el alimentario, porque lo de Bogotá sin hambre no es simplemente regalar leche y pan sino una política de abastecimiento alimentario y en Bogotá el 50% es rural; y el asunto de los medicamentos genéricos, que quedó en el peor de los mundos y afectará la red hospitalaria de la ciudad. En lo del TLC, nada más proteccionista que los demócratas y creo que vamos para un semestre en el que el Gobierno va a tener que hacer un lobby muy fuerte y va a terminar renegociando.
¿Cómo se siente hoy cuando se comienzan a saber otras verdades en el tema de los falsos positivos?
Perdí toda la confianza en las informaciones que me han dado, no solo en lo de los falsos positivos. Antes del 7 de agosto, tanto Ejército como Policía me vendieron la idea de que estábamos rumbo a Jezbolá y con esa información acepté la ley seca más larga en la historia de este país, cuatro días, además de la militarización de la ciudad y los allanamientos voluntarios, en los que en algunos se cometieron violaciones de libertades. Entonces, cuando un gobernante actúa por una desinformación, puede tomar decisiones políticas equivocadas y por eso me siento como un bufón. Por otra parte, creo que todo ese tema demuestra también los problemas entre las mismas instituciones y que la seguridad democrática, que tanto pregona el Presidente, lo primero que necesita es confianza.
¿Quién debe responder políticamente, el ministro Santos? ¿Debería renunciar?
No soy de los que pide renuncias y ese debate le corresponde es al Congreso. Pero sí es evidente que cada fuerza tiene que responder. Lo que pasa es que aquí son intocables y si uno hace alguna crítica le dicen que es traidor a la Patria o que está haciéndole el juego a la guerrilla. Hay cosas que tienen que decirse con claridad porque con lo que ha pasado se demuestra una dificultad enorme no solo en la comunicación sino en la credibilidad y la confianza. Ese cuento de que las instituciones de la Fuerza Pública no pueden ser escrutadas hay que acabarlo, sin desconocer las virtudes del Ejéricot y la Policía, donde mucha gente se ha sacrificado. No creo que estemos en una etapa de crisis institucional, como dicen algunos, por el contrario, estamos en el mejor momento de los últimos 30 años. Las Cortes funcionan, el periodismo cumple su papel y la Fiscalía y la Procuraduría también. Todos nosotros estamos para que responder todos los días porque el tapen-tapen no sirve.
A propósito del tema de seguridad ¿habrá medidas especiales para la época decembrina?
Después del bombazo en la Escuela Superior de Guerra, hemos dedicado toda nuestra atención al asunto. hacemos dos consejos de seguridad a la semana, uno los martes para tratar temas de convivencia ciudadana y otro los jueves, que son temas de seguridad nacional y en donde la responsabilidad es del Presidente y el Ministro de Defensa. Una cosa que yo advierto es que aquí hay cuatro inteligencias y a veces de tanta inteligencia se cometen brutalidades. Por eso le dije al Gobierno: ‘manejen esas inteligencias para que me digan que hay que hacer, no vaya yo a terminar manejando seguridad nacional’.
¿Se va a aumentar pie de fuerza?
Convivencia ciudadana es todo lo que significa territorializar los problemas de delito común y allí estamos con un buen balance. Bogotá registra 18 homicidios por cada 100 mil, cifra que comparada con otras ciudades es muy aceptable. Por ejemplo, Washington está en 34 y Caracas en 163. Lo mismo sucede con accidentalidad y estamos trabajando duro en lo del atraco callejero, cuyo punto crítico es el centro de la ciudad y donde estamos interviniendo con 2000 personas más.
¿Cómo ve el actual escenario político nacional con los develados nexos entre políticos y paramilitares?
Tengo una discusión con quienes dicen que todos hemos conversado con ilegales. Claro, yo he conversado y estoy conversando con gente del ELN en términos de facilitar un proceso de negociación, autorizado por el Presidente. Y si es necesario hablar para el acuerdo humanitario lo haré. Pero el problema no es hablar con ilegales sino para qué se habla. Porque si uno termina tranzándole al ilegal, siendo rehén y trabajando para que le hagan la política, le den territorio, agenda y hasta termine de testaferro, eso sí es delicado. Las cosas deben seguir su curso e insisto en que esta es una gran oportunidad para que el país conozca la verdad. Es que llevamos 30 años de mentiras y aquí, desde los años 80, ha muerto gente valiosa, con valores éticos impresionantes y no podemos seguir con el mismo panorama. Llegó el momento de hacer una gran cruzada por un liderazgo ético, no de una persona sino de un colectivo, para redireccionar el rumbo del país. Aquí hay gente con una gran cantidad de valores, conservadores, liberales, independientes, de la izquierda y a eso le tenemos que apostar.
¿Y está Colombia preparada para conocer esa verdad, que según se advierte, es dura y dolorosa?
Tiene que hacerse esa catarsis, no como dice Luis Carlos Restrepo que dice Colombia no está preparada para eso. Yo nunca sería su paciente porque ¿qué es lo que hace un psiquiatra? lo pone a uno a hablar para tratarlo de recuperar. Y Colombia está de psiquiatría. Nada mejor que decir lo que ha pasado sin mentiras.
¿Eso no podría llevarnos a una crisis de gobernabilidad?
Con ese chantaje andamos todo el tiempo: no hagamos porque de pronto nos va peor, no digamos porque de pronto la cosa es más riesgosa. Al contrario, todos los que tengamos una vida y un liderazgo público tenemos que responderle al país, para bien o para mal. Aquí no puede haber inmunidad ni impunidad para nadie.
Se habla incluso de revocar el Congreso...
Si cuando uno tiene problemas en su casa decide echar la mujer y los hijos, pues termina dándose en el espejo y hasta se suicida. Si el problema es que la democracia está en riesgo, hay que defenderla con más democracia. Lo que hay que hacer es ampliar espacios y por eso el periodismo está jugando un papel muy importante.
¿Ese ampliar espacios puede significar una Asamblea Constituyente?
Puede ser pero no necesariamente. Todo mundo, desde Luis Bonaparte hasta nuestros días, habla de su propia constituyente. El ELN, las Farc, VIcente Castaño para que no lo extraditen...todos. Sin embargo, eso tiene tanto de ancho como de largo. Yo creo que hay posibilidades de hacerla sobre temas específicos, por ejemplo una reforma política porque este país no sirve seguirlo trabajando a nivel de departamentos sino de regiones. Los departamentos son una sumatoria de debilidades. También se necesita intervenir para que el sector financiero no solo gane plata sino que preste en condiciones favorables. Colombia necesita además una rediscusión sobre la política de drogas, sobre el tema de la institucionalidad y la ética, y necesita una discusión a fondo sobre el manejo de sus finanzas. Se requiere también una democratización de los medios de comunicación, porque como están las cosas el gobernante se convierte muchas veces en rehén de la dinámica de los monopolios de información.
¿En algún momento, con la crisis de la para-política, le ha faltado liderazgo al Presidente?
Si hay algo que tiene el presidente Uribe es liderazgo. Él es un hombre con criterio, coraje y que está comprometido con su agenda. Eso no se puede negar. Lo que creo es que en este momento no debe tener ningún temor a que ampliando la posibilidad de la denuncia y la discusión, se puede hacer una menor Colombia. A Noguera ya le dijo que se presentara, con los falsos positivos ya pidió la investigación y con el tema de los paramilitares él ha dicho que no va a hacer ninguna concesión. A Uribe no se le puede negar que le pone la cara a los problemas.
¿Qué piensa de Gustavo Petro?
Tiene coraje, persisitencia y es ganador hoy en función de lo que significó el debate al paramilitarsimo.
¿No es un riesgo tomar medidas tan impopulares?
No se puede gobernar de acuerdo al estado emocional de la gente. Hay un problema de movilidad que tiene que ver con malla vial, con mejoría de los alcantarillados, con número de vehículos, con un problema de ilegalidad en buses y taxis. Hay que tomar decisiones porque eso daña la calidad de vida y por eso he buscado caminos pedagógicas y de concertación. Pero si no se puede, pues desgraciadamente la letra con sangre entra.
¿Cómo asume la demanda de la Contraloría al secretario de Tránsito?
Creo en Justo Germán Bermúdez pero también tengo que dejar que esto vaya a la fiscalía y que los procesos sigan su curso. No hay día en que yo no tenga un problema o una denuncia en el tema de la secretaría de Tránsito y quiero decir que, sin que sea una presión al Concejo, entre más se demore la reforma administrativa, más interinidad habrá en todo lado.
¿Le puede garantizar a los bogotanos que no se va a repetir la crisis por el paro de los transportadores?
Uno nunca garantiza nada. Aquí uno se levanta y no sabe en que condiciones se va a acostar cada día. Uno no sabe que puede pasar, pero que quede claro que ni cedí no cederé. Estoy dispuesto a concertar. O se asumen liderazgos con todo y sus consecuencias o no.
¿Están cerradas las puertas al acuerdo humanitario?
No, el acuerdo tiene una popularidad importante. Luis Carlos Restrepo estuvo en París hace ocho días hablando del tema y las cosas se están moviendo. Las posibilidades están allí. Lo claro es que una posibilidad política democrática para 2010 se tiene que mover sobre tres ejes: liderazgo ético, negociación con el ELN y acuerdo humanitario. Esa debe ser la agenda de quienes asuman el liderazgo para 2010. Si no, me temo que el escenario va a ser mucho más de lo mismo. Yo le he dicho al Presidente: claridad con los paras, audacia con el ELN y prudencia con las Farc.
¿Y hay claridad con los paras?
No, porque cuando empiece cada uno a hablar dentro de la Ley de justicia y paz, o se abren los espacios para que sigan hablando o se cierran para callarlos.
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