Luis I. Sandoval M. Ismac.
No hay historia solo de aciertos. La historia de las personas, familias, clases, movimientos, naciones y, por supuesto, los partidos, es historia de aciertos y errores. Ensayo y error… Lo que importa es que los errores se reconozcan y se superen. El error de Samuel la noche del domingo hay que sentirlo no como algo simplemente personal; la reflexión y la corrección tienen que ser colectivos. Ya en la tarde, - acto en el Coliseo cubierto del Campín, - se había insinuado cierto exceso de triunfalismo y también cierta falta de énfasis en los retos y responsabilidades que le vienen encima al Polo con las victorias. Menos alegres y más aterrizados en el complejo contexto que nos circunda debe ser la consecuencia del episodio que comentamos.
El error de palabra que no de hecho tiene una ventaja: sirve para poner de relieve los rasgos del candidato, del partido y del proyecto: transparencia plena sin vacilación y sin concesiones. Ética como responsabilidad frente a lo público y en el ejercicio del poder más que como reclamo moralista que se reduce a “administrar limpiamente” un sistema inicuo. La hipocresía de siempre. Una cosa es equivocarse en una respuesta y otra, de verdad grave, haber conducido al país a la postración en que se encuentra desde hace tanto tiempo. “Por las restauración moral de la República: a la carga”, clamaba Gaitán en las plazas hace más de medio siglo.
Samuel que viene de una familia que conoció el fraude, está negado para cualquier tipo de fraude. El Polo que combate a las mafias nunca incurrirá en sus prácticas. El proyecto que se propone recrear la política jamás le hará concesión a la idea de que el fin justifica los medios. Estos rasgos se afirman y sobresalen más ahora y como compromiso de futuro. ¿Porqué no reafirmar, en estas circunstancias, que el Polo pugna porque los órganos de control estén en manos de otros partidos cuando él está en el gobierno? ¿Por qué no darle fuerza real a su propio Comité de ética y garantías? ¿Por qué no asegurar que se afianzará la relación orgánica y programática entre elegidos y partido para reducir la posibilidad de errores? ¿Por qué no hacer un evento partidista, en una fecha de noviembre, con los elegidos del partido en todos los niveles para deliberar sobre la forma de gobernar enfocada a hacer realidad el proyecto político? Un tropezón que nos sirve para levantar la cabeza y mirar más lejos. Con Samuel y con el Polo: “Sí, no lo dudo”.