Por: Jaime Villa Restrepo*.
El 10 de mayo, con el Doctor Carlos Gaviria, el senador Robledo y el representante Borja, el Ejecutivo Departamental debatió sobre la situación del partido y la coyuntura política. El Comité quiso aprovechar esta sorpresiva visita para enriquecer y ampliar en perspectiva la agenda de evaluación, análisis y discusión que sobre éstos temas venía desarrollando.
La apreciación general, que poco se aparta de la crítica que hacemos a nivel regional, y por lo demás, es el señalamiento público que se nos hace con mayor insistencia, es que el Polo está sumido en la parálisis y desconectado de la coyuntura, casi siempre a la zaga de los acontecimientos. La falta de análisis y discusión política en sus instancias de dirección y el ahogo por la tramitomanía burocrática en pugnas internas de poder, que le impiden una lectura acertada de los hechos de coyuntura y anulan su perspectiva, hacen que cuando no calla, salga de manera confusa con posturas y acciones desacertadas que menguan su capacidad de convocatoria y movilización, manteniéndolo inmerso en la ineficacia política.
Todo esto afecta su prestigio, induce al desconcierto público y frustración de su militancia, a mayor suspicacia entre quienes simpatizan pero aún lo miran con reserva y a pérdida de apoyos o afiliaciones.
En tal precariedad y el embate permanente de sus oponentes de la derecha y el gobierno mismo, la imagen es de un Polo siempre a la defensiva, incapaz de recomponerse y pasar a la ofensiva política en momentos cruciales de la coyuntura, particularmente en algunos claramente a nuestro favor. Es imperdonable que en asuntos de táctica fallemos en lo más simple: no actuamos con eficacia cuando el rival expone sus flancos débiles y éste aprovecha nuestro desconcierto y debilidad para golpear y aislarnos.
Para comprender este estado de cosas y buscar superarlo, es importante releer críticamente algunas de las explicaciones y posturas de quienes en representación del Comité Ejecutivo Nacional nos visitaron, no sólo por tratarse del Presidente del Partido y connotados parlamentarios, sino porque a su vez representan una tendencia predominante en la dirección del Polo y por tanto responsables de su rumbo y resultados políticos.
El Ideario, como mínimo de convergencia en la propuesta estratégica, nadie lo ha puesto en duda. Pero la rigidez “doctrinaria” que hace carrera y predomina, castra o impide el debate hacia una mayor concreción del mismo y mejorar su proyección; además que obstruye la construcción de plataformas coyunturales y regionales o locales, como elementos esenciales de táctica política. El “cierre” programático que se pretende con el Ideario, ya lo está demostrando, contrario a fortalecer la unidad por vía del monolitismo, la debilita, al propiciar la exclusión por vía de la estigmatización e impide acercar a fuerzas y personas que podrían engrosar el proyecto político del Polo. Por último, y es la realidad que vivimos, contribuye a nuestro aislamiento político, porque bloquea cualquier posibilidad de alianzas. Terminaremos como una “izquierda” en abstracto, sin posibilidad alguna de realización política; esto es, nada democrática.
Es cierto que la pluralidad de matices es una riqueza del Polo, como afirma reiteradamente Carlos Gaviria. El problema que anula esta riqueza es no encontrar la manera de tramitar las diferencias. Creemos que la conformación de Tendencias, como está previsto en los Estatutos, es la mejor solución, si logramos una adecuada reglamentación de las mismas. Es más, consideramos que éste es uno de los mayores logros del primer congreso de unidad del Polo, porque define el marco de las disputas internas en términos de la lucha por la hegemonía en el partido.
La diferencia de concepción en lo expresado por el representante Borja y el senador Robledo, es que asimilan Tendencia con las organizaciones preexistentes que confluyen en el Polo. Es una manera cómoda, por vía del formalismo, de imponer una situación de origen a una propuesta conceptual diferente a un partido de partidos o de frente político.
Una Tendencia no es una organización dentro del partido, porque quienes la conforman, como afiliados y afiliadas con identidad ideológica y política propia, hacen parte de organismos solo en la estructura del partido. Los mecanismos y medios de coordinación, difusión y acción política de la tendencia son otra cosa y sujetos a reglamentación, pero nunca constitutivos de una organización propia o “partido” dentro del mismo. Su razón de ser política, por decirlo así, es ganar la hegemonía en el ámbito del partido para sus propuestas y puntos de vista. En fin, para resumirlo en una palabra que poco gusta, las tendencias están disueltas en el partido.
Este no es un asunto de principios. Recordemos que en la I Internacional la afiliación era individual en todos los países y que en una época, por las dificultades políticas, la III Internacional Comunista recomendó a algunos partidos disolverse en los socialdemócratas, con la única condición que les permitieran actuar como tendencia. El mismo partido bolchevique de Lenin las tuvo y fue Stalin quien las suprimió en los años 20. El asunto es mirar cómo vamos creando condiciones y si es posible resolver en el II Congreso, ya que la Junta Nacional “olvidó” la reglamentación que se anunció.
Metido en referencias históricas, tengo que estar en desacuerdo con el representante Borja, quien hizo alusión a que el real origen del Polo fue el proceso de unidad de izquierda cristalizado en el Frente Social y Político a mediados de los 90. Que recuerde, el FSP agrupó unos sectores de izquierda resultantes de la diáspora luego del fracaso del intento de unidad más equiparable al actual Polo y que se dio en el año 90, cuando se pretendió unificar a la UP, M19, Frente Popular, A Luchar y otros; es decir, casi toda la izquierda y sectores democráticos del país. Dos condiciones para la unidad: la no combinación de formas de lucha y la disolución de las organizaciones, que generaron la mayor controversia, recuerdan? Asesinaron a Bernardo Jaramillo y a Carlos Pizarro. Fue tal la diáspora que de las organizaciones que mencioné y otras, ya solo queda el referente histórico y ninguna, como tal, llegó al Polo. Paradójicamente, por todas las circunstancias que se dieron, lo que no se quiso disolver en el año 90, confluyó en el 2005 como la resultante de la dispersión producto de múltiples rupturas y separaciones, y desde luego, renovados fracasos.
Otro asunto es que una consecuencia inmediata del predominio de esta concepción del Polo como partido de organizaciones, donde el predominio es de las organizaciones, más allá de cerrar espacios de articulación y participación e impedir nuestro crecimiento, es que ya se abandona el discurso del “partido en construcción” (para contemporizar con los problemas) y ahora se cae en el discurso que todos nuestros problemas se reducen a la indisciplina de quienes no encajan.
Ahí sí, problema y quien lo pone son la misma cosa, donde para acabar con uno hay que salir del otro y todo verticalismo es bienvenido. En este discurso, el senador Robledo nos vuelve a machacar sus analogías del partido con la familia, la iglesia católica y el Banco (tres referentes muy propios del finquero acomodado al que no es tan ajeno). Para variar, el Doctor Gaviria nos remacha con la analogía del partido de los redondos. De este discurso insostenible, cargado de voluntarismo y sustentado en analogías desafortunadas, para no abundar, y a propósito de lo que se trata, dio cuenta en reciente escrito el compañero Alvaro Cardona.
Mientras más nos preocupemos por “engordar” las organizaciones, más cerrado y pequeño será el Polo. Un Polo pequeño es el ideal para el predominio de sus “gordas” organizaciones y caldo de cultivo por excelencia para que pervivan viejos estilos y vicios, como el “vanguardismo”, ese sí sectario por naturaleza y enfermedad infantil crónica de nuestra izquierda. Es un círculo vicioso de falsas ilusiones que nos llevarán, como en el pasado, al fracaso.
Es hora de dar pasos, con creatividad y audacia, para salir de este marasmo.
Dejemos los falsos debates, como candidaturas presidenciales y conformación de agrupamientos que las soporten, porque enrarecen y distraen de lo que interesa. Lucho ya dio el ejemplo congelando la suya, Petro no ha insistido y Gaviria, para ser más tajante, debe desautorizar públicamente a quienes lo proponen insistentemente.
Que el Doctor Gaviria, cuyo liderazgo en la presidencia del partido nadie cuestiona, pero en otra actitud y disposición, convoque y unifique al partido, atendiendo todas las visiones y escuchando todas las voces, en un debate franco y leal, aprovechando los escenarios propios de dirección y creando los que sean necesarios, para potenciar la propuesta de Asamblea Constituyente y complementarla con otras que se consideren necesarias, viables y acertadas para la coyuntura, a fin de ponernos en acción e impulsarlas ante el país y propender por alianzas con otros partidos y fuerzas en propósitos coincidentes. En síntesis, traer de nuevo la discusión al partido sin temerle al debate público, propio de las sociedades modernas.
Mejor que convocar nueva Junta Nacional como alguien propuso, puede ser ampliar las reuniones del Comité Ejecutivo con invitados permanentes u ocasionales, y si es posible, convocar un plenario con representación de todos los comités departamentales y de algunas capitales, para formular políticas y coordinar planes de acción. Hacer más pluralista la página del Polo, ya que está muy “monoADcromática”.
En fin, abrirnos entre nosotros para abrirnos a la sociedad, y así, buscar crecer. No es nada del otro mundo. Porque de seguir como vamos, nada construimos y nos ahogaremos en el cúmulo de sectarismos y ambigüedades en que estamos inmersos.
*Miembro del Comité Ejecutivo Departamental del PDA en Antioquia. Integrante de POLO AL SUR, Tendencia socialista.