"El pueblo en colectivo construye su propia historia y felicidad”
Con el pretexto de facilitar el primer empleo para los jóvenes hasta los 26 años de edad, y disminuir el porcentaje del 22% de desempleo a 11% , en Francia el Primer Ministro, Dominique de Villepin, en contra de la practica habitual francesa de presentación al Parlamento para su debate, ni consultar a los sindicatos antes de introducir el proyecto de ley del C. P. E. en la Asamblea Nacional y recurriendo a una cláusula especial en el procedimiento, recientemente consiguió aprobar una ley que en lugar de buscar solución al desempleo, lo que buscaba en verdad era volver más precario el empleo de los jóvenes franceses.
Esta modalidad de contratación, flexibilizaba la relación laboral y permitía acomodar el contrato laboral a las exigencias de utilidad de los patronos, desconociendo en su totalidad el pago de prestaciones sociales establecidas en los contratos de trabajo. En este sentido, la ley amplio el periodo de prueba a dos años con preaviso de 15 días, tiempo durante el cual los patronos podían terminar el contrato sin justa causa y sin la obligación de pagar indemnización por el despido, en esencia con esta ley se violaban todos los principios fundamentales en materia laboral, derechos que han sido obtenidos por las luchas sociales de todos los trabajadores y trabajadores sin distinción , obreros y obreras, profesionales e intelectuales.
Esta situación de precariedad laboral, de disminución de la calidad de vida de la sociedad francesa y perdida de dignidad humana, generó en los jóvenes hombres y mujeres un rechazo total, desencadenando un movimiento de resistencia, como una forma de protesta y movilización de más de un millar de personas reunidas en las principales calles de diferentes ciudades de Francia; situación que ayudo al desplome de la popularidad del primer ministro y su decisión de retirar el proyecto de ley, el no al C.P.E., es un no rotundo a la imposición del modelo económico político neoliberal, sustentado en la globalización, que se refleja en lo laboral en la flexibilidad y perdida del principio protector y laboral
Este suceso histórico en un mundo “globalizado”, nos invita a analizar y discutir la relevancia que sigue teniendo el movimiento de trabajadores y la vigencia de la lucha de clases ante la imposición inhumana e irracional de la expansión del mercado y del sistema financiero. La realidad actual nos pone muy lejos de las promesas de la globalización de llegar a todas las fronteras del mundo con el mercado menos costoso, y por el contrario enriqueciendo a los países que participan de ella en calidad de industrializados de potencias económicas, mientras se encarga de ocultar que la mano invisible del mercado empobrece a las gran mayoría de la población desfavorecida por el reparto económico desigual de un mundo dividido entre ricos y pobres, desarrollados y subdesarrollados.
Los trabajadores, los movimientos sindicales, y toda manifestación colectiva aún tienen derecho a decidir por cuenta propia, a protestar a movilizarse y a exigir sus derechos laborales como clase, a construir y realizar proyectos en beneficio de la sociedad y de una redistribución del capital en lo social.
Esa derrota que sufre el gobierno conservador francés, por la organización de los diversos movimientos alrededor de la defensa de una conquista laboral, se suma a la rueda que en Latinoamérica gira hacia a la izquierda, y quiebra la hegemonía de la soberbia del capitalismo inhumano y abre la esperanza de una vuelta hacia la vigencia de la defensa de los derechos sociales, económicos y culturales de la clase trabajadora. Así como la esperanza que la izquierda siga avanzando hacia la conquista democrática del poder, como puede ocurrir con la socialista Segole Royal, quien es la gran beneficiada de la derrota del ministro francés, y se comienza a perfilar para 1997, como la primera mujer presidenta de Francia, por su compromiso con la clases trabajadoras.