Lunes 11 de julio de 2005
Bogotá-. Mejorar la distribución de la riqueza, de la propiedad tanto rural como urbana, y dar subsidios a las familias más pobres para la educación de sus hijos, propone Antonio Navarro Wolf, candidato presidencial del Polo Demorático.
No basta el crecimiento, mejor dicho. O que sólo beneficie a unos pocos, no a la inmensa mayoría que deberá ser atendida con programas sociales para desarrollar el mercado interno y contribuir así, en un círculo virtuoso, al mayor crecimiento económico.
“Crecer para repartir”, dice. Por ahí empieza la entrevista.
“La apertura fracasó”
- ¿Usted admite, entonces, que sí estamos creciendo?
Tras haber decrecido en 1999 (por primera vez en un siglo), ahora crecemos menos de lo que podríamos crecer, aún por debajo del promedio de América Latina que por cierto ha tenido el peor crecimiento de su historia en los últimos 15 años, o sea, desde que adoptó la apertura, el modelo neoliberal o simplemente las fórmulas del Consenso de Washington.
- ¿En su concepto, el modelo de apertura fracasó?
Sí, fracasó por la manera como se hizo, por la secuencia de los pasos que se dieron, por el modo como actuó (la apertura con revaluación, que se convirtió en la apertura hacia dentro, en el gobierno de Gaviria). Fracasó, además, en toda América Latina, cuya nueva ola de gobiernos “alternativos” es precisamente la reacción contra ese fracaso.
- Así las cosas, ¿no más apertura? ¿Habría que cerrar otra vez la economía?
¡No! ¿Quién ha dicho que el Consejo de Washington fue sólo apertura? También fue reducción del tamaño del Estado, una manera de inserción en la economía mundial (que no ha funcionado en América Latina, excepto en Chile) y, sobre todo, depresión del mercado interno que representa en Colombia el 85% del PIB mientras el externo es sólo el 15%.
- ¿Usted lo que propone es concentrarnos en el mercado interno?
¿Y cómo no vamos a mirarlo? Al menos debemos estudiar cómo no deprimirlo y cómo lo reactivamos. Eso no quiere decir que vamos a abandonar las exportaciones. Ni más faltaba, más aún cuando están creciendo, por ejemplo hacia Venezuela.
El mercado interno
- Pero el mercado interno es pequeño, por lo cual el crecimiento del sector productivo nacional es ahí bastante limitado. ¿No sería mejor volcarse al mercado externo, que es mucho más amplio?
Hemos ido deprimiendo al mercado interno, aunque la experiencia de los exportadores nos enseña que antes de lanzarse afuera se consolidaron aquí. ¿O acaso nos vamos a volver exportadores de la noche a la mañana? ¿Y hacia dónde vamos a exportar? Eso no está claro.
- ¿Su propuesta no nos vuelve atrás, a las políticas nacionalistas, cepalinas, basadas en la sustitución de importaciones, que algunos consideran obsoletas?
No estoy hablando de volver al pasado. Necesitamos menos ideología y más pragmatismo, como ver qué podemos hacer realmente y qué nos produce los mejores resultados.
- ¿Lo suyo no es también fruto de la ideología?
Al contrario, es pragmatismo. Yo pregunto: ¿qué es lo que tanto vamos a exportar hacia Estados Unidos por el TLC? Le he preguntado a medio mundo y nadie lo sabe. Son cosas marginales relativamente. Y por esto vamos a poner todo los huevos en la misma canasta, descuidando aún más el mercado interno.
- ¿Habría que darle mayor importancia al mercado interno que al externo?
Darle al menos la misma, poniéndolos en condiciones de igualdad, porque ahora la moda es “todo pa’fuera”.
Contra la pobreza
- ¿Y qué tan conveniente es volcarse al mercado interno cuando los niveles de ingreso de la población son tan bajos?
Para recuperar el mercado interno hay que mejorar la distribución de la riqueza, de la propiedad, empezando por la propiedad rural que está muy mal repartida, situación que ha empeorado en los últimos años por factores como el narcotráfico.
- ¿Está proponiendo una nueva reforma agraria?
No se trata sólo de repartir tierra. Eso no tiene sentido, pues ya fracasó en el mundo entero. Lo que se requiere es cooperación en cadenas productivas entre productores eficientes y campesinos, desarrollando procesos que pongan la tierra a producir mucho más. Y hay que mejorar la propiedad para reducir la pobreza y la desigualdad.
- Pero, ¿cómo reducir la pobreza?
Hay que hacer un esfuerzo para que la gente más pobre (la que no puede comer tres veces al día) tenga un subsidio, mejore su capacidad de compra y estimule así el mercado interno a través de la compra de alimentos que podemos producir en el país. Y hay que distribuir la propiedad, la propiedad rural en primer lugar.
- ¿Y en las áreas urbanas qué habría que hacer?
Hay que meterles la mano a numerosos lotes de engorde en la periferia de las ciudades.
- ¿Expropiarlos?
O invitar a sus dueños a participar en planes de desarrollo urbano, sin permitirles que compren lotes por hectáreas y luego los vendan por metros cuadrados, sin hacer nada, mientras el Estado hace todas las inversiones.
- ¿Que tiemblen los dueños de los lotes de engorde?
Los alcaldes deberían hacerlos temblar porque están bajo su responsabilidad.
Modelo a la colombiana
- ¿Cómo sería lo del subsidio a la gente más pobre?
Es para los dos millones de familias más pobres, quienes recibirían el subsidio en dinero para la educación de sus hijos.
- ¿De dónde va a salir la plata, teniendo en cuenta la grave crisis fiscal del país?
Hay que costearlo. Estamos buscando los recursos. Una de las fórmulas “en borrador” es cierta devolución de IVA, cuya tarifa pasaría del 13,5 al 14%.
- Algunos dirán que esto es populismo...
Que lo digan, pero hasta los organismos internacionales, como el Banco Mundial, ya se dan cuenta que, si bien el equilibrio macroeconómico es fundamental, no basta sino que se requieren programas sociales. La gran enfermedad que debemos curar en América Latina es la desigualdad.
- En síntesis, ¿cuál es el modelo económico que usted propone?
Un modelo a la colombiana, que mezcle exportaciones con fortalecimiento del mercado interno, que haga gradualmente las reformas sociales, que cambie la propiedad, que llegue a la gente más pobre para incorporarla a la economía, y que tenga no sólo sentido social sino mucho sentido común.
Panel de control
Los impuestos del Polo
Gravar utilidades por acciones a los particulares, como se hace en otros países, sin que esto sea doble tributación; quitar exenciones “inaceptables”, como la reinversión de utilidades, que en su concepto ha impulsado muy poco la inversión; gravar la propiedad rural, “que no está pagando impuestos adecuadamente”, para lo cual deberá hacerse una reforma constitucional que permita a la nación gravar la tierra, facultad que hoy sólo tienen los municipios a través del predial, y una recia lucha contra la evasión, son los lineamientos principales de la reforma tributaria que Antonio Navarro Wolf, si llega a la Presidencia de la República, presentará al Congreso.
Referendo sobre pensiones
Para Navarro, las políticas sociales en Colombia están mal diseñadas, tanto que a pesar del mayor gasto social no han bajado la pobreza y la desigualdad. Propone, entonces, cambios de fondo, por ejemplo en pensiones, donde los más ricos -dice- reciben más subsidios que los más pobres, mientras sólo una de cada cuatro personas con derecho a pensión la tiene. Y sobre la nueva reforma pensional, afirma que es “una vagabundería espantosa” al permitir pensiones hasta de $18 millones, razón por la cual propone otra reforma, esta vez por la vía del referendo, para bajar de inmediato las pensiones altas al tope de 25 salarios mínimos, entre otras medidas que den al traste con los privilegios que mantuvieron sus colegas del Congreso.
La reforma laboral
Sobre la última reforma laboral, promovida por Juan Luis Londoño, sostiene que es urgente tumbarla por no haber generado un solo empleo pero sí causado la pérdida en la capacidad de compra de mucha gente con un trabajo que ya ni siquiera es estable. “Hay que quitar esas normas que han deprimido el valor del trabajo”, insiste mientras subraya que la menor tasa de desempleo no es porque haya más empleo sino porque la gente no busca trabajo. Y propone igualmente revisar la política de salud (él fue ministro del ramo, a propósito), pues al sistema actual, que arrancó con la Ley 100, le atribuye gran parte de la crisis del sector, con cierre de hospitales a bordo.
Críticas al TLC con E.U.
Navarro es bastante escéptico sobre las posibilidades de aumentar nuestras exportaciones a Estados Unidos por el TLC. “De pronto -advierte- más bien vamos a tener que hacer concesiones dolorosas, especialmente en el sector agropecuario, lo que sería muy grave para la estabilidad del país”. Pero si finalmente hay TLC, recomienda hacer negocios que nos convengan porque -según explica- entre un país fuerte y un país débil, las ventajas deben ser para éste (“por eso me gusta el Atpdea”, dice). De otra parte, insiste en llegar a un Alca light, según la conocida propuesta del Presidente Lula de Brasil, de manera que el acuerdo favorezca de veras a América Latina, con independencia frente a E.U.
Reservas sobre la deuda
Para terminar, Navarro se declara dispuesto a usar las reservas internacionales para hacer proyectos de infraestructura, no sólo para el prepago de la deuda externa, medida ésta que considera positiva aunque insuficiente. “Una magnífica carretera entre Bogotá y Medellín sería un gran estímulo al mercado interno”, observa. Y sobre el problema de la deuda, lo ve con preocupación por su alto volumen y porque “cuando vuelva la devaluación se volverá inmanejable”. Prefiere, sin embargo, ser prudente en sus tesis al respecto, lejos de plantear refinanciación o cesación de pagos al estilo argentino, descartando que estemos ad portas de que esto suceda. “Estamos estudiando el tema con sumo cuidado”, precisa.
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