En nuestra convulsionada Colombia, con su larga tradición de violencia y contra-violencia política, entre las palabras y los hechos no hay gran distancia. Existen muchos ejemplos: Rafael Uribe Uribe murió asesinado a hachazos en las gradas del Capitolio a manos de dos fanáticos azuzados por sectores políticos reaccionarios quienes lo culpaban de la crisis económica; Bernardo Jaramillo, presidente y candidato presidencial de la Unión Patriótica, fue baleado días después de haber sido calificado de "guerrillero" por el canciller de la época. Por ese entonces, ser tildado de "guerrillero" e, incluso de "comunista" (a pesar de ser éste el calificativo de los partidarios de un partido político legal), podía conducir a una condena de muerte por parte de quienes inspiraban y combatían en la lucha contrainsurgente ilegal.
Quién lea los escritos de los jefes de los grupos armados de derecha no puede llamarse a engaño. En Mi Confesión de Carlos Castaño se lee entre comillas: "Lo que hice fue ejecutar a los guerrilleros activos dentro de las organizaciones de izquierda," aun cuando se deslinda, pero solo parcialmente, de la responsabilidad por el crimen de Bernardo Jaramillo.
Con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética, se puso fin a la guerra fría que identificaba a la inconformidad civil y política y a la insurgencia armada en América Latina con el comunismo soviético, un enemigo interno comandado desde el exterior. Aun cuando el fin del Comunismo no puso fin al anticomunismo, el lenguaje de la confrontación exigía un cambio acorde con la nueva situación internacional. El ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York solucionó la búsqueda para una terminología en crisis. En adelante, todo se volvió terrorismo. Los guerrilleros de la víspera se tornaron cómodamente en terroristas y ahora todo terrorista está en la mira de la lucha antisubversiva, que como nos cuenta con pelos y señales el desmovilizado jefe paramilitar Salvador Mancuso, sigue su curso. "Destacados integrantes de lo que fuera en Ralito el Estado Mayor Negociador de las AUC están hoy rearmando ejércitos de autodefensa que crecen día a día y cuentan en estos momentos con no menos de cinco mil integrantes distribuidos en distintas zonas del País," afirma sin rodeos en comunicado reciente.
En plena campaña presidencial, el Presidente Álvaro Uribe se refirió a miembros del partido de oposición Polo Democrático Alternativo como "comunistas camuflados" y más recientemente, en tono elevado, como "terroristas vestidos de civil". En ambas oportunidades empezaron a circular las consabidas amenazas de muerte - que en Colombia desafortunadamente si se cumplen- firmadas por anónimos como "Grupo Colombia Libre de Comunistas Brazo Armado de las ex AUC" y "Frentes Capital Central Sur Caribe Llanos Nororiente Nueva Generación Águilas Negras". Las consignas son dicientes: "Muerte a los camuflados de civil arrodillados de las FARC, Muerte a líderes falsos defensores y pacotillas, Sangre y Fuego para Limpiar a Colombia, Colombia Libre por Siempre". Del dicho al hecho no hay mucho trecho.