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Bogotá

¿Democracia formal o democracia participativa?
Por Diana Sánchez. Polo Teusaquillo
Viernes 27 de abril de 2007

El Polo Democrático Alternativo enfrenta los más grandes desafíos de la historia del país en aras de construir una sociedad justa, moderna e incluyente, como lo advierte insistentemente su Presidente Carlos Gaviria: un país con democracia profunda. Este reto pasa por discutir qué tipo de partido estamos construyendo, incluida la transitoriedad, el cual debe, a todas luces, superar los esquemas tradicionales, marcos estrechos y excluyentes del pasado. Sin embargo, edificar un partido amplio que responda a las necesidades de la sociedad actual, requiere de prácticas y estructuras verdaderamente democráticas, capaces de reflejar la diversidad y realidad existentes. En otras palabras, poner en ejercicio la democracia participativa real, contemplada en los Estatutos, y desbordar con decisión el angosto camino de la democracia formal o representativa. Consecuentemente, en los más disímiles lugares del país, desde las veredas y corregimientos más apartados, hasta las ciudades más grandes, pasando por las localidades de Bogotá, las comunas de Medellín, los distritos de Cali, entre muchos, la gente del Polo trama comunidad en múltiples tejidos y colores, para construir democracia y nuevo país.

La construcción del Polo en Teusaquillo

En ese contexto, desde hace cuatro años en la localidad de Teusaquillo (Bogotá), se viene cimentando la promesa del Polo en la conciencia y la organización de sus habitantes. Ha sido un ejercicio dinámico y permanente que se ha expresado en la elección de tres ediles mujeres en 2003; en obtener un gobierno local propio, a través de un interesante proceso de participación; en alcanzar una de las más altas votaciones en Bogotá para la alcaldía de Lucho Garzón (2003) y para las Presidenciales con Carlos Gaviria (2006); en la elaboración y definición del actual Plan de Desarrollo Local; en la presencia efectiva en las distintas instancias de debate, planeación y decisión; en la configuración y permanencia de espacios de participación local en los asuntos del Polo y de la localidad; en la convocatoria de las diferentes movilizaciones sociales y políticas en las que el Polo ha requerido manifestarse públicamente; y otras actividades organizativas, programáticas y de acción política, en las que el Polo Teusaquillo está haciendo historia local, distrital y nacional.

Este ejercicio político, efectivamente ha roto la forma tradicional de hacer política, pues ha recurrido permanentemente a la horizontalidad y la participación amplia; ha preferido las coordinaciones voluntarias, abiertas y espontáneas.

Ahora bien, el Polo de Teusaquillo consecuente con el fortalecimiento del Polo a nivel nacional, impulsó y promovió el Congreso Nacional de Unidad, no sólo por el valor estratégico de la Unidad, sino por el proceso mismo de construcción del Congreso, amplio desde la base, las comunidades, los diversos sectores sociales y políticos del país, y sus delegados elegidos popularmente. En otras palabras, recogió el país y su diversidad.

Desde entonces se ha venido reglamentando y estructurando el Partido como tal. Con una Dirección Nacional elegida en el Congreso; un Ejecutivo Nacional elegido por la Dirección Nacional; y finalmente unas coordinaciones departamentales, distritales y locales, transitorias mientras se crean los comités de base establecidos por los Estatutos y más coyunturalmente, para enfrentar el periodo electoral 2007.

Dos procesos de construcción que no encajan

Varias resoluciones y circulares, nacionales y distritales ha expedido las instancias de dirección para dar mayor estructura al PDA; sin embargo, vemos con preocupación que algunas se han venido contraponiendo a las realidades políticas locales y los espacios de participación construidos desde abajo. En otras palabras, el proceso participativo que configuró el Congreso de Unidad (consulta popular), empieza a menoscabarse con la estructuración orgánica que está operando desde las instancias de centralización, de arriba abajo, entrando en conflicto con las realidades y legitimidades políticas de las bases locales del Polo, fundamento de la verdadera democracia.

Ejemplo: cuando se recurrió al constituyente primario para elegir delegados al Congreso de Unidad, no se sabía que esa potestad también les atribuía poderes de coordinación local posteriores y seguramente permanentes; inclusive, aún no habiendo sido elegidos en un territorio, como es el caso de las localidades de Bogotá, donde además, el 50 % de delegados son por derecho propio y no por elección popular. Si observamos con sutileza muchos delegados adscritos a las localidades están sustituyendo liderazgos legítimos que por muchas razones no estuvieron en el Congreso, pero cuyos trabajos comunitarios, sociales y políticos han contribuido a la construcción cierta del PDA.

En concreto, en la localidad de Teusaquillo esta situación ha provocado una profunda reflexión en sus militantes respecto de qué tipo de partido estamos construyendo. Si en el discurso recurrimos a la democracia participativa pero en la práctica resulta más cómodo hacer uso de las formalidades del centralismo y la representatividad.

No sé si en otras localidades, pero en Teusaquillo el parágrafo transitorio del artículo 27 de los Estatutos, no es necesario. Así que echar mano de la Resolución No. 03 del Comité Ejecutivo Distrital , no tiene sentido. La consolidación del Polo en Teusaquillo es clara. En la transitoriedad de 2006, no fue necesario convocar una mesa de unidad local, pues sus militantes y simpatizantes procedentes de las diferentes tendencias y sin ellas, simplemente trabajaron de común acuerdo, llegaron a consensos permanentemente y avanzaron en la consolidación del PDA local. Allí la unidad era parte del ejercicio político.

Hoy la militancia del Polo de Teusaquillo está en condiciones de elegir democrática y directamente la coordinación local permanente, la cual debe estar siempre abierta a los militantes que vayan ingresando y especialmente a los Comités de Base que se vayan estructurando, sin recurrir a fórmulas y dirigentes lejanos a las búsquedas e intereses territoriales.

Por otra parte, si bien el espectro local del Polo es amplio, normalmente el núcleo militante que promueve la discusión política y partidaria, y la dinámica entre el PDA y la comunidad, es un grupo entre 40 y 60 personas, asistentes disciplinados a las reuniones consuetudinarias de los jueves, y hoy también de los sábados. Ese mismo núcleo promueve las Asambleas Locales, con asistencia entre 100 y 150 personas. Por ello, desconcierta la llegada de 99 delegados a ser coordinadores del Polo en la localidad, casi superando la asistencia habitual de la militancia.

Contrasta la adscripción de 99 delegados a una localidad tan pequeña como Teusaquillo con localidades tan grandes y dinámicas políticamente como Kennedy (86 delegados); Suba (67 delegados), Engativá (64 delegados); Fontibón (34 delegados); y la misma Chapinero, geográfica y poblacionalmente similar a Teusaquillo (57 adscritos). Cuál es el interés por esta localidad? Seguramente la ubicación estratégica de Teusaquillo y la vocación para albergar sedes políticas, sindicales, de ONGs, instituciones administrativas, universidades, Concejo de Bogotá, entidades de gobierno, etc., facilita la posibilidad de muchos delegados a inscribirse en la localidad.

Pero quedan otros interrogantes por resolver: ¿Es suficiente laborar en la localidad, sin tener trabajo político en ella, para merecer hacer parte de la coordinación local del Polo? ¿Tienen realmente interés quienes allí se adscribieron de dedicarle esfuerzos a la construcción del Polo local? o se trata más bien de una oportunidad para incidir y decidir en la construcción de las listas a la JAL de Teusaquillo? Corriendo el riesgo que pasada la contienda electoral desaparezcan?

Es más: si el sentido de la adscripción de los delegados a un ente territorial, es precisamente fomentar el sentido de pertenencia a lo territorial y la construcción del Partido desde las bases; los resultados de los adscritos a Teusaquillo no muestran tal tendencia local. Mientras un 30% reconoce y ha aportado a su construcción de diferentes maneras, al menos un 70% de ellos, a pesar de tener sus legitimidades en el Polo, no ha participado del espacio partidario del Polo en Teusaquillo, ni ha mostrado interés alguno por conocerlo e indagarlo. Destacamos sí, la importancia de que varios congresistas, miembros de la Dirección y Ejecutivo Nacional se hayan adscrito a la localidad, a pesar que sus ámbitos de orden nacional poco tiempo les permitirá aportar a los asuntos locales.

Democracia formal o democracia participativa

Cualquiera de estas inquietudes tiene que quedar claras para la militancia de Teusaquillo. De lo contrario, quebranta el valor dado a la democracia participativa que se ha venido construyendo desde abajo; a los principios de libertad e igualdad real que fundamentan los Estatutos del Polo; a la confianza en las instancias de decisión y las normas que prolijamente de allí emanan (desde arriba). No es un ejercicio fácil. En la configuración del PDA sabiamente se deben mezclar situaciones, realidades, acumulados políticos, normas y legitimidades distintas, provenientes de sectores políticos y sociales diversos. Eso es claro, más cuando el Polo es la convergencia de otrora partidos y movimientos políticos, organizaciones sociales, tendencias, sectores sociales organizados, grupos étnicos, etc., y ese “pegamento” requiere de un tiempo importante para su consistencia y compactación futura.

Es cierto, el PDA está en un periodo de transitoriedad, pero no puede ser excusa para desconocer la práctica de la participación desde el principio, no vaya a ser que nos amañemos con la representativa, la centralización, y se convierta en costumbre poner el acento en las decisiones nacionales (donde se cierra el cerco) y olvidemos la importancia estratégica de lo local y territorial.

Así, poner en cuestión el parágrafo transitorio del artículo 27 de los Estatutos, no puede verse como un acto de desconocimiento de la norma. Debe entenderse como el uso del disentir y la sana crítica contemplados en los Estatutos; debe ser interpretado como el ejercicio de la autonomía de lo local y la responsabilidad histórica de construir un partido desde las bases y la ciudadanía, y no desde el centralismo y la norma, que muchas veces por homogenizante, se torna arbitraria. Debe comprenderse como el reconocimiento a los acumulados y legitimidades políticas tejidas a fuerza de liderazgo y entrega barrio a barrio en lo urbano y vereda a vereda en lo rural.

En el caso de Teusaquillo, la norma no permite avanzar, por el contrario, ha hecho retroceder y esta especie de involución no puede dejarse pasar de manera ligera. Por el contrario, nos plantea un desafío interesante para la construcción de una sociedad más libre y equilibrada: allanarle el camino a la democracia formal para abrirle paso definitivamente a la democracia participativa.

* Por Diana Sánchez. Polo Teusaquillo

Bogotá, abril 25 de 2007



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