Luis Sandoval, director del Instituto María Cano (Ismac), analiza el futuro del Acuerdo Humanitario luego de la muerte de Raúl Reyes.
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Luis I. Sandoval M.
Martes 4 de marzo de 2008
Por: Luis I. Sandoval M.
Cada hecho nefasto de la guerra tiene que hacer pensar en su terminación y no en su prolongación. Ni una muerte más. De la muerte de Raul Reyes, dirigente de las FARC, hay que transitar al acuerdo humanitario y la paz.
Hoy ya no existen condiciones para el uso revolucionario de la violencia, no en Colombia. El empleo de las armas en la política se volvió insostenible. La degradación de los medios arrasó hace tiempo con la dignidad de los fines. Ello no quiere decir que sean justificables los excesos en el accionar contrainsurgente del Estado. Este al prohijar la barbarie del paramilitarismo rebasó todos los parámetros de uso legal, ético y legítimo de la fuerza. Ni la violencia de los insurgentes, ni la violencia del establecimiento, ambas degradadas e inconducentes, tiene justificación.
Es preciso devolver a la política su función y su dignidad. La función de la política es buscar y encontrar salidas de mutuo compromiso a los conflictos. La vieja idea de que la guerra es la prolongación de la política por otros medios hay que invertirla y hacer que el conflicto se exprese por otros medios distintos a la guerra. Quien abandone no solo las prácticas inhumanas sino la violencia misma, será el triunfador a los ojos de la comunidad nacional y de los pueblos del mundo. Estado, partidos, insurgencia y sociedad están hoy llamados a subir a este elevado pedestal político. No al de la victoria, sino al del acuerdo. Por eso, a raíz de las marchas del 4 de febrero, muchos estamos proponiendo un acuerdo por la vida, la democracia y la paz. Acuerdo en cuestiones básicas de Estado que haga posible competir pacíficamente en cuestiones de gobierno.
La sociedad premiará a quienes decidan superar la barbarie y favorecer la vida. Profundizar la democracia es el camino. La paz justa y no la guerra atroz es lo que hoy se constituye en revolución. La guerra solo seguirá produciendo hechos negativos, nada bueno puede esperar nadie de ella. No esperemos que muera Ingrid y los demás en cautiverio, no esperemos que mueran más soldados o guerrilleros, no esperemos que estallen más minas antipersonales o que más gente sea desplazada. No dejemos estancado el proceso con el ELN. Oigamos la voz de las víctimas y sus familias. Colombia está hoy convertida con razón en causa de la humanidad.
Lo que tantos millones han pedido en las calles, lo que tratan de hacer algunos presidentes, países amigos y organismos internacionales humanitarios, el mensaje de humanidad y de urgencia que nos han traído los liberados de antier y de ayer, eso es lo que hay que hacer y hay que apoyar. El 6 de marzo lo volveremos a exigir: acuerdo humanitario y paz.
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