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Germán Enrique Reyes

De las confesiones de Macaco
Martes 18 de diciembre de 2007

Macaco confesó que entre sus homicidios se “encuentra el gerente del Hospital del municipio antioqueño El Bagre, Raúl Gómez, porque, relató, le enseñaba a guerrilleros del ELN primeros auxilios y otros asuntos de medicina”

Macaco confesó…

Por fin hemos conocido el fallo “justiciero” que dictó Carlos Mario Jiménez (Macaco) en contra del médico Raúl Gómez Rendón, asesinado el 1 de junio de 2001, mientras se desempeñaba como director del Hospital del municipio antioqueño El Bagre. “Esos asuntos de medicina”, que seguramente figuraban en los códigos siniestros de las AUC, son esas especies de letanías de los llamados Estilos de Vida Saludable que incorporó la Ley 100 de 1993, que hizo obligatorio, a todas las entidades del sector, transmitir, sin excepción alguna, a toda la población. Macaco, como todos los mandos altos y medios de las AUC, convertidos en guardianes de esa constitución que ellos inventaron y que llamaron con el remoquete “para refundar la patria”, hizo una especie de inexequibilidad a las normas que hablan de la promoción de la salud, “como aquellas acciones de educación e información en salud, dirigidas a la modificación de los comportamientos para el logro de estilos de vida saludables”; declaró subversiva la interpretación del concepto de promoción de la salud como “estrategia encaminada a desarrollar el potencial de la salud individual y colectiva promocionando los medios.

Qué tal que algún día Macaco hubiese leído a Henry E. Sigerist cuando, en 1940, anotó que “se promueve la salud garantizando un nivel de vida decente, buenas condiciones laborales, educación, cultura física y deportiva, así como los medios para el descanso y la recreación”. Los médicos hemos entendido por qué estos obscuros personajes silenciaron a Héctor Abad Gómez, a Leonardo Betancur Martínez y Pedro Luis Valencia, de quienes tanto se ha escrito y de quienes se han hecho muchas recordaciones y celebraciones. Hoy reclamo que a esa misma galería se eleve a Raúl Gómez. Su “delito” fue enseñar primeros auxilios y otros asuntos de medicina” apoyado, igualmente, en la amplia normatividad, incluso de carácter internacional, de la misión médica.

Que la vocación de servicio de Raúl iba dirigida a guerrilleros, es falso. Todo el pueblo de El Bagre, hoy lo lamenta, le agradece y lo recuerda. A este municipio llegó en el año 1986 a hacer su año de servicio obligatorio, luego de graduarse en la Universidad de Antioquia. Dedicó muchos años a su ejercicio médico de manera independiente, por lo que se ganó el aprecio de muchos que, incluso, lo llevaron a ser Concejal, paradójicamente, por el Liberalismo del sector democrático, fundado por el presidente Uribe. Su formación de médico y las enseñanzas que le dejó la corriente de la medicina social, no le permitieron ser ajeno a las luchas reivindicativas de los campesinos, de los obreros y de los rebuscadores de oro, de los pescadores, de los estudiantes y de los pobladores que reclamaron vías de acceso, escuelas, acueductos y puestos de salud.

Con su experiencia y conocimiento acumulado de las necesidades de El Bagre, llegó a ser director de su hospital. Enterado que las llamadas “autodefensas” tenían “vacunado” (extorsionado) al Hospital, y que sin respeto alguno hacían uso de sus servicios, eso sí, violando los códigos de la misión médica, se dio a la tarea de corregir semejantes atropellos. Así firmó su pena de muerte. De un tiro en la cabeza fue silenciado para siempre a la salida del Hospital. La justicia colombiana nunca supo qué pasó, pese al rumor callejero que sus autores habían sido “los paracos”.

Convencido estoy que Macaco nunca supo quién fue Raúl. Nunca le miró su cara ni nunca supo qué había detrás de esa impecable blusa blanca. Hoy “presionado” por la opinión pública nacional e internacional, quizás se ha atrevido a hablar alguna cosa de Raúl, a sabiendas que fue otro de sus grandes errores y atrocidades. No sabemos qué afán o angustia le ha movido a confesar su responsabilidad en 269 muertes en Caquetá, sur de Bolívar, Antioquia, Risaralda y Caldas. Ahora, en su octava y novena jornada de “versiones libres” ha sumado otras 180 víctimas, para un total de 489, entre las que se encuentra el colega Raúl. Convencida está la opinión pública que la obsesión de Macaco no fue perseguir “comunistas o subversivos”, sino manejar grandes operaciones de drogas, tal como lo saben las autoridades norteamericanas que lo piden en extradición. Pero, eso sí, para poder manejar este negocio tenía que congraciarse con algunos militares, políticos y gobernantes, tal como se ha venido develando.

Después de cuatro años como médico, ingresó a la Asociación Médica Sindical Colombiana ASMEDAS, Seccional Antioquia, bajo mi recomendación. En la nota de aceptación, la Secretaría de la Asociación le comunicó: “lo invitamos a que contribuya activamente con sus ideas y hechos al progreso del gremio médico en todos sus aspectos”. Efectivamente, sus ideas y hechos fueron los que señalé anteriormente, por los cuales fue sacrificado y hoy es un asmedista que llena nuestras páginas.

Si a Macaco, en el marco de la Ley de Justicia y Paz que algunos han señalado como una ley de impunidad, le llegan a condenar por sus crímenes con un tope máximo de ocho años, por el asesinato del colega Raúl Gómez pagaría sólo cinco meses. Así, supuestamente, se haría justicia. Ahora, el cuento de la verdad, como elemento básico de dicha ley, quedará en medio de serios interrogantes y frustraciones. El móvil del asesinato seguramente quedará enredado en un sólo párrafo, “apoyo, según Macaco, a grupos subversivos”. Este mismo párrafo será utilizado para individualizar los móviles frente a los otros centenares de asesinatos. La verdad será ocultada y, saldrá eventualmente, cuando por alguna circunstancia tenga que “prender el ventilador”, es decir, el señalamiento de Macaco a aquellos que animaron esta oscura historia que, por ahora, se ha contado a medias. Lo relacionado con la reparación sí que es una efímera ilusión. Al padre de Raúl Gómez, Fabio Gómez, como sucede a muchos otros familiares, entre ellos a su compañera Inés Piñeres y su hija, sólo le quedarán los recuerdos y un largo peregrinaje por despachos públicos y judiciales, como efectivamente lo han hecho, y de lo cual somos testigos, en búsqueda de una verdad por la que nadie responde.

Quedará la tarea de averiguar, cuántas páginas más quedaron diferentes al acta de levantamiento de su cadáver, el reconocimiento médico legal, la apertura de la investigación y uno o dos testimonios de familiares a quienes averiguaron si sabían de amenazas previas; todo ello quedó en el expediente que ceremoniosamente inició la Fiscalía para, supuestamente, esclarecer el asesinato del galeno Raúl. Sólo ahora, en medio de su esfuerzo mental, con cálculo acompañado de abogados, y en sus versiones libres, Macaco ha leído pausadamente en un computador portátil la larga lista de sus víctimas, con la certeza, reitero, que no supo quién fue realmente Raúl. Por esta víctima seguramente nadie más lo reinterrogará. Si llega a los estrados judiciales norteamericanos, de donde lo requieren con insistencia, allá tampoco les interesará averiguar por qué lo asesinó. Las preocupaciones de los gringos versarán en torno al tráfico de drogas, rutas, dólares, altos mandos militares, gobernantes y políticos comprometidos, que les faciliten la construcción del más aterrador expediente de nuestra negra historia. El cuento de derechos humanos, la vida de dirigentes sociales, sindicales y populares, poco les interesará. Ellos (los gringos) inspiraron la famosa doctrina de la seguridad nacional, por la que fueron llenados cárceles, cementerios y fosas comunes de estos luchadores, quienes, según ellos, sostenían el comunismo. Tampoco les interesará dilucidar el perfil de estos psicópatas o sociópatas, hoy en tránsito de reconocerlos como rebeldes y no como delincuentes. Ellos los inspiraron.

GERMAN ENRIQUE REYES FORERO
Representante a la Cámara - Antioquia.


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