“El poder político en estos momentos no tiene prácticamente ningún contenido, los gobiernos no mandan, no orientan, no gobiernan y los que están orientando, gobernando y decidiendo son las multinacionales”.
José Saramago. Entrevista sobre el
Libre Comercio Pan Americano (ALCA)
El Secretario de la Comunidad Andina –CAN-, en los días previos a la firma del acuerdo con la Unión Europea –UE-, anotó: “Estoy convencido que las razones que tiene la Comunidad Andina para consolidar en los próximos años una alianza sólida y duradera con la Unión Europea van más allá de simples movimientos estratégicos dictados por la economía o la geopolítica global”i, en alusión a supuestos lazos indisolubles que han llevado a ambas regiones a compartir los mismos principios de democracia, derechos humanos, libertades públicas y cohesión social, que conducen a ampliar cooperaciones en torno a la paz, la seguridad, la estabilidad política y social, la gobernabilidad democrática, la cooperación internacional y las migraciones. Este supuesto partió de la integración subregional en marcha que hoy, en medio de seria contradicciones y diferencias, no ha logrado consolidar e identificar propósitos entre los países miembros, de los cuales ya no hace parte Venezuela.
Desde el mes de junio de 2007, y por un año, el presidente Álvaro Uribe Vélez es el responsable del Consejo Presidencial Andino de la CAN, del que hacen parte Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia; como asociados Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y como observadores México y Panamá. Tales países sueñan, como propósito de la CAN, articular a Suramérica con Centroamérica y el Caribe, no sólo desde el componente técnico y comercial, sino en lo político. Alguien decía que la palabras integración, democracia y política, en cualquier texto académico tienen el mismo significado pero, en la práctica, son cosas diferentes, traducidas a realidades diferentes. Un concepto surge de una historia y se encuentra con otra; una es la historia europea y otra la latinoamericana que hoy vivimos. El alineamiento en torno al mercado o al llamado neo-liberalismo, es una política seriamente cuestionada en el conjunto de países suramericanos, de la cual los gobiernos colombianos han sido los mejores exponentes; en donde como terco peón, el presidente Uribe es el aliado incondicional de Bush; Colombia y México son los más firmes socios políticos de Washington.
De Saramago he tomado la frase que de los que nos orientan, gobiernan y deciden son las multinacionales. Fueron el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, junto al Fondo Monetario Internacional, los principales promotores del llamado Consenso de Washington que impusieron a América Latina las privatizaciones indiscriminadas –muchas veces a precio de huevo- de nuestros recursos naturales y empresas publicas estratégicas para pasarlas a manos extranjeras, la desregulación laboral, los despidos masivos y la pérdida de derechos laborales elementales, la privatización del sistema de pensiones y la creación de los fondos de cesantías, la entrega al manejo privado de los servicios públicos para terminar pagando las tarifas más altas de electricidad o telefonía; esas orientaciones acabaron con el Estado de Bienestar. Fueron los llamados créditos condicionados los que impulsaron determinados desarrollos o políticas que bien se podrían traducir en pérdida de soberanía e independencia de estos gobiernos.
Los estragos en Latinoamérica se sienten hoy y, con las intencionadas negociaciones en bloque, en algo pretenden corregirlos o atenuarlos. Fueron las propuestas neo-liberales las que arrasaron los derechos fundamentales del Estado Social; fueron las imposiciones del modelo, con feroces dictaduras militares, las que implantaron la violación de todo tipo de derechos humanos; la introducción del modelo de mercado trajo consigo corrupción, pobreza, degradación del medio ambiente; apareció el mercado de las drogas ilícitas; se abrieron bruscamente fronteras comerciales; acabaron con los sectores productivos de los países; se produjeron oleadas de inmigrantes ilegales. Apareció el caos. Hoy, desesperadamente, se habla de seguridad; resolución de conflictos; derechos humanos; fortalecimiento de gobiernos democráticos; lucha contra la corrupción y el terrorismo, contra la migración ilegal, contra las drogas ilícitas y precursores químicos, contra el blanqueo de activos ilícitos y tráfico de armas ligeras. Todo esto hace parte del listado de los elementos constitutivos del proyecto que pondrán al Congreso para su ratificación como elementos de diálogo político y cooperación en procura de enmendar los errores y nefastas consecuencias de las recetas aplicadas del Consenso de Washington. Al debilitado bloque de la CAN le han impuesto consolidar alianzas con otros bloques que, en los procesos de realinderamientos, se tornan casi imperceptibles en la solución o atenuación de esas las políticas de la subregión.
En estos propósitos, desde el 15 de diciembre de 2003 se suscribió el “Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la Comunidad Europea y la Comunidad Andina”. Dos años después fue aprobado por porte del gobierno de Uribe y al siguiente año, 11 de agosto de 2006, se presentó el Proyecto de Ley #50ii, en procura de ratificar dicho convenio.
En el decreto de convocatoria a sesiones extras del Congreso, el PL #50 está dentro de los prioritarios. Sorprende, que las propuestas en torno a las relaciones internacionales se ordenen en categorías de primera a quinta, y se ubique en la última, lo relacionado con la “Comunidad Europea - Comunidad Andina” que, supuestamente, hoy inquieta o preocupa a este Gobierno. Diferentes son los ires y venires desesperados en torno al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, aprobado apresuradamente a pupitrazos, en el Congreso de la República, por la bancada del Gobierno, pero con férrea oposición por parte del Polo que, inesperadamente, se ha tornado sumamente difícil para su aprobación por parte del Congreso Norteamericano. En contrario, a paso lento continúa el trámite del PL #50, después de cuatro años de suscrito entre la CAN y la UE, sin que aparezca esa legión de diplomáticos, “lobbystas”, empresarios y lagartos de todos los pelambres en su impulso.
En contextos diferentes a aquellos en que fue concebida la CAN como bloque, nos llaman ahora a ratificar, por medio de una de Ley, unos convenios suscritos hace aproximadamente cinco años. Hoy Venezuela, con su sueño bolivariano, busca otros ejes y aliados, y no hace parte de sus integrantes; Bolivia y Ecuador tienen otros modelos de Gobierno; los países del Sur (Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) luchan por el MERCOSUR como eje integrador y han dejado de coquetearle a la CAN. Todos, a su manera, pretenden hacer sus cambios o revoluciones, entendidas como unos procesos con rumbos y orientaciones diferentes, tanto como gobiernos o como bloques: Chávez, Evo y Correa con diferencias respecto a Lula, Bachelet, Tabaré o Fernández de Kirchner. Eso sí, todos comprometidos en una crítica al capitalismo y en el desenmascaramiento de ese tipo de sociedad. Unos debilitando la presencia del capitalismo, como en Bolivia; recuperando los hidrocarburos, o Venezuela organizando sus bases populares con procesos de reformas agrarias y urbanas, con una fuerte política de control de cambios y nacionalización del sector energético. En general, la economía es arrastrada por la política, la que en últimas, define el carácter de las alianzas y el alcance de los bloques; en contrario a Uribe, tan sólo le desvelan las gabelas a las transnacionales, a los inversionistas y al mercado, como ejes del llamado Estado Comunitario.
Luego, el PL #50, como Ley, podrá correr el destino de quedar en los simples anaqueles de la diplomacia o para los discursos en los foros internacionales, pese a la justificación y aceptación de sus propósitos.
Hoy asistimos al nacimiento, para unos, o al fortalecimiento, para otros, de corrientes de pensamiento y de acción latinoamericana que nos puedan llevar a cambios en los ejes de dominación, lejos de los dictados de Estados Unidos en donde el centro no será occidente o ellos a la cabeza, sino otro diferente, equilibrado con Asia, África y el llamado Tercer Mundo. Surgen las necesidades de canales de comunicación y encuentros de partidos o movimientos de izquierda que permitan el debate y definición de los conceptos de unidad e integración, junto al papel que habrán de asumir a cada uno de los países en estos procesos de integración y solidaridad, que permitirán defender nuestra economía, nuestras riquezas naturales y nuestra identidad étnica, histórica y cultural, conforme lo contempla el ideario del Polo.
Algún día, no lejano, se hará realidad el sueño de Bolívar y Martí, dentro una historia que estamos obligados a esclarecer, interpretar y corregir, así se le dé el nombre de Unión de Naciones Suramericanas -UNASUR– y se den encuentros como la décima reunión de Ministros de Relaciones Exteriores ocurrida recientemente en Cartagena, en la cual se debió debatir asuntos de concertación y coordinación política y diplomática de la región, tal como rezan sus estatutos, en lugar de esas acciones de provocación y sabotaje promovidas por otros intereses para frenar el sendero escogido por la República Bolivariana de Venezuela y sus propuestas de integración.