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Pueblo ROM

De los gitanos de la Pradera, apenas quedó el recuerdo
Lunes 11 de diciembre de 2006

Por: HELMER GONZÁLEZ

Esas mujeres lindas y de perfectas curvas fueron por una década, exactamente los años 70, la fuente de suspiros de los hombres de Dosquebradas y el delirio de La Pradera, sobre todo cuando los lugareños descubrieron que las jovencitas se bañaban en la quebrada La Víbora envueltas en unas túnicas que una vez mojadas revelaban el porqué los Gitanos o “Rom”, han sido clasificados entre las razas más puras del mundo ¡Sencillamente perfectas!

Como era de esperarse, esta actividad tan cotidiana y desprevenida para las Gitanas fue motivo de escándalo entre la comunidad de este sector de la Pradera, que para 1978 contaba con unos 800 habitantes.

La conmoción llegó muy pronto a oídos del mandatario local, el hoy concejal Rosendo Castaño Moreno, quien citó a los jefes de las familias para tratar el tema; “hubo que hablar y se corrigió la situación”.

Pero no fue la primera vez que los Gitanos comparecieron ante el despacho del Alcalde; ya en una ocasión habían sido citados para que al hacer sus fiestas, las cuales duraban entre 3 y 4 días con sus respectivas noches en medio del bullicio y el whisky, éstas transcurrieran con mayor calma. Castaño Moreno recuerda la buena receptividad que siempre tuvieron para atender a los requerimientos que se les hacía.

En un momento estaban allí

Hoy casi nadie recuerda cómo aparecieron; igual sucedió cuando se esfumaron. Algunos de los primeros habitantes destacan que a principios de los años 70 comenzaron a levantar las carpas en las que vivían, en el interior de lotes adquiridos por ellos, que era una de sus actividades comerciales. Los más viejos, unos cuantos eran de nacionalidad ecuatoriana, pero los demás eran nacidos en Colombia, con un apellido muy de estas tierras como es “Gómez”.

Hernando, Francisco y Alberto son los nombres que recuerdan los habitantes del sector, al igual que Mape, Milinga (o Piscinga) y Fany, sin duda la más hermosa de todas, convertida en toda una diva del barrio, pues siempre se le encontraba en “La Oficina”, la primera taberna que hubo en este sector.

La presencia de los Gitanos rompió con una línea de desarrollo que traía La Pradera; sus atuendos los hacía muy vistosos tanto en Pereira como en Dosquebradas.

El mayor Ramón Salcedo, ex comandante del cuerpo de Bomberos de Pereira y uno de los primeros habitantes del sector, recuerda cómo las mujeres salían a las calles a persuadir a los ciudadanos y ciudadanas para que se dejaran leer la mano y luego les cobraban.

También era común que mandaran a confeccionar vestidos y su forma de pago era una adivinanza o la lectura de la palma de la mano. Parece un “tumbe” esta forma tradicional de ganarse la vida entre los gitanos, pero muchos aceptan que, aunque desventajoso para el que les trabajaba o se sometía a sus adivinanzas, se trataba de un negocio.

Si algo encaja en la forma de ser de los Gitanos es precisamente su naturaleza de negociantes, ello explica porqué llegaron a una zona caracterizada por su vocación comercial. Quizás su mayor error fue asentarse en un sector fundado por pensionados de las Fuerzas Militares, ex policías y profesores.

Sin embargo, las cualidades de excelentes trabajadores de los “Rom” nadie las puede desconocer. Moisés Ríos, quien se encuentra entre los primeros pobladores del sector, recuerda que eran hábiles moldeando el cobre, reparando pailas y fondos de este metal a base de fundición y martillo; también recolectaban limas viejas, las lavaban en soluciones ácidas hasta dejarlas como nuevas, así les daban un buen valor agregado al momento de venderlas.

Las molestias

Fueron muchos los dosquebradenses que simpatizaron con las jóvenes Gitanas y también mujeres que se enamoraron de los hombres de esta familia. Pese a ello, apenas se habla de dos matrimonios efectuados entre personas de la región e integrantes de esta etnia.

Pero con el tiempo fueron más los que se molestaron con su estilo de vida, pues no concebían un lote sin construir —y eso que ellos lograron edificar algunas viviendas—, así como el asedio de las Gitanas queriendo leer la mano, menos aún el desfile de caballos que ellos compraban y vendían.

Un buen día se aparecieron en el barrio con unos 80 caballos comprados en el sur del país. Durante varias semanas los pobladores tuvieron que soportar los equinos desfilando por las calles, hasta que se hizo la venta de los mismos. Esta era otra fuente de ingresos para ellos.

Se quedaron sin espacio

La Pradera fue creciendo, cada vez se edificaba más y según el ex alcalde Castaño Moreno, eso los dejó sin espacio. Ríos señala que el papá de Fany llegó a pensar que su hija iba a “descarriarse”, pues una Gitana sólo podía ser desposada por otro Gitano, y sólo si podía pagar US $500.

Se tejen muchas razones y hasta historias inverosímiles, como por ejemplo que un importante dirigente liberal risaraldense contribuyó económicamente para que abandonaran la ciudad.

Sólo bastó con que uno —el papá de Fany— emigrara con su familia a la ciudad de Cúcuta y uno a uno fueron siguiendo su huella, hoy esa ciudad es una de las que más gitanos alberga.

Los gitanos fueron contados

En la década del 70 se calcula que al menos 30 Gitanos habitaron el sector de La Pradera. Hoy, de acuerdo con los datos globales del censo 2005, realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, DANE, el pueblo “Rom” o gitano en Colombia está conformado por 4.832 personas que representan el 0,012% de la población colombiana.

Las ciudades del país donde más concentración de Gitanos hay son Girón (Santander), Cúcuta, Pasto, Bucaramanga, Medellín y Bogotá.

Estos datos son vistos con reservas por representantes de esta minoría étnica, según informe publicado en la página de Interent de la organización Actualidad Étnica, al destacar que el censo fue excluyente. Dalila Gómez, lideresa Gitana y representante del Proceso Organizativo del Pueblo Rom (Gitano) de Colombia (Prorrom) señaló que “teníamos en mente de 5000 a 8000 Gitanos en Colombia. El problema es que los encuestadores ni siquiera sabían que existíamos, entonces como no ven a las familias ni negras, ni indígenas, ni vestidas como Gitanas, asumen que no pertenecen a ninguna etnia y no le hicieron la pregunta correspondiente”.

Tomado de: La Tarde. Pereira. 11 de diciembre al 17 de diciembre de 2006. http://www.latarde.com/2006/sema/50/sep1.htm


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