‘Las instituciones no hacen los individuos ni estos representan estrictamente las instituciones’. Es una de las ideas fundamentales que permiten separar las disciplinas sociales de las disciplinas de cuño psicológico. No obstante, las instituciones contribuyen a la formación del individuo de manera importante, del mismo modo que un individuo puede aportar algunos atributos importantes a una institución. Por otro lado, si un partido político, en cuyo caso entiéndase PDA, agrupa los intereses y expectativas de distintos tipos de electores progresistas, que en menor o mayor grado de participación, determinan sus principios y aspiraciones clave, mal podría rodearse de individuos que no reflejan la institucionalidad del partido, ni han aportado a la construcción del mismo . En este sentido, dicho partido, y como una consecuencia práctica de sus principios, una vez alcanza el poder mediante los mecanismos de la “democracia electoral”, debería preparar las condiciones y constituir un equipo de trabajo que a lo menos garantizara la realización de los intereses comunes que dotaron de sentido a la institución que representa (el partido político). Este no es, por supuesto, el caso del gabinete de Samuel, ni tampoco lo fue el de Lucho, y en perspectiva, tampoco ha sido el caso de los gobiernos locales de izquierda que desde principios de los ochentas han hecho presencia en distintas ciudades de Latinoamérica.
Se trata de la consabida ausencia de técnicos avezados en la alta gestión pública, lo que parecería explicar que en un gobierno de izquierda exista una amplia participación de “cuadros técnicos de derecha”. No obstante, distintas evaluaciones sobre el desempeño de las administraciones locales alternativas en Latinoamérica, han demostrado que sus programas dirigidos a la superación de la pobreza apenas descifraron estrategias de dotaciones básicas para la población más vulnerable, y no estrategias para la superación efectiva de la pobreza. Lo que es más, hoy es mucho más evidente que ayer que la “infalible” tecnocracia de los más selectos gabinetes de Porto Alegre, Montevideo, Ciudad de México y Caracas, bajo administraciones de izquierda, no sólo aportaron su cuota de corrupción, sino que desestimularon los programas estratégicos de descentralización del poder, de implementación de un sistema tributario progresivo, de renovación urbana para incluir al ciudadano, de servicios públicos de calidad para todos, y de educación pública de calidad para todos los grupos sociales.
En efecto, el gobierno de Bogotá no será la excepción, dada la elección de una corte de escribanos y copistas de las mejores lecciones del liberalismo económico y del populismo uribista, en las secretarías distritales más determinantes para la implementación de un Plan de Desarrollo que, en principio, debería reflejar las premisas de un gobierno con políticas públicas participativas, transparentes, incluyentes y promotoras de distintos esquemas de economía social.
Finalmente, quizás exista una explicación a esta escogencia ciega que se refugia en los seguros y protectores brazos de la tecnocracia que de todo error, mal procedimiento e ineficiencia burocrática salva a cualquier gobernante de izquierda o derecha. Se trata del miedo a gobernar por sí mismos arriesgándose a probar las tesis que se verbalizan con tanta vehemencia en cuanto foro alternativo se lanza en Colombia.
Alexander Martínez Rivillas –PDA Cajicá.
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