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Opinión

La otra orilla
Delito de oposición
Martes 16 de junio de 2009

Por: Cecilia Orozco Tascón

El senador del Polo Jorge Enrique Robledo es el más reciente pero no el último blanco de la insidia oficial. La semana pasada, el ‘neutral’ procurador Ordóñez, quien no ha dado sino muestras de ‘independencia’ frente al Ejecutivo (por ejemplo cuando se inventó, para salvar a los ministros del gabinete, que el delito de cohecho no es cometido por dos personas sino por una), anunció pomposamente que abría indagación preliminar contra el brillante congresista de la oposición. Adivinen por qué.

Aquí hay pocas investigaciones por corrupción pública, extralimitación de funciones, fraude procesal, obstrucción a la Justicia, prevaricato o cohecho. Y si las hay, las cierran rapidito y sin culpables. En cambio, se impulsan y, sobre todo, se publicitan procesos que se basan en presunta pertenencia o connivencia con los “terroristas de las Farc”. Eso sí, los investigados deben cumplir con una única condición: ser de la oposición. Hago la lista de algunos a quienes les han endilgado este novedoso “delito”: Rafael Pardo Rueda, cuando se opuso a la primera reelección presidencial lo acusaron de conspirar con la guerrilla; Gustavo Petro, cuando reveló la penetración del paramilitarismo dijeron que tenía “las manos ensangrentadas”, pero nunca dieron el nombre del asesinado; Piedad Córdoba, le enrostraron traición a la Patria y luego su nombre o un nombre que no era el de ella, pero que dijeron que sí era, apareció en el computador de ‘Raúl Reyes’; Carlos Gaviria, le inventaron que cobraba una pensión fraudulenta y, como les tocó rectificar la calumnia, lo ‘denunciaron’ por no querer “separarse” de los terroristas; el senador Juan Cristo, del opositor Partido Liberal, lo quisieron enlodar con chismes de antaño que no sobrepasaron la categoría del rumor.

No mencionemos, una por una, a las ONG nacionales e internacionales: todas son terroristas, incluso Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Los congresistas demócratas que saludan a Piedad Córdoba, terroristas. Las universidades Nacional y Distrital, guerrilleras; los profesores y estudiantes con capucha o sin ella, guerrilleros. Los periodistas Daniel Samper, Felipe López, Alejandro Santos, Jorge Enrique Botero, Hollman Morris, Daniel Coronell, amigos de la guerrilla; los corresponsales extranjeros que preguntan lo que toca, cuotas del terrorismo.

Y, ¡qué suerte!, pillan el nombre del senador Robledo en el mágico computador de ‘Reyes’ y le envían el dato al Procurador, quien lo recibe dichoso, justo cuando le gana una tutela a la Dian para que entregue datos públicos sobre los negocios de los niños Uribe y de remate le admiten en un tribunal otra tutela contra el Presidente porque éste no quiere responder si sabía o no lo que hacían sus hijos. Hay que ser muy ignorante en la vida para tildar a Robledo de terrorista sólo porque es del Moir. Ése es, fácilmente, el movimiento político que más odian las Farc. Uno podrá estar de acuerdo o no con Robledo, pero no hay quién pueda discutir la limpieza de su vida. Tranquilo Senador, siga adelante con sus tutelas. Estas son las ‘terroristas’ o más bien las que aterrorizan ya sabe a quién. Mientras la democracia se lo permita, ejerza el legítimo derecho de oposición, así traten de criminalizar su opinión.


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