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El debate ideológico en el PDA

Derrotar la política imperial en Colombia: construir un frente amplio por la paz y la democracia
Jueves 13 de marzo de 2008

Por: Fernando Dorado, integrante del PDA Popayán.

Después de la trifulca pública que se armó entre Gustavo Petro y Carlos Gaviria a finales del año pasado, en torno a la posición que debía asumir el Polo frente a los actos terroristas de las FARC (asesinato de los 11 diputados, entre otros), se ha hecho evidente que no tenemos una política unificada y clara.

Frente a una coyuntura tan importante, como ha sido el tema del acuerdo humanitario y el conflicto armado, el PDA se ha limitado a plantear la necesidad de la salida política negociada, y nada más. Acción política no hemos tenido porque cuando no existe una política unificada, el temor a la crítica, los cálculos electorales inmediatos, las apetencias personales o de grupo, son los que están a la orden del día y nos llevan a la parálisis.

En días pasados el compañero senador Jorge E. Robledo, ante una pregunta sobre la coyuntura política (conflicto armado desbordado que desembocó en conflicto internacional), respondió que “ellos no le habían declarado la guerra a Uribe”. Es decir, que ese es un problema entre la insurgencia armada y el Estado.

De otro lado existe en el seno del PDA la posición que apoya plenamente la actitud asumida por Piedad Córdoba y el presidente Chávez, que aboga por el reconocimiento del estatus de beligerancia para las FARC, sin colocarles ningún tipo de condicionamiento en cuanto a abandonar las prácticas criminales, con el argumento de que ello es una consecuencia de la degradación de la guerra.

Otro sector del Polo hace esfuerzos por diseñar una política que le permita a nuestro partido actuar con propiedad frente a dos actores antidemocráticos que se retroalimentan: las FARC y el bloque de derecha uribista. Sin embargo, a pesar de que en esencia la estrategia está clara que es “unir a todas las fuerzas sanas de la nación” (Petro, 12-17-2006), esta propuesta sólo se planteó para enfrentar el tema del paramilitarismo (acuerdo por la verdad), no se amplió hacia la búsqueda de la paz, y no se concretó en acciones prácticas contundentes. Los últimos acontecimientos nos llevan a entender mejor que el conflicto colombiano – en la coyuntura actual – se ha convertido en un verdadero problema geopolítico. Al imperio no le conviene una salida política del conflicto armado colombiano, dado que se pretende convertir a Colombia en punta de lanza contra el proyecto autónomo de integración de Latinoamérica.

Para poder utilizar al Estado colombiano en la implementación de su política imperial, los EE.UU. necesitan continuar fortaleciendo un Estado autocrático, reducir al máximo los espacios democráticos, arrinconar la oposición (no solo la del Polo), y, por ello, – en la coyuntura actual –, necesitan mantener la alianza con todo tipo de mafias internas (paramilitares, burócratas de todo pelambre, y otros). Con la amenaza del terrorismo (ahora ya no sólo el de las FARC sino principalmente el de Chávez), van a tratar de mantener la “hecatombe” y seguir fortaleciendo a Uribe.

Allí surge uno de los dilemas que se vienen planteando dentro del Polo: privilegiamos la construcción de un gran frente político para defender la exigua y debilitada democracia colombiana, jalonando amplios sectores y personalidades que se han venido distanciando de la política de Uribe1, o reducimos dicho frente interpretando que “las fuerzas sanas de la nación” son sólo aquellas que apoyan nuestro programa antiimperialista y antineoliberal.

Es claro que el dilema, así planteado, no es el correcto. Si logramos derrotar el Estado autocrático y antidemocrático que sustenta el bloque de derecha uribista, simultáneamente estamos empezando a derrotar la política imperial. Es claro que en ese frente el PDA no tiene porqué arriar sus banderas contra la globalización neoliberal y por soberanía plena, pero para aislar y derrotar al imperio tendríamos que construir un acuerdo basado únicamente en la forma de salir del conflicto armado y fortalecer la institucionalidad democrática (defensa y ampliación del Estado de Derecho, C.P.N. de 1991).

La Conferencia de Río en República Dominicana comprobó la validez de dicha estrategia en el terreno internacional. Con sapiencia, Chávez colocó la contradicción con el “cachorro” Uribe en un segundo plano, como lo comentó después Fidel Castro en sus reflexiones: “El único derrotado fue Bush”.

De lo que se trata entonces, no es que el Polo renuncie a sus banderas de soberanía, justicia, equidad, democracia plena, etc. Lo que está en juego es leer el momento actual construyendo un frente amplio y democrático que le aseste una derrota al imperio en el campo de la política, de impedir que triunfe el Estado autocrático corporativo que indudablemente está al servicio de las transnacionales y de los entreguistas grupos monopólicos colombianos. Si la política del PDA es la que se coloca al frente, el problema de los candidatos y protagonistas es secundario. Todo depende de la política. Un frente de ese carácter tendría que actuar tanto en lo nacional como en lo internacional, y hacerlo rápido.

En lo interno hay muchos temas que nos pueden unir frente al proceso de destrucción de la institucionalidad en todos los terrenos: económico, justicia, corrupción, relaciones internacionales, mafia y parapolítica, etc. En lo internacional sería fundamental la acción de ese frente. La principal tarea sería hacerle entender a Chávez cómo una política errada frente a las FARC le sirve al imperio para mantener a Uribe y para convertirlo en una herramienta para debilitar políticamente a los gobiernos nacionalistas y democráticos que están surgiendo en América Latina. Y a pesar del aislamiento de Uribe en la Conferencia de Río, es claro que en cada uno de los países latinoamericanos, las fuerzas reaccionarias están a la expectativa, complotando a la sombra para dividirnos, explotando cualquier error, y estimulando el enfrentamiento. Los separatistas de Bolivia, Ecuador y Venezuela son aliados del imperio y trabajan muy de la mano de Juan Manuel Santos, Aznar y todo tipo de reaccionarios. Ellos montaron toda esta arremetida real y mediática, intervención militar con pruebas de computadores, el papel de la OEA y el libreto del embajador Camilo Ospina Bernal, (exministro de defensa), show mediático aprovechando la descomposición de las FARC, y todo lo que está por venir. Son enemigos muy peligrosos y están muy bien financiados.2


notas:

1. El PDA con una política correcta puede jalonar hacia ese frente a amplios sectores de la política colombiana representados en personalidades como Mockus, Angelino, Juan Camilo Restrepo, Juan Gabriel Uribe, Sergio Fajardo, etc. Hay un potencial inmenso en la sociedad colombiana como lo demostraron las marchas del 4 de febrero y del 6 de marzo. Quienes no le jalen a esta política quedarían a la cola de Uribe y del imperio. He allí nuestra ventaja.

2. Ver artículo de Heinz Dieterich “Diez tesis para solucionar el conflicto Colombia”, página web de Rebelión y Aporrea.


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