Compañeras y Compañeros Delegados:
Presento mi cálido saludo a todos los hombres y mujeres que hoy se hacen presentes en esta cita del partido, para confirmar, una vez más, su respaldo absoluto a la disciplina que nos caracteriza y a renovar la mística en los lineamientos ideológicos que nos orientan, y son la base fundamental de las duras batallas libradas y aquellas que vendrán, a fin de mantener siempre en alto las banderas de la paz y la justicia social.
Dentro de dos semanas se cumplirán 37 años de las jornadas memorables del 19 de abril de 1970, cuando el pueblo eligió al General Gustavo Rojas Pinilla como Presidente de Colombia, y las oligarquías coaligadas de los partidos tradicionales le arrebataron el triunfo, que no era solamente suyo sino de las masas populares que lo consagraron como depositario de sus angustias y sus esperanzas.
Entonces era muy niño pero recuerdo que las fuerzas del Gobierno de la época rodearon nuestra casa, nos amenazaron con fusiles y ametralladoras y nos privaron de todos los servicios, hasta el de locomoción. Ni siquiera pude ir a mi colegio porque el bus no podía transitar frente a mi casa. Se desató una despiadada persecución no solamente contra nuestra familia sino contra todos los dirigentes de Anapo, muchos de los cuales fueron golpeados y encarcelados. Quien iba a pensar que, 37 años después, estamos recibiendo el mismo tratamiento de esta vergonzosa administración, cuyo Presidente nos insulta a diario y luego pone a sus áulicos, disfrazados de Ministros, a que también nos maltraten y nos calumnien. No le tenemos miedo a las embestidas de este Gobierno que carece de toda legitimidad.
Estamos con usted, Senador Gustavo Petro, quien con inusitado valor ha enfrentado los ataques insanos disparados de todos los flancos del Gobierno, y por eso condenamos airados los vulgares epítetos del Presidente contra su honra y su conducta; lo mismo hacemos con el Senador Jorge Robledo, extraordinario e intachable parlamentario a quien los zascandiles del régimen lo insultaron por decir la verdad, conocida por todos los colombianos, sobre el mar de cieno en el que nos estamos ahogando, por culpa del paramilitarismo. Los militantes del Polo Democrático Alternativo estamos con usted, doctor Robledo y cerramos filas para defender su honra y su vida de los esbirros de este régimen descarado y corrupto.
Igualmente respaldamos de manera integral al doctor Carlos Gaviria, nuestro Presidente, agredido también cobardemente, por el Primer Mandatario, en medio de su desesperación paramilitar. Con ustedes y con Antonio Navarro, Carlos Lozano y el periódico VOZ, León Valencia y la Corporación Arco Iris, está el pueblo de Colombia que conoce su limpia trayectoria y el acopio de sus calidades intelectuales y morales, a través de todos los actos de su vida pública y privada.
Llegué al senado de la República en 1991 en la lista del M-19, precisamente el movimiento que se formó después del escamoteo electoral de 1970, con el fin de evitar un nuevo fraude en otros comicios. Allí adelanté durante cuatro períodos una ardua tarea en la discusión de muchas leyes, con el propósito de defender, a toda costa, los derechos de los más pobres y desvalidos de nuestra Patria y de Bogotá. Participé activamente en la campaña presidencial de Lucho Garzón, en el 2002 y me cabe el honor de haber sido uno de los fundadores del Polo Democrático Independiente en el año 2003.
Me correspondió liderar el proceso de unidad con los otros partidos y movimientos a fin de llegar a un acuerdo, esperado por las masas, que consideraban fundamental la unión, a fin de enfrentar las luchas presentes y venideras en defensa de los sectores más pobres y perseguidos de la sociedad colombiana. Toda esa bella tarea la adelanté como Presidente del Polo Democrático Independiente. Estas fuerzas ya unificadas, me ratificaron como Presidente del Polo Democrático Alternativo y me correspondió desde esta alta posición liderar el proceso de consulta presidencial, integración de listas y la campaña del doctor Carlos Gaviria a la Presidencia de la República.
Después de los exitosos resultados de esta Campaña Presidencial en que el Polo Democrático le ganó al Partido Liberal con un guarismo de más de 2.600.000 votos, consideré que era apenas lógico reconocer esa realidad política y renuncié a la Presidencias del Partido a fin de que ésta la asumiera el gran triunfador de esa jornada electoral, el doctor Carlos Gaviria Díaz, en quien nos sentimos muy bien representados por su categoría intelectual, sus dotes de insigne jurista y sus virtudes personales.
Desde 1985 he venido recorriendo todos los barios de la ciudad. En virtud de ese contacto con los militantes y dirigentes fui elegido senador con las más altas votaciones tanto en esta bella ciudad como en el resto del país. Conozco con aterrador asombro la tragedia de miles de hogares bogotanos en los que escasea el pan y abunda la pobreza porque a veces sólo uno de los integrantes de la familia alcanza un salario mínimo y otras veces la mitad de un salario, para alimentar a tres o cuatro niños que tienen que vivir hacinados en inquilinatos horribles donde campean todos los vicios. Mientras crece la cifra del desarrollo económico para las grandes empresas, más crece el índice de pobreza de nuestros sectores humildes, que se debaten en el abatimiento y la miseria.
Menos mal que llegó a la Alcaldía Lucho Garzón, a quien sí le duele el dolor ajeno y empezó a solucionar los enormes desequilibrios de una sociedad maltratada, al desarrollar programas redentores como el de “Bogotá sin indiferencia”, “Bogotá sin hambre” y al dar el timonazo en la educación con la construcción de escuelas y colegios en todos los barrios y con el estímulo del auxilio a fin de que los educandos puedan pagar su transporte y consuman por lo menos una comida al día. Ya los bogotanos están sintiendo el influjo de lo predicado a través de tantos años de intensas campañas, por el respeto a los valores del hombre y el acatamiento a las normas de la equidad, contemplada en nuestra Constitución y en el manual de los Derechos Universales. Toda la doctrina del PDA y de los diversos movimientos que le integran renueva su fe en los postulados de justicia social, económica, cultural y política, al lado del pueblo raso, a fin de enfrentar, en desigual lucha, a los altos poderes del Estado que gastan sus millones en propaganda mendaz y utilizan los dineros del contribuyente en la feria de los contratos y la compra de las conciencias para fabricar sus mayorías mentirosas.
Hay que salvar a Colombia de la catástrofe en que hoy agoniza y contestar presente a los anhelos del ciudadano que en nosotros deposita su confianza y su afán de redención definitiva.
Hay que consolidar, con el triunfo de la Alcaldía para el PDA, el modelo de ciudad que todos soñamos. Bogotá es la capital de las regiones, aquí conviven las colonias de nuestros departamentos y debemos responder a sus inquietudes y sugerencias, con acendrado esmero. Queremos una ciudad sin sobresaltos, sin desorden, sin hambre, sin desesperanza. Bogotá debe ser una ciudad moderna, que atraiga a los turistas y a los empresarios extranjeros a fin de crear empleo y renovar las fábricas a fin de explotar sus productos y puedan renovar su maquinaria y mejorar la mano de obra.
Quiero servir a Bogotá. Continuar y perfeccionar las obras buenas de otros alcaldes, impulsar el civismo educativo; quiero una ciudad para la gente pero sin abandonar la gente, quiero proseguir la estupenda obra social de Lucho Garzón, mejorando la movilidad. Deseo mejorar el medio ambiente y realizar una masiva construcción de vivienda. Lucho dice: “nadie sin hambre”; yo agrego: “nadie sin casa”.
Deseamos un sistema de integrado de transporte masivo, igual al de las grandes capitales del mundo, Bogotá necesita la construcción del metro, una de las pocas ciudades con más de 7 millones de habitantes que no lo tiene; anhelo además un tren de cercanías y la rehabilitación del corredor férreo. Hay que terminar Transmilenio, pero no estoy de acuerdo con su circulación por la carrera 7ª porque no cabe y su costo sería exorbitante. Recordemos que hace 50 años, el General Gustavo Rojas Pinilla tenía contratado el Metro, por concesión, con una firma japonesa y el frente nacional desechó la propuesta. Hace 25 años se volvió a revivir la idea pero no logró cristalizarse. Bogotá necesita con urgencia esta obra.
La responsabilidad nuestra, compañeras y compañeros, es inmensa; no nos podemos equivocar al escoger a quien mejor pueda desempeñar tan importante cargo, como es la Alcaldía de nuestra ciudad. La tarea de quien aspire a suceder al actual burgomaestre es ardua y difícil, el compromiso es demasiado serio y por eso no podemos fallar.
Yo respeto las reglas que se adopten, porque soy un militante disciplinado. Soy un hombre de partido. Si se aprueba el consenso, estoy dispuesto a acatarlo sin vacilaciones; si se escoge la consulta, estoy listo para participar en ella, convencido de que la unión, la unidad de voluntades nos hará más fuertes, más determinantes, casi invencibles.
Si alguien distinto a mí gana el consenso o la consulta, me pondré a la cabeza de su campaña; lo mismo les pido a los demás candidatos, si yo soy el ganador. No puede quedar ni una herida, ni un resentimiento, ni una molestia. Cuando termine el proceso empezará la campaña y allí estaremos en la vanguardia para luchar con ímpetu, con decisión, con energía, a fin de que el Polo Democrático Alternativo gane de nuevo la Alcaldía de Bogotá y ponga el Gobierno al servicio de todos los bogotanos, sobre todo de los más humildes, de los más desprotegidos, de los más pobres.
Esa es la batalla que vamos a librar unificados y alegres. Esa es nuestra inmensa responsabilidad y esta es la más bella empresa: servir sin descanso a la comunidad bogotana y a todos sus habitantes.
Admiro la vitalidad de nuestra raza. Con ella tenemos que lleva esta ciudad a una altura universal. Estamos en un mundo globalizado. Bogotá tiene que ser una ciudad para mostrar al mundo, para competir en el mundo. Su impulso debe ser incontenible. El vigor de la sangre así nos lo pide, así nos lo señala. Hagamos lo imposible, hagamos un esfuerzo colectivo para que Bogotá marche hacia adelante. El destino de Bogotá está en las manos del pueblo. Por eso su futuro será radiante.