La otra OrillaEstados Unidos busca un acuerdo para la libre circulación de mercancías. Sin pensar en una política común para la circulación libre de las personas, sin tocar los jugosos subsidios que le da a su agricultura, sin hablar de fondos de compensación para los países más pobres.
Otra vez no hay acuerdos de fondo para la integración en la En Suramérica ha ido surgiendo un proyecto que habla de libertad comercial, pero también de la urgencia de acuerdos para la migración y para preservar los derechos de los trabajadores. Es un discurso de integración que entiende las enormes desigualdades entre países ricos y pobres y busca aprovechar los pactos comerciales para mejorar las condiciones de vida de los más necesitados.
Los analistas llaman las propuestas de E.U.como integración vertical, y las surgidas en el sur como integración horizontal. En realidad, en el sur de América se está acudiendo al ejemplo de la Unión Europea para buscar un acomodo digno en la globalización.
Armando Di Filippo habla de acuerdos tipo A y B. Los primeros son acuerdos preferenciales de mercado, y los segundos, uniones aduaneras y mercados comunes. La diferencia más importante es la irrupción en los acuerdos de tipo B de los temas sociales. Lo dice en un artículo para la Cepal del 2001.
Ya los países del Mercosur suscribieron en Brasilia, el 6 de diciembre del 2001, el Acuerdo sobre Residencia para Nacionales de los Estados Partes y Estados Asociados, que facilita la residencia y estipula la igualdad de derechos civiles plenos para todos los migrantes.
Detrás de la retórica hiriente del presidente Hugo Chávez también palpita esta idea. Su vinculación al Mercosur así lo testifica. Chávez presenta esta aspiración en un lenguaje que evoca un antiimperialismo de viejo cuño. En Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, lo que existe es una tranquila búsqueda de una integración más equitativa con la economía de Estados Unidos y los países del norte.
El presidente Clinton comprendía un poco más estas aspiraciones de América Latina y en su tiempo la Cumbre se realizaba en un ambiente de esperanza. Se creía que se podría avanzar hacia una integración menos onerosa para el sur. Bush llegó para apretar las cosas, sobre todo después del 11 de septiembre. Le dio a la integración un sesgo puramente comercial y distante de cualquier concesión a las reivindicaciones de los ciudadanos del sur.
Entre tanto, en toda América Latina se realizaba un gran giro hacia la izquierda. Primero, en el sur, con los gobiernos de Lula, Lagos, Kirchner, Tabaré Vázquez y Chávez, y ahora hacia el norte con el triunfo de Torrijos en Panamá y con la delantera que lleva en las encuestas Manuel López Obrador en México. Este cambio fortalece la búsqueda de un proyecto de integración horizontal y la idea de que la primera tarea es la conformación de bloques regionales, como el de la Unión Suramericana de Naciones.
La tensión que se presenta en la Cumbre del Mar del Plata, los cruces de palabras, los desplantes del evento alterno llamado ‘Contracumbre’, con rutilantes estrellas de la política, las letras, la farándula y el deporte, no son más que manifestaciones externas del enfrentamiento entre dos modelos de integración.
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