La fecha que marco el siglo XX Colombiano fue el 9 de abril de 1948 y es tal su impacto que sus consecuencias nos siguen hasta este nuevo siglo, nos marcó de manera tan profunda por dos razones principalmente: allí termino la mayor expresión de un movimiento social reformista en toda nuestra existencia y con el se abrió una senda de violencias y retaliaciones que continúan hasta el día de hoy.
Muerto Jorge Eliécer Gaitán, el gobierno del Presidente Ospina Pérez, decretó que su memoria debía ser preservada para las nuevas generaciones y en consecuencia ordeno que su casa en el Barrio Santa Teresita en Bogotá y las dos manzanas adyacentes fueran declaradas patrimonio histórico, esta intención fue más retórica que actitud de coherencia.
Solo hasta que Gloria Gaitán, la única hija de Jorge Eliécer y quien ha consagrado su vida a mantener la memoria de su Padre, siendo parlamentaria durante la administración del Presidente Alfonso López, trabajó por la promulgación de una Ley que hiciera efectivo el propósito de preservar la memoria de Gaitán, logrando mediante desarrollos legislativos que se creara el Centro Jorge Eliécer Gaitán -luego Instituto Colombiano de la participación- institución que tenía como finalidad el proyectar la memoria de los movimientos sociales y de las historias que se sucedieron luego del magnicidio de Gaitán, que no es otra que la historia social y política de la segunda mitad del siglo XX.
Como parte del empeño de dotar a la sociedad Colombiana de espacios para preservar la memoria y construir una valoración plural sobre los acontecimientos en los que se ha desenvuelto la historia de Colombia, el Centro Jorge Eliécer Gaitán, promovió la construcción de un “exploratorio”, un hermoso edificio que ganó el premio nacional de arquitectura del año 1986, diseñado por el insigne arquitecto Rogelio Salmona, concebido como un espacio para recoger a su interior la memoria de los movimientos sociales, el mantener la vida de quienes la han perdido en las borrascas de las violencias, organizar los archivos de quienes han trabajado por el cambio, entre otras iniciativas, en la línea de preservar la memoria y constituir un espacio físico para recrear de manera artística y cultural los procesos sociales.
Este proyecto inició su construcción en el año de 1989, al lado de la casa de Jorge Eliécer Gaitán y al día de hoy es una obra inconclusa, a medio hacer, que proyecta lo que puede ser su grandeza en medio de un ambiente de resistencias a su finalización.
El país se parece demasiado a esta historia, declaraciones llena de retórica y poca actitud de cumplir con la palabra, intenciones de cambio que se quedan a mitad de camino, un país que puede ser una gran obra de convivencia y desarrollo, pero que se trunca ante tanta mezquindad y poco espíritu de asumir las reformas que nos hagan orgullosos por nuestra capacidad de crecer, de construir instituciones garantes de un orden justo, de avanzar a una cultura política de pesos, contrapesos y alternancias que hagan posible proyectarnos como una nación incluyente y equitativa.
El gobierno del Presidente Álvaro Uribe, nombro como Director del Instituto Colombiano de la Participación al reconocido Periodista Hernando Corral, quien luego de consultas y valoraciones, propuso la disolución del Instituto a su cargo y que el conjunto de bienes, entre ellos la Casa Museo Jorge Eliécer Gaitán y el inacabado “exploratorio” pasaran a la Universidad Nacional de Colombia.
Terminar con la obra del “exploratorio” y darle un espacio en la construcción de la memoria, colocando al centro una comprensión plural y rigurosa de estas violencias que nos han acompañado desde el 9 de abril del 48, puede ser un paso importante para cerrar las heridas abiertas, en lo cual puede y debe jugar un destacado papel la Universidad Nacional pero es igualmente una oportunidad y un reto para la recién constituida Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, quien debería colocar estos propósitos en su agenda de trabajo, de manera concertada con quien hoy es responsable de estos espacios.