Luis Eduardo Garzón
Martes 22 de julio de 2003
Sí. Contra viento y marea, logramos la decisión. Creamos el Polo Democrático Independiente, PDI, no como una coalición electoral, sino como un partido político.
Nunca la izquierda democrática y los sectores independientes habíamos tenido tanta dificultad para expresar nuestras opiniones, como consecuencia del culto a la personalidad que hoy rodea al Presidente de la República, pero al mismo tiempo, tantas oportunidades para irrumpir como alternativa en el escenario político. Al amparo de unas nuevas reglas del juego, el PDI empieza a superar la sopa de letras en que la izquierda se ha convertido, y entra con fuerza en medio de unos partidos tradicionales en demolición, sin renovación generacional y desprovistos de discurso propio. En otras palabras, carentes de opción de poder.
La reforma política es una creación de los liberales y los conservadores, a imagen y semejanza de sus intereses y dinámicas. Pero no contaron con que muchos sectores alternativos picaran en punta y derrotaran el gran mito clientelista: ningún político sacrificará su interés personal por un proyecto colectivo. Hoy día, "azules" y "rojos" están abrumados por su propio invento: la dirección de los conservadores no sabe si va o viene, y sus cuadros más representativos como Juan Camilo Restrepo, Juan Gabriel Uribe y Augusto Ramírez Ocampo, son sus críticos más tenaces. Mientras tanto, el Partido Liberal, en Bogotá, no ha sido capaz de organizar una consulta y la cambió por una licitación, en busca de que un Santo le resuelva el problema.
Por los lados uribistas, no hay un partido sino dos. Uno, hecho en las fincas de Córdoba, y otro, en los salones de Bogotá, y lo único que los une es la U de "Ubérrimo". Y como seguidores del Gobierno, no han dicho nada frente a la agenda económica con la que se está dirigiendo hoy el país. A punta de huecos y sus correspondientes pinchazos se seguirá ampliando la franja de indigencia y pobreza de grandes sectores de colombianos que, como dicen las estadísticas, han reducido en un 7% la demanda de alimentos en el primer semestre del año. Con el agravante de que ahora nos anuncian el adelanto en la ampliación del IVA, y gravámenes para las pensiones. Cómo será de grave esta política de salvamento del Gobierno que hasta el presidente de la Andi, con megáfono incorporado y en pleno mitin en el Consejo Gremial, rechazó esa iniciativa.
La historia de las alternativas políticas en este país está marcada por la frustración. Algunos intentos fueron eliminados físicamente tanto por agentes del Estado como por fuerzas paramilitares. Otros, cuando no terminaron fusionados a las filas del Partido Liberal bajo la retórica de una "democracia ampliada", convertidos en un simple ropaje para la reproducción de las microempresas electorales, terminaron ahogándose por la falta de generosidad política, porque ninguno de sus protagonistas quiso ceder su pequeño feudo de poder, con el argumento de que "es mejor ser cabeza de ratón que cola de león".
Tienen razón quienes señalan que lo ideal hubiera sido una construcción mucho más colectiva y democrática de este proceso. Por eso entiendo que personas de la autoridad humana y política de Carlos Gaviria, Wilson Borja y Alexander López hayan aceptado la decisión de su colectivo para dar una espera hasta finales de septiembre, en relación con el apoyo o no al PDI.
Con todo y ello, no deja de ser gratificante que personas que reflejamos la diversidad política hubiésemos podido converger en este acto de fundación, con la participación de dirigentes sociales y sindicales, de movimientos de paz, de organizaciones de derechos humanos y, especialmente, cumpliendo con el 30% de participación política de las mujeres que establece la ley.
Lo cierto es que aquí cabe reiterar que el momento no da para continuar con la fragmentación con que usualmente funcionamos en la izquierda. Todas las posibilidades de crecer están dadas. Allá quienes consideren que pudiendo calzar 40, sigan usando zapatos número 32.
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