De nuevo, los debates internos del Polo Democrático Alternativo adquieren dimensión pública. Para quienes añoran el legado leninista del denominado "centralismo democrático" o los que elevan a categoría política aquello de que "la ropa sucia se lava en casa", o los que canonizaron la "unidad" del Polo para condenar la controversia y la polémica al cuarto cerrado de los límites organizativos del Partido, ello es inconveniente y hasta condenable.
Todo lo contrario. Una fuerza política que aspira a gobernar la sociedad, que pretenda interpretar el interés público, que quiera conducir las instituciones públicas por el camino de la atención a las crecientes y cada vez más exigentes demandas ciudadanas, tiene inevitablemente que dirimir sus contradicciones políticas en la arena pública, que es además, el hábitat natural de la política.
Pero que mejor ocasión para que el país conozca y delibere sobre el proyecto de izquierda democrática que requiere y merece la sociedad colombiana, que la celebración del próximo Congreso del Polo a celebrarse en febrero del 2009, para lo cual se realizarán elecciones de los mil quinientos delegados y delegadas que lo conformarán. Más aún, debemos saludar la vitalidad que le imprime al Polo y a la política colombiana, el debate que en buenahora se ha abierto de cara a nuestro Congreso.
Lo que está en juego no solo es el futuro de un proyecto político en particular. Sin ninguna pretensión grandilocuente, en un régimen político caracterizado por el monopolio oligárquico del ejercicio del poder público o por la reiterada apelación a la violencia en la lucha política, la configuración de un proyecto de las izquierdas que fortalezca el carácter pluralista de nuestro sistema político y que contribuya a la desmilitarización de la contienda política, es ni más ni menos, que una discusión que compromete el futuro de Colombia como nación democrática.
Por ello, la elección de delegados para el Segundo Congreso del Polo del próximo 26 de octubre definirá la correlación de fuerzas de las distintas agendas y prácticas políticas que de ellas se derivan, que están hoy en confrontación. De los resultados de dicha elección dependerán las decisiones que el Polo tomará en febrero del año entrante.
Quienes nos empeñamos en hacer del Polo un proyecto de izquierda moderna, conectada con los grandes problemas contemporáneos, comprometida con la democracia plena y con los derechos de la ciudadanía, creemos en primer lugar, que debemos enviar un mensaje de tranquilidad que nos permita reclamar la confianza de la sociedad colombiana para conducirla hacia el postconflicto y la reconciliación. Ello significa una ruptura categórica y permanente con la violencia y al mismo tiempo, un alinderamiento del lado de los derechos de todas las víctimas.
Es menester que el Polo desarrolle una agenda social que revele un compromiso con los derechos, una apuesta por la superación de la pobreza, y todo tipo de exclusión y segregación. Ello, instalándose en las complejas realidades del actual mundo global que nos plantean nuevos desafíos derivados del cambio climático y las transformaciones sociales y culturales.
La búsqueda de una mayor y mejor democracia constituye una exigencia para el Polo como opción de poder. Por ello, debemos reafirmar nuestra defensa del contenido democrático de la Constitución del 91, la lucha por la superación de la parapolítica y de todo tipo de interferencia de las mafias o de estructuras ilegales en la política y la reivindicación del pluralismo como un valor a promover en la actividad pública.
Con estas ideas y con estos valores los invitamos a participar el 26 de octubre acompañando las listas regionales y nacionales que quieren un Polo abierto, decente, confiable y moderno. Un Polo capaz de convocar una coalición que en el 2010 les ofrezca a los colombianos y colombianas una agenda de cambios hacia el postconflicto. Un Polo que define su rumbo de cara a la opinión pública. Un Polo que toma necesaria distancia del oscurantismo político.
Septiembre 1 de 2008