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 12 de marzo y 28 de mayo
El Pulso entre izquierda y derecha
Luis I. Sandoval M /ISMAC


Viernes 7 de abril de 2006

El uribismo ganó las elecciones parlamentarias del 12 de marzo, pero ello no quiere decir que la derecha haya doblegado a la izquierda. No ocurrió en esta oportunidad ni ocurrirá en las elecciones presidenciales cuya primera vuelta tendrá lugar el 28 de mayo. La metáfora del pulso sirve para entender lo que acontece: cuando dos personas echan un pulso el que inclina por momentos el brazo del otro no es necesariamente el que triunfa al final.

El uribismo predomina, pero desde las elecciones parlamentarias y presidenciales del 2002 está activo y en ascenso el principio de oposición. En octubre de 2003, se produce el shock político de la izquierda democrática con dos extraordinarias manifestaciones: la derrota del referendo retrógrado y la victoria de candidaturas independientes en Bogotá, Medellín, el Valle, Pasto y una veintena de municipios más.

Hay que tomar en cuenta los guarismos electorales pero también la dinámica tendencial de los dos grandes bloques políticos que se materializan en el inmenso archipiélago uribista por una parte y, por otra, en el expansivo continente de las fuerzas democráticas y de izquierda que está ganando condiciones cada vez más claras y sólidas de unidad.

Primero las cifras: los partidos uribistas juntos, que no unidos - el Partido de la U., Conservador, Cambio Radical, Convergencia Ciudadana, Alas Equipo Colombia y Colombia Democrática - representan en el nuevo congreso el 68% de Senado y el 59% de Cámara, mientras la oposición expresada en el Partido Liberal y en el Polo Democrático representa el 28% de Senado y el 27% de Cámara.

Claro que el uribismo es mayoría, pero en un escenario de democracia de minorías. La abstención en esta ocasión, cuando la propaganda y el dinero brillaron por el derroche, ronda el 60%. Los votos emitidos solo llegan al 40% (10.780.668) y los sufragados por el uribismo (6.382.434) solo representan el 24% del potencial electoral (26.595.121). Aparte de ello los votos nulos (1.053.721) y los no marcados (336.539) alcanzan el record del 14% lo que denota la enorme dificultad de los ciudadanos para votar y de los jurados para contar los votos.

Frágil es el hecho de que por un momento el pulso se incline a favor del uribismo en un contexto tan amplio de abstención porque ello significa que grandes volúmenes de opinión podrían en determinadas circunstancias ser atraídos por la otra fuerza cambiando el sentido de la inclinación. Hay analistas que refuerzan aún más esta posibilidad al observar que Uribe ya estaría en el límite de lo que puede movilizar, mientras la oposición, al menos en uno de sus componentes, el Polo Democrático, con un candidato especialmente atractivo, podría expandirse aceleradamente.

Veamos las consultas internas efectuadas el mismo 12 de marzo. La consulta del Partido Liberal arrojó 2.462.428 votos de los cuales Horacio Serpa obtuvo el 47.21%. La consulta del Polo Democrático arrojó 1.234.802 votos de los cuales Carlos Gaviria obtuvo el 52.55%. Especialmente interesante es la situación de las dos fuerzas que convergen en ser oposición y compiten en ser alternativa. Su primera responsabilidad es impactar de tal manera la opinión, particularmente los jóvenes, que se reduzca sustancialmente la abstención y se obligue a Uribe a ir a la segunda vuelta. ¿Cuál de las dos está en mejores condiciones para asumir el reto?

Son menos de dos meses lo que resta para modificar el cuadro que quedó configurado el 12 de marzo. Algo fuera de lo común tendría que producirse para que el pulso se incline a favor de las fuerzas alternativas en la contienda presidencial del 28 de mayo. Hay que hacer todo lo posible para que ello ocurra, pero bien puede pasar que el esfuerzo sólo dé resultados en el 2007 (próximas elecciones regionales) o en el 2010 (siguientes elecciones presidenciales).

* * *

La primera condición de triunfo es la convicción de que Uribe, su proyecto y su coalición de derecha son derrotables. El Partido Liberal, en franco declive, propone cambiar a Uribe por un demócrata viejo, el Polo Democrático, en expansión, propone cambiar a Uribe por un demócrata renovador. Carlos Gaviria Díaz, candidato de las fuerzas sociales, democráticas y de izquierda unidas, genera esperanza e inspira confianza. El Partido Liberal parece un buey cansado, el Polo luce como un brioso corcel aún indómito, pero pleno de energías y ansioso de emprender carrera a campo traviesa. Las dos fuerzas se oponen a Uribe, de ellas surgirá la alternativa. Corresponde al PDA tomar la iniciativa en la construcción de una estrategia que conduzca a la victoria, es decir, debe el Polo producir ese algo fuera de lo común que es necesario. Se requiere otro shock de la izquierda democrática como en octubre del 2003. Actuar a tiempo y con decisión, pero también preservar las fuerzas porque el contexto no es de garantías reales, más bien lo es de garantías hostiles como lo muestran varias hechos, uno especialmente alarmante, la desaparición de Jaime Gómez Velásquez, asesor de la Senadora Liberal Piedad Córdoba, en Bogotá. El establecimiento apela al terror para frenar a la oposición.

Los contendores de Serpa en la consulta liberal, no todos orientarán su caudal electoral hacia el ganador, unos se sumarán a Uribe, pero otros, sin duda, se sentirán atraídos por el paladín del Estado de Derecho Carlos Gaviria. Gaviria convoca al centro renovador y a la izquierda democrática transformadora.

Uribe, conociendo sus limitadas mayorías, ha tenido la audacia de llamar a las bases del PL y del PDA a que adhieran a él, pero podría ocurrir lo contrario, que sectores uribistas voten por Gaviria. Tal paradójica situación se daría, entre otras circunstancias, si por efecto del desprecio a los partidos, aún a los propios, y el afán de ser el protagonista único, Uribe obliga a algunos de sus partidarios a buscar otros caminos. Las torpezas de Echeverri Correa pueden servirnos.

El Polo no debería desechar ninguna posibilidad de sumar fuerzas y su llamado debería llegar aún a candidatos como Alvaro Leyva, claramente contrario a Uribe y decidido por la paz, o como Antanas Mockus, obligado a distanciarse de Uribe levantando puntos programáticos perfectamente asimilables en el proyecto de construir democracia y combatir las desigualdades.

La suerte final del pulso no está echada, Colombia se adentra cada vez más en un juego dialéctico entre autoritarismo y democracia, una característica de la opinión colombiana que se expresa en encuestas y en elecciones es su movimiento pendular, la derechización de los últimos años bien puede tornarse en un regreso al centro y aún a la izquierda como ya ha ocurrido en ciudades y departamentos importantes y en consonancia con el sentido que toma la política en el continente. Las elecciones presidenciales no necesariamente se calcan en las parlamentarias.

Vale para concluir la observación de la analista mexicana Beatriz Stolowics: “El accionar político de la izquierda es mucho más vasto que la disputa electoral. Pero ésta tiene hoy una gran vitalidad, pues nunca como ahora la izquierda tuvo la posibilidad de disputarle gobiernos a la derecha, dado el desprestigio que tiene por el rechazo al neoliberalismo” (B.S. 2004).

Esta vitalidad y esta posibilidad dependen en gran parte de los jóvenes que como ocurrió al final de los noventa con el movimiento Los Jóvenes Podemos Salvar a Colombia y el recurso a la séptima papeleta, y como hoy ocurre en Francia con la rebeldía ante una regresiva legislación laboral, también ahora los jóvenes pueden ser el factor definitivo para que la primavera democrática llegue a Colombia. Ellos harán que el pulso lo gane ahora la democracia.

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