Entre el 2 y el 4 de junio se realizó en Bogotá el Primer Congreso Nacional del Polo Democrático Independiente con asistencia de 1400 delegados, el cual eligió candidato presidencial, aprobó la Plataforma Política y los Estatutos y nombró la Dirección Nacional de este partido. El evento fue la culminación de una importante movilización política que significó el registro de 83000 afiliados, la elección por buena parte de ellos de 989 delegados departamentales y del Distrito Capital al congreso y la realización de numerosas asambleas, reuniones e intensas jornadas de movilización y discusión política.
Esta experiencia significa un avance para la izquierda democrática en la mira de consolidar un proyecto político coherente, alternativo y viable que marque la diferencia, a partir de asumir con todas sus consecuencias la renovación política, en ruptura con la degradación presentada de los partidos y de las formas tradicionales de hacer política. También es el reto por construir un proyecto de actuación nacional, en desafío a la violencia política y a la ausencia de un régimen de garantías que haga posible el respeto al ejercicio del pluralismo y a la expresión de las distintas vertientes de la oposición política. En estos propósitos el PDI ratificó como su aliado más cercano a la convergencia Alternativa Democrática y la disposición a avanzar en el entendimiento con otros sectores políticos progresistas, para lograr incidir de manera determinante en la recomposición que se gesta en el mapa político colombiano.
Despliegue político y posicionamiento del PDI
El PDI es de creación reciente, julio de 2003, a partir de un acuerdo entre distintos sectores políticos, congresistas y líderes sociales, el cual si bien contaba con un proceso unitario previo tuvo como catalizador la reforma política. En tal situación su equipo fundador elaboró de manera ágil pero consensuada los documentos de Plataforma Política, Estatutos y Normas Éticas que sirvieron de soporte a su registro legal. Sobrevino entonces una fase de consolidación partidaria y de acumulación de espacio político.
En lo referido a la organización del partido procedió a un trabajo regular de su Junta Nacional y su Mesa Directiva conformada por los presidentes y vicepresidentes (as) que se alternaron en cumplimiento de las tareas encomendadas. Pero a la vez, el desarrollo del partido en las comisiones de trabajo, bancadas y especialmente en las regiones avanzó con irregularidades, en medio de la realización de asambleas locales, nombramiento de equipos de coordinación departamental y sesiones ordinarias de la Junta Nacional que consiguieron definir colectivamente posiciones en torno a distintos temas políticos del interés nacional, en un ejercicio que potenció la construcción del proyecto político.
En el panorama político constituyó un logro decisivo para el PDI el triunfo en las elecciones para la alcaldía de Bogotá, D.C., con Lucho Garzón, en coalición con el Partido Liberal; así mismo obraron como acumulado importante otra veintena de alcaldías ganadas en municipios de varios departamentos y la participación en varias coaliciones democráticas igualmente ganadoras en las gobernaciones del Valle y Nariño así como la significativa representación conseguida en numerosos consejos municipales y en varias asambleas departamentales. Por su parte, la actuación de los congresistas del PDI ha sido destacada, tanto en materia de control político como con diversas iniciativas, a la vez que han conseguido importante proyección en el debate político nacional.
A la vez, en oposición a las políticas gubernamentales dado su carácter autoritario, de detrimento de los avances constitucionales, inconsecuencia con la grave crisis humanitaria, fomento de la guerra, retroceso en políticas sociales y apoyo irrestricto a las políticas y a la ingerencia estadounidense, el PDI se vinculó a la Gran Convergencia Democrática consiguiendo incidir en la derrota del referendo promovido por el gobierno para imponer ajustes fiscales y medidas de detrimento laboral, a la vez que promovió el debate político y la lucha social, con importante despliegue partidista en distintas jornadas emprendidas.
El Congreso y sus principales conclusiones
En la preparación del Congreso fue importante la discusión de la Plataforma Política, trabajo encargado a la Comisión Política que organizó una serie de espacios de debate y reelaboró la nueva propuesta. La Junta Nacional realizó una jornada especial dedicada a la discutir en detalle los proyectos de Plataforma Política y Estatutos y para definir asuntos de la organización del Congreso. A pesar de los desarrollos, el énfasis se hizo en las propuestas programáticas centrales y en la preparación de la propuesta de programa de gobierno, mientras que otros aspectos programáticos e ideológicos podrán ser tratados en un conferencia o un próximo congreso del partido.
En el Congreso se destacó la presencia de delegaciones de casi todos los departamentos, de diversos sectores sociales y poblacionales, delegaciones de partidos políticos colombianos y de partidos de izquierda democrática de otros países latinoamericanos y de varios países europeos. Y en virtud de la reglamentación se posibilitó la elección de delegados con un 30% de mujeres, 20% de menores de 30 años y 10% de minorías étnicas y de la población LGTB.
Los precandidatos presidenciales del PDI presentaron sus discursos y se procedió a la elección del candidato por votación de los delegados. Este fue un ejercicio que permitió confrontar tesis y propuestas hacia la plataforma de gobierno, bajo el compromiso previo de actuar de manera unitaria, respetar los resultados y acoger el programa y la dirección del partido. El ganador fue Antonio Navarro Wolff quien llamó a la defensa de la Constitución de 1991 ante el “intento temerario de contrarreforma”, señaló al gobierno de autoritario y reaccionario y llamó a conseguir la paz sobre bases reales, en crítica al fracaso de las negociaciones de Pastrana con la insurgencia y ante el previsible fracaso de Uribe con los paramilitares. A la vez, demandó para las Fuerzas Militares una nueva doctrina y una orientación para la paz; propuso una renta básica frente a la pobreza; varias medidas sociales y un referendo para decidir sobre el TLC.
La Plataforma Política fue aprobada. Sus tesis centrales refieren profundas transformaciones sociales y políticas y la defensa y profundización de la reforma democrática con opciones civilistas. Demandan el pluralismo, la inclusión social y la superación de la pobreza. La recuperación de los derechos humanos, la paz y la seguridad como asuntos prioritarios. La redistribución de la riqueza en términos de equidad social; la afirmación de la soberanía nacional ante la banca internacional en demanda de que cese la desnacionalización de la economía, la imposición del modelo neoliberal fracasado y para renegociar y reestructurar la deuda externa. A la vez exige freno a la desmedida especulación rentista y financiera; conseguir un nuevo tipo de economía que combine el mercado con la economía social; realizar la reforma agraria y construir un modelo alternativo basado en la producción, el trabajo, el bienestar social y la integración latinoamericana y caribeña.
Entre las propuestas se destacaron el reordenamiento territorial con base en las regiones; el cuestionamiento al presidencialismo y la demanda de un régimen político garantista; el estímulo a las formas de ejercicio de la soberanía popular; la urgencia del retorno de los campesinos desplazados; la superación del conflicto armado en el marco de las soluciones políticas y dentro de los principios de verdad, justicia y reparación a las víctimas; el reconocimiento de la grave crisis humanitaria y la adopción de soluciones en consecuencia; la aplicación de medidas eficaces frente a la extensión de la pobreza y propuestas en materia de salud, seguridad social, educación, en lo laboral, lo ambiental, la cultura y los medios de comunicación. Desde las mujeres se afirmó la perspectiva de género en rechazo al autoritarismo en lo público y lo privado y la libre opción de la maternidad; los grupos étnicos exigieron los derechos colectivos con todas sus implicaciones; los jóvenes rechazaron el servicio militar obligatorio y propusieron el derecho a la objeción de conciencia y el sector LGTB llamó a condenar la hemofobia y a respetar la orientación sexual.
Igualmente fue aprobado el proyecto de estatutos que establece una estructura básica pero con consideraciones orientadas a fortalecer el carácter amplio del partido y los procedimientos democráticos a través de asambleas, organismos de base, diversas formas de participación y consulta, énfasis en el método del consenso y cumplimiento de los porcentajes exigidos para estimular la inclusión de determinados sectores. Así mismo, se enfatizó en la necesidad del control, la rendición de cuentas, la alternación y la renovación. Se aprobó una Junta Nacional más amplia, con participación de las regiones, la cual designará el presidente, un secretario general y varios vicepresidentes que presidirán las secretarías y comisiones de trabajo. Una norma nueva se refiere a las relaciones del partido con los gobernantes elegidos por el propio partido, la cual les establece mandatos éticos y programáticos, mecanismos de coordinación para lograr unas acertadas relaciones y la creación de espacios institucionales para tratar sobre las políticas públicas y posibilitar el control político.
Algunas consideraciones críticas sobre las prácticas políticas
No obstante el balance en positivo conseguido por el PDI en torno a la preparación y realización de su primer Congreso Nacional, es conveniente comentar acerca de algunos errores, falencias o dificultades, en la óptica de alimentar la sana crítica y animar los correctivos. Al respecto, el Congreso como fue previsto aún no consiguió el conjunto de definiciones ideológicas y programáticas necesarias; el debate es incipiente, la conformación de corrientes o tendencias apenas se insinúa con baja sustentación y escaso desarrollo de propuestas, es débil y no suficientemente valorado el trabajo y la inclusión de la intelectualidad que pueda aportar, falta concreción de análisis y propuestas desde los sectores sociales y desde las problemáticas para nutrir al partido con sus aportes. Además, pesan opiniones pragmáticas que desestiman estos esfuerzos y abogan de manera unilateral por el efectismo político o la interpretación unilateral del importante elemento del posicionamiento en la opinión.
El Precongreso y la Junta Nacional de Melgar entre las discusiones del orden político destacaron especialmente la consideración sobre el nivel de las transformaciones socioeconómicas a lograr por un gobierno del PDI conquistado en un contexto de alianzas; respecto de lo cual se esbozaron dos posiciones: una más inclinada a la transición progresiva en correspondencia con las posibilidades que ofrezca la situación, el nivel de aliados y las posibilidades económicas, y otra que argumentó compromisos de transformación social más decididos como respuesta ante la grave polarización en términos de exclusión social existente. En contraste, las discusiones de las sesiones del Congreso mostraron distintos temas en discusión, lo cual expresa en un sentido enriquecimiento pero en otro dispersión política e incluso algunas posiciones que incluso llegan a reñir con los acuerdos básicos fundacionales.
Pero de otra parte, sería equivocado pensar que la definición de tendencias se haga alrededor de las procedencias políticas o simplemente de los liderazgos personales o de los congresistas o de las campañas electorales para el efecto, puesto que ello conllevaría a alimentar fracciones de carácter grupista, burocrático y que debilitarían la integración política conseguida y los desarrollos políticos integradores. Además, en las nuevas realidades políticas del partido y del contexto político pueden darse sin prevención nuevos realinderamientos, o posiciones diversos en distintos temas, o legítimos intereses sociales, poblacionales y regionales que se expresen en el debate y la definición política, pero no a partir de intereses basados en el favoritismo, los recursos logísticos o los referentes personalistas.
En el funcionamiento del PDI predomina en muchas instancias la irregularidad, la indisciplina y la falta de institucionalización. Han pesado las expresiones de sectarismo, grupismo y estrechez en la convocatoria, en contraste con el potencial político existente. Pesan las concepciones centralistas, al punto que con frecuencia dirigentes nacionales, especialmente cuando se dispone de posibilidades logísticas, coptan dirigentes y activistas regionales sin propiciar una labor que fortalezca los organismos regionales sino que instrumenta factores de dispersión y división. A la vez, en la base del partido es notoria la falta de formación y apropiación del proyecto político.
La presidencia no entregó un informe político y de rendición de cuentas. La Comisión de Ética nombrada por la pasada Junta Nacional, tras el criterio de incorporar personajes de especial reconocimiento derivó en un organismos que no funcionó y por tanto, tampoco entregó su respectivo informe. Exceptuando la Junta Nacional, más allá de los foros ideológicos regionales, el conjunto del partido fue ajeno a las discusiones y a los consensos conseguidos en torno a tesis políticas fundamentales.
La unidad se ha resentido en varias ocasiones a partir de las expresiones de sectarismo, intentos hegemonistas, prevenciones, disputas y ausencia de un organismo de dirección ejecutiva dotado de suficiente autoridad. Entre los hechos aparecen descalificaciones públicas entre dirigentes, alejamiento de los consensos para imponer públicamente posiciones personales, desarticulación y contradicciones frecuentes en las bancadas. Corresponde por tanto conseguir un acertado trabajo de las bancadas en las corporaciones públicas. Adicionalmente, es necesario mejorar los canales de interlocución y las tensiones entre instancias del partido y los gobernantes elegidos así como las tensiones ocasionadas por las tendencias al parlamentarismo y las expresiones de caudillismo y de clientelismo.
Perspectiva política de la izquierda democrática
Ante la descomposición personalista y mercantil de la política, la fragmentación de los partidos y el sistema electoral afectado por el fraude y la compraventa de votos, se han afectado las posibilidades de la gobernabilidad y de la actuación de las corporación públicas. Por consiguiente, corresponde a las vertientes de la izquierda democrática asumir con entereza la renovación y depuración de las prácticas políticas. Los avances en el sistema electoral aún son parciales e incluso discutibles en varios aspectos. Entonces, en tal sentido aún no hay las condiciones para favorecer un proyecto de recuperación de la política y, por el contrario, se ve también interferida por los factores de violencia. Sin embargo, se producen cambios políticos e irrumpen nuevas fuerzas ocasionando el quiebre progresivo del bipartidismo tradicional y dando paso a un nuevo esquema multipartidista. Entre tanto, el agravamiento de la situación social en América Latina, producto del fracaso del modelo neoliberal, abre posibilidades a nuevos proyectos políticos con opción real de gobernabilidad, lo cual explica, entre otros factores, la recuperación de corrientes de la izquierda democrática. Es precisamente en tal contexto que el PDI se organiza, en respuesta a nuestra propia situación y a tono con la agenda internacional sustentada por las corrientes progresistas, la cual destaca los temas de la paz, los derechos humanos, los derechos sociales, el medio ambiente, el multiculturalismo, las comunidades étnicas, la igualdad de género y el reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales.