La reinserciónBogotá-. Hace algunos días, investigadores judiciales denunciaron que el ex jefe militar del Bloque ’Héroes de Tolová’, ya desmovilizado, dirige una organización criminal denominada ’Los Traquetos’. Esta denuncia es muy preocupante pues pone el descubierto un grave vacío en los procesos de reinserción de los ex combatientes: los mandos medios.
En Colombia nos hemos preocupado por dos segmentos de las Auc: los mandos superiores y los militantes de base. Pero no ha habido una política de reinserción específica hacia los mandos medios que, de acuerdo con la experiencia internacional, pueden ser claves en la creación de redes criminales en períodos de postconflicto, debido a sus conocimientos militares, sus contactos con sectores mafiosos y su capacidad de mando.
¿Constituyen los mandos medios el "eslabón perdido" para explicar la emergencia de nuevos fenómenos criminales en algunas regiones del país?
Para enfrentar este tema es importante estudiar las experiencias internacionales. El ejemplo de El Salvador puede ser muy útil.
En el ’Pulgarcito de América’, como llamaba el inmolado poeta Roque Dalton a su pequeña nación, los 600 líderes y mandos medios del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) recibieron un trato diferencial, mediante un proceso sistemático de capacitación en áreas vocacionales y administrativas, así como asesoría en la formulación de proyectos empresariales. El programa fue diseñado para tres categorías de beneficiarios de acuerdo con los niveles de mando del FMLN. En la categoría A se seleccionaron 138 mandos superiores, en la categoría B 179 mandos medios y en la categoría C 283 mandos bajos. Cada segmento recibió becas de capacitación, créditos productivos, planes de vivienda y otros beneficios diferenciables, según su categoría. El 50 por ciento de los mandos del FMLN recibió, incluso, becas para adelantar estudios superiores.
Más allá del debate sobre la justicia de este trato diferencial, los beneficios fueron muy grandes: solo un puñado de mandos del FMLN se recicló en la criminalidad. Además, esta política le permitió al FMLN conservar sus líneas de mando durante un período prudencial, evitando la desbandada de los militantes de base. Según Alexandra Guáqueta, "tener en cuenta las jerarquías internas del grupo desmovilizado para otorgar un trato jurídico preferencial y asignar paquetes de beneficios económicos contribuye a mantener transitoriamente las estructuras de liderazgo, que a su vez son útiles para guiar al grueso de los desmovilizados en la reincorporación" (Desmovilización y reinserción en El Salvador. Lecciones para Colombia, Bogotá, Ideas para la Paz, 2005).
Además, dado que los mandos de una organización armada generalmente tienen una definida vocación política -tal como ocurrió en El Salvador con el FMLN, en Nicaragua con el FSLN y en Colombia con el M-19-, conservar las líneas de mando permite evitar que la incertidumbre y el miedo que genera la desmovilización se traduzcan en un "sálvese quien pueda". Esta situación puede favorecer la tentación individual de crear o adherir a grupos criminales sustitutivos.
El recién nombrado Alto Consejero Presidencial para la Reinserción, Frank Pearl, debe afrontar este complejo tema como una de sus prioridades. Si nos atenemos al "Primer informe de control y monitoreo a los desmovilizados" que ha entregado la Policía Nacional, el proceso de reinserción presenta, en general, resultados positivos. De los 41.026 desmovilizados entre el 2003 y el 2006 solamente 536 han sido capturados por distintos delitos, 236 han muerto en diversas circunstancias y de 141 no hay rastros de su lugar de residencia. Es decir, un 2,2 por ciento, lo cual es, por el momento, altamente satisfactorio. Pero esta cifra puede sufrir serios deterioros en los próximos meses y años si no les prestamos seria atención a los mandos medios.