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El miedo de rendir cuentas
Por: Pedro Medellín Torres/ Tomado de El Tiempo
Martes 23 de mayo de 2006

Los ciudadanos tienen todo el derecho de ver a su Presidente respondiendo por sus actos. Pero no en un consejo comunal de Gobierno en donde es Uribe quien dirige, coordina, da la palabra, pregunta y responde, sino en un escenario en donde pueda controvertir y ser controvertido por aquellos que se presentan como una opción política alternativa para gobernar. Y que sea el ciudadano el que decida por quién va a votar.

Bogotá-. Las elecciones del domingo van a poner a cada uno en su lugar.

Hasta hace unos días, nadie comprendía por qué la campaña por la reelección de Álvaro Uribe recurría a la difusión de información engañosa, o el Presidente reaccionaba de manera airada ante los cuestionamientos o señalaba de manera desproporcionada a sus adversarios. Ahora, esos comportamientos parecen tener una explicación: "Uribe arrasa en las encuestas, pero no llena las plazas públicas".

Eso es lo que se deduce del informe dominical de EL TIEMPO, en el que se reportaba que "Uribe siempre ha sido recibido por multitudes rabiosas que corean su nombre, aplauden sus logros y le anuncian su respaldo. Pero en ciudades como Medellín, Cali, Manizales y Bogotá, los escenarios a los que concurrió estuvieron muy holgados de asistentes".

No hay duda de que el Presidente no sólo ha terminado preso del lánguido trabajo electoral que realizan los partidos y movimientos políticos que lo apoyan (o, lo que es peor, de las luchas internas entre sus dirigentes por quedar bien con Uribe), sino que también parece haber quedado cautivo de la angustia que produce la íntima convicción de saber cuán frágiles son sus resultados.

Por eso resulta todavía más comprensible su resistencia a confrontar ideas con los demás candidatos en un mismo terreno. A someter al escrutinio deliberativo las fortalezas y debilidades de sus cuatro años de gobierno. Seguramente, por eso quiso evitar que alguien con la autoridad moral y los resultados de Antanas Mockus le cuestionara en público y de frente el haber recurrido a los atajos de la politiquería, a los microacuerdos y las absoluciones con el paramilitarismo, o el haber cambiado las reglas de juego para que operaran a su favor.

Un Presidente que no había reparado en su investidura, para presentarse en cuanto programa de concurso o reality de televisión le permitiera promocionar su propuesta de referendo, ahora viene a justificar su ausencia de los debates porque, "no puede poner en riesgo su investidura presidencial en una campaña electoral".

Los ciudadanos tienen todo el derecho de ver a su Presidente respondiendo por sus actos. Pero no en un consejo comunal de Gobierno en donde es Uribe quien dirige, coordina, da la palabra, pregunta y responde, sino en un escenario en donde pueda controvertir y ser controvertido por aquellos que se presentan como una opción política alternativa para gobernar. Y que sea el ciudadano el que decida por quién va a votar.

No se trata de someter al Presidente en ejercicio al escarnio público por lo que hizo o dejó de hacer. Se trata, en realidad, de propiciar los espacios en los que posiciones encontradas ofrecen los elementos para esclarecer cuáles son las preferencias ciudadanas que facilitan la búsqueda del bien común. Eso es lo que define a la deliberación política.

Es el único camino para implicar a la gente en los debates que forjan políticas y deciden horizontes en los que cada quien sabe qué debe aportar. "La idea es -como escribía Shapiro- que si pudiéramos alejarnos de los culebrones del ventajismo electoral, el resultado serían políticas más sensatas y eficaces".

El Presidente debe tener claro que el miedo a rendir cuentas siempre degrada el debate electoral. Negarse a deliberar con los opositores, prefiriendo identificarlos como un peligro para la sociedad, podrá tener rendimientos inmediatos, pero a mediano y largo plazo termina depreciando aún más la débil democracia. Y eso tiene costos que ya ha comenzado a pagar: el tener que aceptar -por debajo de la mesa- los apoyos electorales de los movimientos que fueron señalados y excluidos del uribismo. Es la única manera de compensar la pérdida de votos de los que, en protesta, se van a abstener.

Por eso, al Presidentecandidato no le debe extrañar que los resultados del domingo, aunque le den la victoria, nunca serán suficientes para dar rienda suelta a su ambición de mando y su deseo de honor. Pues, cuando se trata del ejercicio de gobierno, ganar con atajos y engañifas no es ganar.



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