"...que en una era de triunfalismo de la derecha la idea de la izquierda es demasiado valiosa para abandonarla". J.M. Coetzee
¡Cuántos errores comete uno a diario sin siquiera percatarse!
En una simple opinión, en una frase, puede haber tantos que uno se asombra cuando un espíritu caritativo y sutil como el del columnista Armando Montenegro se los señala de manera rigurosa.
Veamos: dije yo, a propósito del gabinete distrital nombrado por Samuel, que me sorprendía que un Alcalde elegido por un partido de izquierda designara a un competente economista neoliberal (lo que no es insulto sino una descripción) para la Secretaría de Hacienda.
Qué iba yo a suponer en mi torpeza que incurría, al dar esa opinión elemental, en una imperdonable cadena de errores. (Así llama la mentalidad liberal del columnista a las apreciaciones que divergen de la suya).
Por fortuna, el alma buena del doctor Armando se apresuró a rectificar mis herejías nacidas de la ignorancia practicando así la caridad cristiana magistralmente condensada por el padre Astete en las Obras de Misericordia. Y a fe que en el espacio de su columna pudo ejercitar más de una.
"Corregir al que yerra". Mi primer error fue político. Me molestó, en lugar de alegrarme, que a un brillante intelectual venido de la otra orilla (había sido viceministro de Hacienda de este Gobierno) se le llamara a reforzar un proyecto de izquierda, con lo escasos que son los sujetos pensantes e idóneos en ese sector político.
En la derecha los hay a granel -pienso yo que piensa Montenegro- pero un partido como el Polo lo que debía hacer era una convocatoria a los intelectuales y profesionales capaces ("muchos con posgrado") para sacar adelante un proyecto reformista. Pero, a juicio del columnista, para una iniciativa de esas se requieren dirigentes sensatos como Lucho Garzón.
"Enseñar al que no sabe". Mi segundo error es mucho más grave: no es político sino conceptual, forma eufemística y caritativa de llamar mi ignorancia. "No hay finanzas de derecha y finanzas de izquierda", me enseña Montenegro. Aprecio y agradezco su voluntad pedagógica y bienintencionada pero su afirmación ex cátedra no logra erradicar mi craso error (contumacia debe llamar Montenegro a mi terquedad, desde su perspectiva tan liberal).
Mi oficioso maestro halla necio pensar que en función de metas prioritarias (y yo en mi atolondramiento pienso que las de la izquierda y las de la derecha no son coincidentes) el manejo de las finanzas y la política fiscal son meros instrumentos que apuntan a la consecución de propósitos preestablecidos.
Que un presidente de Colombia nombrara como Ministro de Hacienda a Eduardo Sarmiento o a Luis Jorge Garay, sólo por citar dos nombres, y no a Armando Montenegro, sería un mensaje que muchos compatriotas entenderían.
"Dar posada al peregrino". Montenegro piensa, y yo no, que quienes fueron altos funcionarios del actual gobierno y han dejado de serlo -no necesariamente por discrepancias de orden ideológico- y son conocidos en los mercados y en las entidades financieras internacionales pueden prestarle excelentes servicios el Gobierno Distrital.
Puede ser cierto, pero confieso que no simpatizo mucho con tecnócratas dispuestos a servir, según la ocasión, a los más contradictorios intereses.
"Dar buen consejo al que lo necesita". El columnista quiere ahora engrosar el numeroso grupo de consejeros de buena voluntad que desde la orilla opuesta indican al Polo cómo y con quiénes debe trabajar para que su tarea resulte provechosa.
La comparación que voy a usar es trillada pero exacta: me niego a admitir que cuando mi rival en el tablero de ajedrez me dice cómo debo mover mis piezas lo hace por generosidad inexplicable y no por taimada astucia.
Asumo el riesgo de advertir a nuestros adversarios (el doctor Armando entre ellos): no necesitamos tutores. Pero como esta admonición puede derivar de mi vocación por la marginalidad, tal como lo sugiere el columnista, debo recordarle que precisamente con mi candidatura a la presidencia la izquierda dejó de ser marginal.