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¿Podrá este profesor y constitucionalista convertir al Polo en la segunda fuerza electoral del país?
El radical
Tomado de revista Cambio
Domingo 26 de marzo de 2006

El radicalismo, tal como lo entiendo, es tan bueno que nunca renunciaría a él -le dijo a CAMBIO-. Soy radical en la defensa de la autonomía personal, en la defensa de la igualdad, en la defensa de la justicia. La gente suele confundir el concepto de radical con el de extremista. No sólo son diferentes. En cierta medida son contrarios. Un radical es un civilista, un defensor de los derechos individuales y de la búsqueda de la equidad.

Bogotá-. Como si no hubiera sentido el peso de la responsabilidad que cayó sobre sus hombros la víspera, cuando se alzó con la candidatura única del Polo Democrático Alternativo (PDA) a la Presidencia de la República, pasadas las 6:00 p.m. del lunes 13 de marzo, Carlos Gaviria Díaz ingresó con su esposa, María Cristina Gómez, a una de las salas de Cinemanía, en el norte de Bogotá, para ver una película. Después de intercambiar cortos saludos con espontáneos espectadores, Gaviria Díaz se sumergió en los bellos paisajes japoneses de Memorias de una geisha y, durante un par de horas, se olvidó del conteo de votos y del compromiso que tiene de, cuanto menos, convertir a la izquierda colombiana en la segunda fuerza electoral del país.

Siempre reflexivo, el ex presidente de la Corte Constitucional que sacudió la jurisprudencia mediante sentencias con frecuencia polémicas pero muy bien fundamentadas, se metió a la política electoral hace cuatro años cuando resultó elegido senador con la quinta votación más alta del país: 114.886 sufragios. Igual que entonces, en esta oportunidad y tras derrotar a Antonio Navarro, Gaviria tomó sin angustias el reto que tiene por delante para fortalecer la más importante opción histórica que ha tenido la izquierda en el país, y lleva varios días siendo el mismo que era cuando dictaba cátedra en la Universidad de Antioquia, cuando ocupaba una de las nueve sillas de la Corte Constitucional o cuando se desempeñaba como senador.

Cada vez que habla, ya sea en un debate o en una entrevista, sus interlocutores sienten que están frente a un profesor. Su vocación de pedagogo no la ha dejado extraviar a pesar de las tentaciones que conlleva el ir adquiriendo reconocimiento y poder político. Aunque utiliza términos fuertes para calificar a sus contradictores, en especial al presidente Álvaro Uribe, de quien dice que es "autoritario y ambicioso", la suavidad de su voz amaina el mensaje.

En un país donde la mayoría dice inclinarse por el consenso y rechazar los extremos, es extraño que un hombre que se define a sí mismo como radical esté experimentando un ascenso tan rápido en las encuestas. Algo similar sucedió con Álvaro Uribe hace cuatro años, a pesar de que representaba la propuesta más dura de todos los candidatos. Y es que ahora que Gaviria enfrenta el desafío de convertirse en el más votado de los antiuribistas, su mensaje radical, contrastado siempre con su bonachona imagen de Papá Noel, puede resultarle de gran utilidad.

De hecho, ya ha logrado bastante. No sólo pasó en cuestión de pocas semanas de intenciones de voto del 1% y el 2%, a una de casi 10% en la última entrega de La encuesta de los medios, encargada a Invamer Gallup por un grupo de medios de comunicación del que hace parte CAMBIO. En el mismo sondeo, Gaviria sale bien librado en materia de imagen negativa. Mientras Horacio Serpa tiene 45.5% y Antanas Mockus 44%, el candidato del Polo sólo llega a 24.4%, unos puntos negativos por encima del presidente Uribe (19%). En pocas palabras, Gaviria no genera mayores resistencias y eso puede ser definitivo en esta campaña.

De profesor a político

"El radicalismo, tal como lo entiendo, es tan bueno que nunca renunciaría a él -le dijo a CAMBIO-. Soy radical en la defensa de la autonomía personal, en la defensa de la igualdad, en la defensa de la justicia". La gente suele confundir el concepto de radical con el de extremista. No sólo son diferentes. En cierta medida son contrarios. Un radical es un civilista, un defensor de los derechos individuales y de la búsqueda de la equidad.

Pero por cuenta de esa confusión, presentarse como radical puede generar malas interpretaciones o rechazos. El ex ministro del Interior Fernando Londoño, con quien sostiene una controversia pública desde cuando coincidían en debates en el Senado, escribió en su columna del martes 21 en El Colombiano de Medellín: "Todas las dictaduras del mundo se disfrazaron de demócratas, desde las bolcheviques y maoístas, hasta las castristas y las del Pol Pot o Chávez, y todos los seudodemócratas se pretenden socialistas, como (Carlos) Gaviria y (Horacio) Serpa. Tipos aburridos".

Gaviria no tiene ningún reato en presentarse como la antípoda política del Presidente y en afirmar, sin que el tono de voz suba siquiera un poco, que en Colombia no hay democracia. Para este hombre, nacido en Sopetrán, Antioquia, el 8 de mayo de 1937, es inconcebible que "si la democracia es el gobierno de las mayorías y representa el triunfo del interés general, ¿cómo es posible que esas mayorías hayan decretado el infortunio en que se encuentran? Y ¿cómo es posible entonces que pueda hacer parte del interés general el que en Colombia haya pobres, haya miserables y que la riqueza esté tan mal distribuida?".

Y aquí radica una de las grandes diferencias entre Gaviria y Serpa, los dos hombres que batallan por ganar más adeptos antiuribistas. Mientras el tres veces candidato oficial del liberalismo ha limitado hasta ahora su discurso a vagas propuestas sobre "lo social" y a tachar a Uribe de candidato de los paramilitares, en vez de frases que alguna vez fueron efectistas, Gaviria prefiere, con sus dotes profesorales, elaborar tesis y demostrarlas.

Por eso mismo, la impresión que se forman quienes lo escuchan es que tiene fondo. Claro, cuando a mediados del año pasado arrancó su campaña en pos de la nominación de la izquierda, ese tono de catedrático parecía más bien un obstáculo. Lo cierto es que lo fue morigerando hasta hacerlo más directo y fácil para las multitudes, todo ello sin perder la carga de contenido del intelectual que es.

Renovador de 69 años

Lo interesante de las tesis de Carlos Gaviria es que, aun si en muchos casos han sido trabajadas con las herramientas marxistas, lo que traducen a las claras es el pensamiento liberal de avanzada que, como el propio Gaviria lo ha dicho en repetidas ocasiones, "el liberalismo abandonó". Gustavo Petro, ex guerrillero convertido desde hace años en combativo y agudo crítico del sistema y de los gobiernos de turno, lo tiene claro.

"Carlos Gaviria es un liberal radical por sus conceptos filosóficos. Sus tesis constitucionales son de un liberalismo profundo, y un liberalismo profundo es radical, cosa que los liberales de hoy olvidaron", asegura Petro, quien sostiene, además, que Gaviria es uno de los mejores candidatos que ha tenido la izquierda colombiana en la historia.

En el PDA es visto, comparado con el presidente Uribe y Horacio Serpa, como muy superior por sus calidades intelectuales y personales. Pero también reconocen, como lo hizo la bancada parlamentaria el miércoles 22, cuando se reunió para escuchar a Gaviria y a su fórmula a la Vicepresidencia, Patricia Lara, que no tiene experiencia electoral y que es percibido como alejado de la gente.

Otros, en cambio, ven en eso una virtud. No hay que olvidar que Gaviria no es un hombre de organización sino un individuo que quiere ser libre -como todo liberal radical- y que ve en el Polo no la posibilidad de forjar un partido cerrado en torno a una sola idea, sino una oportunidad de expresar sus ideas y de pelear por ellas. Ese aprecio por cierto tipo de individualismo si se quiere hedonista se confirma en su debilidad por la buena mesa, la música de Beethoven, la poesía y los idiomas que domina: inglés, francés, alemán e italiano. Nada valora más que un velada privada con sus amigos más cercanos, con aguardiente, tango y mucha poesía.

Su esposa, María Cristina, es bastante franca al respecto: "Carlos tiene méritos personales e intelectuales que le permiten desempeñarse dignamente, pero creo que no es una persona para tener la vida pública que obliga la política". Ella, con quien en diciembre va a cumplir 40 años de matrimonio -tienen cuatro hijos- asegura que, "por su introversión, le gusta vivir su privacidad y le cuesta mucho mostrar la intimidad de su ser, que está reservada para muy pocos".

Al Carlos Gaviria constitucionalista, al académico, al intelectual, se le suma hoy el Carlos Gaviria político. Con la firmeza de su carácter sostiene que él representa la novedad en la política, así sea mayor que todos los demás candidatos: a punto de cumplir 69 años, le lleva 15 al presidente Uribe y a Antanas Mockus, seis a Horacio Serpa y cinco a Álvaro Leyva.

Lo que viene

Que él sea una novedad en la izquierda habla sobre todo mal de la izquierda. Y aun así, habrá que ver si Gaviria logra romper el viejo molde de la "personalidad democrática" -como Hernando Echeverri en 1974 y Gerardo Molina en 1982- que por décadas el Partido Comunista buscó en Colombia para suavizar su rostro. Clave en este punto es su rechazo radical a la lucha armada y a la combinación de la formas de lucha que el PC -que hace parte de la coalición del Polo- sigue defendiendo, pero que el Polo como tal rechaza en un debate que, según Gaviria, "se está dando dentro del propio Partido Comunista, lo cual es muy sano".

Como lo ha señalado por años otro profesor, el ex ministro Fernando Cepeda, la verdadera vocación de la izquierda colombiana -incluida la guerrilla- ha sido la de sustituir al Partido Liberal. En esa medida, y ante la reiterada evidencia de las encuestas sobre lo difícil que va a resultar derrotar a Álvaro Uribe, todo indica que la gran batalla que Carlos Gaviria puede librar en los dos meses que vienen, debe ser por ganarle a Horacio Serpa y convertirse en el primer candidato de la izquierda que alcance el segundo lugar en una elección presidencial.

Aunque todavía Serpa dobla a Gaviria en intención de voto (ver La encuesta de los medios, siguiente artículo), lo cierto es que mientras Serpa creció un tercio, el ex magistrado multiplicó esa intención por cinco. Si Serpa se empeña en competir con Gaviria por ver quién es más de izquierda, es posible que termine de perder a los pocos centristas liberales que aún no están del lado de Uribe.

En ese caso, las posibilidades de que Gaviria -que resulta mucho más creíble para los votantes de izquierda- llegue más lejos que el ex ministro liberal, son grandes. Y pondrían al país en el mismo escenario que presentan muchas democracias en el mundo de hoy: una coalición de centro-derecha de un lado, y al frente una coalición de centro-izquierda. Si esto se da. Si en efecto Gaviria queda segundo detrás de Uribe, le habrá propinado de paso, y de manera paradójica, una gran derrota a la guerrilla, que siempre ha sostenido que la izquierda no puede alcanzar la disputa del poder sino por la vía de las armas. Algo de eso ya sucedió con el triunfo de Lucho Garzón en Bogotá hace dos años y medio. Pero se consolidaría si el candidato del Polo se impone al candidato del Partido Liberal. ¿Lo logrará?

"Soy radical en la defensa de la igualdad y de la justicia"

CAMBIO: ¿No teme que al declararse radical asuste a la gente?

CARLOS GAVIRIA DÍAZ: El término radical suele confundirse con sectarismo, que es una de las cosas más execrables. Entiendo el radicalismo en su parte etimológica: ir a la raíz de los problemas, a las causas más profundas de los males sociales y, frente a ellos, proponer soluciones de fondo, reformas duraderas.

¿En qué es radical?

En la defensa de la autonomía personal, de la igualdad, de la justicia. Hago mía la frase del cineasta venezolano Román Chalbaud. "Cuando hay injusticia no puedo ser moderado".

Algunos creen que la izquierda que representa le hace juego a la guerrilla.

En el PDA rechazamos la lucha armada. Y yo, por la filosofía política que profeso y por la ética que practico, la encuentro incompatible.

¿Cómo explica que Colombia no haya entrado en la corriente de izquierda de otros países de América Latina?

Porque la guerrilla ha inhibido el nacimiento de movimientos poderosos de izquierda democrática. En general, la opinión confunde izquierda con guerrilla y por eso es necesario hacer un gran ejercicio para separar la dos cosas.

¿Cómo no vincularlos si, por ejemplo, el Eln acaba de proponer una alianza entre usted y Horacio Serpa para enfrentar a Uribe?

Corresponde a la lógica porque quienes proponen eso son los que están empeñados en la paz y están dialogando con el Gobierno. Me parece que están avistando una sociedad más amable y creen que eso podría lograrse por métodos democráticos con alianzas de sectores progresistas. No podemos impedirles que opinen y lo que han expresado es una opinión.

¿Cómo es su radicalismo en economía?

Creo en la filosofía de la reforma de López Pumarejo a la Constitución del 86 que quedó plasmada en la del 91: "La propiedad es una función social que implica obligaciones".

Eso puede espantar a empresarios por temor a expropiaciones...

No hay hoy una corriente de socialismo democrático o de avanzada de izquierda que propugne por la abolición de la propiedad privada. El objetivo es una distribución más equitativa de la riqueza.

¿Qué deben hacer los ricos?

Hacer compatibles los beneficios que derivan de sus bienes con la distribución equitativa de esa riqueza. Que usted no tenga tanta riqueza que se sienta expropiando a quienes nada tienen.

Lo peor del gobierno de Uribe en materia económica.

Reconocerle al capital más ventajas en deterioro de los ingresos del trabajador.

¿Haría cambios profundos en el manejo de la economía?

El Estado debe retomar la dirección de la economía porque la economía de mercado desbordada produce más pobreza, más desigualdad y una brecha mayor entre ricos y pobres.

¿Reformas constitucionales en esa materia?

La parte económica y fiscal de la Constitución tiene una fuerte inspiración neoliberal que encuentro contradictoria con la parte garantista. Si fuera a proponer reformas constitucionales lo haría en esas partes. Por ejemplo, habría que revisar la autonomía del Banco de la República.

¿Acabarlo?

No lo he dicho pero tengo dudas sobre los beneficios de mantenerlo tal como está. No tiene por qué estar tan desligado de los demás órganos del Estado.

Se le percibía con pereza de ser candidato, ¿se le quitó?

Nunca he querido enviar ese mensaje. El mensaje es que mi obsesión no ha sido el poder, pero si lo alcanzo lo voy a ejercer con mucha responsabilidad y convicción. El que debería ser mirado con reticencia y reserva es el ambicioso del poder.

Puya contra el Presidente...

¡Claro! Dijo que estaba prestado al país sólo por cuatro años y luego gestionó su reelección. Incumplió promesas como la lucha contra el clientelismo y la politiquería.

¿Qué le reconoce al Presidente?

Es una persona tenaz, constante y perseverante. Si se propone una meta no ceja en su empeño hasta alcanzarla. El problema es que no comparto sus metas.

¿Qué piensa de Antanas Mockus?

Lo admiro mucho y aprecio sus propuestas pedagógicas, pero no conozco sus propuestas sociales.

¿Y de Horacio Serpa?

Tiene un factor que inhibe su credibilidad: está dentro de un partido que siempre ha propuesto lo mismo que él propone ahora; que ha gobernado y no ha materializado esos propósitos. ¿Por qué creerle ahora que sí va a ser capaz de materializarlos?

¿Si llegara a ser Presidente, nombraría en embajadas a Uribe, Serpa y Mockus?

No es posible hacer un concilio católico con cardenales protestantes.

La fórmula

Patricia Lara Salive, fórmula vicepresidencial de Carlos Gaviria Díaz, es una periodista autora de los libros Siembra vientos y recogerás tempestades, Las mujeres en la guerra y Amor enemigo. Ha sido columnista de El Espectador, Cromos y Semana, y cofundadora y directora de la revista CAMBIO 16 Colombia.

Según ella misma relata, su primera participación en política la tuvo en el Concejo de Bogotá, en 1966, como suplente del ex presidente Virgilio Barco.

Dice que siempre ha estado en la izquierda, pero dedicada, en los últimos años, a "hacer reportajes que lleguen al corazón de la gente".

Colombia anda por un camino completamente distinto al de América Latina, y eso se debe a la acción absurda de la guerrilla, que con sus métodos aburrió al país.

No pueden ser la carnicería y la muerte las que nos lleven a conseguir la paz. Matar es un hecho muy grave y la guerrilla tiene que reflexionar sobre ese tema.

Álvaro Uribe tiene un proyecto A, el de Carlos Gaviria es un proyecto B y las propuestas de los demás candidatos son medias tintas.

Uribe es como los adolescentes: toca frenarlo.

Me he sentado con la guerrilla varias veces a conversar y estoy dispuesta a hacerlo cuantas veces sea necesario.

No me gusta mucho la vida social, pero tengo que asumir el reto y hasta echar discursos.



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