Jueves 14 de febrero de 2008
Las multitudinarias marchas ciudadanas del 4 de febrero de 2008 en Colombia tuvieron un carácter polivalente y expresaron un movimiento social multifacético que no puede encasillarse en epítetos reductores y clasificaciones excluyentes.
Lo primero que debemos señalar es que esas marchas reflejaron ante todo un sentimiento real de la mayoría de la sociedad urbana de repudio al secuestro y de rechazo a las FARC. Un sentimiento acumulado principalmente a lo largo de los últimos años y exacerbado recientemente por los testimonios sobre las condiciones de ignominia y calvario que padecen los secuestrados.
Sin embargo, lemas como "no más secuestros", "no más mentiras", "no más FARC" que agitaban las multitudes, no se acompañaban de consignas como "rescate a la fuerza", "viva Uribe", "guerra a las FARC" o consignas similares, salvo en grupos minoritarios. Lo que vimos fue una actitud distinta y serena de millones de ciudadanos y ciudadanas que con camisetas blancas, portando banderas y letreros e inventando ingeniosas formas de expresión, coreaban libertad para los secuestrados y no a la guerra; muchos de ellos exigiendo el acuerdo humanitario.
Desde luego, los grupos de poder del establecimiento buscaron inducir a la opinión pública para que esa movilización fuese a su vez un apoyo al Presidente Uribe y a su política de "Seguridad Democrática"; y en parte lo lograron. El apoyo económico de ciertos gremios patronales para costear la propaganda fue evidente. Abundó la información sesgada sobre los objetivos de la marcha y fue visible la intención de algunos sectores políticos de derecha, a los que se sumaron grupos de ultra-derecha, de insuflarle a esa jornada un sentimiento de odio y unanimismo.
Pero las grandes mayorías urbanas que se movilizaron el 4 de febrero lo hicieron por solidaridad con los secuestrados y porque están hastiadas de la violencia y anhelan un país en paz. Esa es, en el fondo, la motivación fundamental que llevó a un mar de colombianos y colombianas a volcarse a las calles en una jornada histórica sin precedentes en el país y en el exterior. La movilización fue un acto masivo y pluralista que desbordó los cálculos de todos, incluido el PDA.
Intentar explicar desde ciertas posiciones izquierda que el tsunami humano del 4 de febrero se debió principalmente a la manipulación del oficialismo, de los sectores "uribistas" y de los medios de comunicación, o absurdamente comparar esas marchas ciudadanas con las marchas de apoyo a Hitler en la época de la Alemania fascista, es pretender "tapar el sol con las manos" y cerrar los ojos a la realidad.
El Polo debe hacer un análisis multilateral de lo sucedido el 4 de febrero y sacar las lecciones que se imponen en aras de un futuro político con opción de poder.
Mauricio Trujillo-Uribe
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