Algunos comentaristas hablan como si el Polo estuviera lleno de guerrilleros y terroristas. Éste no se creó para desarrollar la lucha armada, sino para una lucha política de masas.
Artículo de Jaime Caycedo, Secretario General del Partido Comunista y miembro del Comité Ejecutivo del Polo.
Jaime Caycedo
Lunes 24 de septiembre de 2007
Los voceros del establecimiento han mostrado sus reales intenciones con relación al Polo. Les interesa únicamente su división, su destrucción y la creación – por enésima vez – de una “nueva izquierda”, envejecida ya de tanto trajinada. Es un tema estratégico. En el pasado no tan lejano, el régimen dominante recurrió, para lo mismo, a la guerra sucia. Un mérito del Polo y de la unidad que propone podría ser éste: que sus enemigos, en medio de todo, lo respetan. Pero están a la ofensiva. Como entonces, las “crisis de la izquierda” también tienen que ser provocadas desde afuera. Ellos quieren una izquierda a su imagen y semejanza, que piense como ellos, que actué como ellos, que les sirva de instrumento y de disfraz. Una “izquierda” que sea como la derecha. Que si llega a gobernar se enfrente al pueblo sin escrúpulos.
En su versión “light” la “nueva izquierda” debe deslindarse y coaligarse con desprendimientos más o menos críticos del “estado comunitario” uribista, manejar un discurso medianamente “social” y ser gancho de la apertura desabrochada a los apetitos privatizadores especulativos del gran capital transnacional. En su versión “dura”, esa izquierda debe entrar en el esquema de la “guerra antiterrorista” y las sucesivas adaptaciones del Plan Colombia, fracasada iniciativa del gobierno demócrata de Bill Clinton. Aún más, debe jugarse con un prototipo propio de la “seguridad democrática”, esto es, como una contrainsurgencia “de izquierda”, dispuesta a tomar el relevo del proyecto guerrerista del establecimiento, ahorrándose todo paso por algún inicio serio de solución política o de acuerdos humanitarios. Esta versión es especialmente dulce al oído de Uribe y del andamiaje empresarial y narcoparamilitar que lo secunda.
El escenario light intentó dos veces ya romper el Polo, sin éxito. Los duros viene con Obdulio y todo, con el macartismo más desenfrenado, señalando a diestra y siniestra: reclaman la expulsión de la izquierda, que ellos llaman “tradicional”. Señalan a personas, organizaciones y candidatos con el mismo descaro con que Uribe señaló al maestro Carlos Gaviria de “guerillero vestido de civil”. En un proceso electoral, donde centenares de candidatos del Polo están bajo amenaza del gobierno y de sus aliados narcoparamilitares, donde sus sedes son asaltadas y pintadas con lemas de las ‘águilas negras´, donde en muchas regiones las garantías son un cuento de hadas, se le exige al Polo definir que su enemigo estratégico son las Farc y no el régimen.
El Congreso del Polo, su máxima autoridad, acordó un Ideario de Unidad y unos estatutos. Algunos comentaristas hablan como si el Polo estuviera lleno de guerrilleros y terroristas. Éste no se creó para desarrollar la lucha armada, sino para una lucha política de masas. Los enemigos del Polo desde la derecha le temen a eso y no quieren admitir, en franca lid, que el inconformismo social y popular ha encontrado un canal de expresión político, que se va a manifestar nítidamente el 28 de octubre. Un triunfo en Bogotá y un avance en departamentos clave lo ven como una amenaza a su dominación hegemónica.
A quien dentro del Polo crea que puede imponer arbitrariamente criterios que se apartan de los consensos unitarios debemos decirle: el Polo es una creación colectiva y un patrimonio del pueblo. Su base popular es la única autorizada para dirimir su futuro.
Jaime Caycedo
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