Jueves 21 de julio de 2005
"Aunque Colombia confrota el problema de la insurgencia armada de una parte de la izquierda, se ha visto cómo a pesar de eso ha ido perfilándose una izquierda democrática que se abre camino y ha logrado cosas como la alcaldía de Bogotá, con Lucho Garzón".
El periodista muestra las dos alternativas del modelo político en América Latina. Destaca el fenómeno de la alcaldía de Bogotá.
Hace casi un mes el director del diario caraqueño TalCual, Teodoro Petkoff, publicó el libro “Dos Izquierdas” cuya segunda edición ya se ha agotado en las librerías del país.
Su análisis sobre dilema de las izquierdas -en cuya acera menos avanzada coloca al gobierno del presidente Chávez- hace una radiografía de la nueva realidad política latinoamericana, y le ha permitido palpar en algunos sectores cierto entusiasmo que le piden el lanzamiento de su candidatura presidencial para el año que viene. El todavía se lo piensa.
En su libro dibuja cómo América Latina ha dado un viraje hacia la izquierda y enumera los gobiernos de ese tinte.
¿Cómo queda en este contexto un gobierno como el de Alvaro Uribe?
Evidentemente el gobierno de Uribe no puede ser clasificado como de izquierda. Pero en Colombia ocurre también parte del fenómeno que señalo, y es este cambio de humor político. Aunque Colombia confronta el problema de la insurgencia armada de una parte de la izquierda, se ha visto cómo a pesar de eso ha ido perfilándose una izquierda democrática que se abre camino y ha logrado cosas como la alcaldía de Bogotá. Yo distingo esa izquierda, vinculada a la idea de la democracia como componente sine qua non del cambio social y plantea políticas económicas de crecimiento con equidad.
¿Y cómo es la otra?
La otra está anclada en el pasado y tiene como modelo de gobierno fundamentalmente a Fidel Castro y Cuba, al modelo soviético, en el cual Hugo Chávez intenta meterse, por supuesto, con su matiz.
¿Usted cree, como dice en su libro, que Chávez tomará el testigo de Castro y la revolución cubana?
Probablemente ese es un empeño que tiene Chávez, sin embargo mi opinión es que su influencia en el continente no va más allá de algunos sectores que podemos considerar “ultraístas” de izquierda. Precisamente por ese empeño en asociarse con Castro, en el mainstream del PT brasi-leño, o del Frente Amplio uruguayo o incluso el peronismo, el chavismo tiene una influencia bastante reducida. En general la izquierda lo asume con cierta empatía porque es como el miembro excéntrico de la familia.
¿Cree que la existencia de tantos gobiernos de izquierda ha hecho cambiar la actitud de Estados Unidos hacia América Latina?
La política norteamericana se ha movido en el continente entre la intervención armada o la indiferencia absoluta, casi sin matices. América Latina tienen razones para exigirle un replanteamiento, algo a lo que se ve obligado el Departamento de Estado en el mismo momento en que un país del tamaño de Brasil tiene un gobierno de izquierda. Pero hay que tomar en cuenta que si no existiera Hugo Chávez, su estridencia y su altisonancia, es probable que la política norteamericana tendiera más a repetir patrones de conducta anterior, como decir que todos los go-biernos de izquierda son sospechosos.
El partido de gobierno venezolano va a organizar el año que viene un congreso para definir el “socialismo del siglo XXI” que pregona Chávez. ¿Cómo es ese socialismo? Creo que Chávez utiliza ese concepto para darle ciertos blasones de nobleza a su política concreta, que ni es socialista, ni es del siglo XXI; en realidad reproduce los patrones de conducta del personalismo caudillesco del siglo XIX latinoamericano. O sea, que es un anacronismo histórico. Sus propuestas tampoco pueden definirse como de cambio social avanzado. El cooperativismo, importante en la concepción económica del gobierno, es compatible con el capitalismo, no es propiamente revolucionaria. Y las “misiones” son programas sociales que existen porque no hay cambios en la estructura de la sociedad. Lo revolucionario sería promover las políticas públicas que vayan reduciendo la pobreza y la necesidad de esos programas, que a la larga desarrollan una cultura de la dependencia respecto del Estado.
¿A partir de la acogida que ha tenido el público con su libro, cuya promoción lo ha llevado a las principales ciudades del país, qué hay de cierto en que piensa ser candidato presidencial para el 2006?
Bueno, yo jamás tomaría una decisión como esa por lo que sienta en la promoción de un libro, pero más allá de eso hay grupos de gente que lo han pedido y me lo dicen, pero no conozco el alcance real de ese fenómeno. Por ahora me atengo al apotegma de un famoso personaje de una novela venezolana que decía: como vaya viniendo vamos viendo.
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