Carlos Gaviria Díaz
Viernes 1ro de diciembre de 2006
Escuche el audio del discurso:
1. !ESTAMOS EN EL UMBRAL DEL PODER!
No es una ilusión ni una exageración. El Polo Democrático Alternativo crece y se consolida y simultáneamente el establecimiento y los poderes que lo encarnan y sostienen se deslegitiman de manera tan acelerada, que no es una audacia predecir su desmoronamiento.
Empero, este fundado convencimiento no puede hacernos perder la cabeza cuando más necesitamos usarla. Cuanto más próximos nos hallamos de acceder a la dirección del Estado, más urgencia tenemos de claridad y más precisamos del equilibrio y la mesura que nacen de la certeza.
2. Este Congreso es un episodio memorable, y no sólo para nuestro partido sino, en primer lugar, para nuestro país que requiere, sin más plazos ni condiciones, de una organización política sólida que sea portadora de un proyecto orientado a la construcción de una sociedad democrática, civilizada e incluyente que nunca hemos tenido.
Han aceptado la convocación a este encuentro histórico, los partidos y movimientos políticos y las organizaciones sociales, conformadores de una gran fuerza de izquierda democrática que transitaban por sendas distintas en busca de una misma meta liberadora, y hoy han acordado elegir un mismo camino para hacer juntos, bajo una misma bandera, el largo recorrido que habrá de conducirnos a la materialización de una hermosa utopía, largamente acariciada: la pertenencia a un país decente.
En esa azarosa marcha necesitamos apoyarnos y auxiliarnos mutuamente sin reticencias ni vacilaciones, si sabemos que es ante todo la esperanza de un pueblo irredento, la razón justificativa de la empresa.
3. Más propicia no puede ser la ocasión: el viejo bipartidismo, agonizante, busca infructuosamente razones de supervivencia, fraccionado y replicado en pequeñas facciones que no logran encubrir con su retórica inepta que sólo apetitos burocráticos coincidentes sustentan su multiplicidad impostora.
Ahora el dilema político es otro y sus términos contradictorios más sustantivos: se está por el mantenimiento de un status quo inicuo y vergonzoso, o se quiere, con fervor y claridad y sin vacilaciones, la construcción de una sociedad como la que prefiguró con tanto esmero y acierto el constituyente de 1991: solidaria, justa y soberana.
El primer término de la alternativa está representado hoy por el gobierno de Uribe, quien prevalido de la fatiga y el temor que abruman a la inmensa mayoría de los colombianos, originario de la violencia inclemente que padecemos, ofrece seguridad precaria a cambio de cristiana resignación con un estado de cosas vitando, mediante una estrategia perversa encaminada a que la injusticia parezca más apetecible que la inseguridad, como si la seguridad no tuviera en la justicia su más sólido punto de apoyo.
El Polo Democrático Alternativo encarna el segundo término del dilema y asume gozoso esa responsabilidad histórica, convocando a todas las mujeres y los hombres de conciencia limpia y de buena voluntad, a producir en Colombia el salto copernicano que no da más espera: que la suerte del país se asimile a la de sus grandes mayorías y no, como hoy ocurre de manera arrevesada, a la de un pequeño grupo elitario que tradicionalmente ha monopolizado los beneficios implícitos en la vida societaria.
Para el cumplimiento de su propósito ha contado el establecimiento que hoy representa Uribe, con instrumentos de diverso orden convergentes a idéntica finalidad: la envilecedora manipulación de las conciencias a través de lo que genéricamente se llama propaganda, campo en el cual nuestro prohombre es émulo avanzado del tristemente célebre Joseph Goebbels, el aparato logístico y burocrático que el Estado por definición monopoliza, y el respaldo de organizaciones criminales y mafiosas que en nombre propio o ajeno convergen inequívocamente en la defensa de un mismo interés.
4. Y cómo piensa el Polo Democrático Alternativo llevar a cabo semejante hazaña ? Por la única vía que juzgamos éticamente correcta y políticamente eficaz: la del debate público honesto que desvele las astucias del discurso oficial, que encubre con retórica engañosa una realidad miserable, y persuada a la inmensa mayoría de colombianas y colombianos, de que es hora de asumirse como sujeto político, tomar las riendas de su propio destino y, mediante la conjunción armónica de participación directa y representación inequívoca y honesta, no permitir ni tolerar que continúe triunfante la técnica de escamotear el despojo bajo la simulación del consentimiento.
A estas alturas hemos aprendido a evadir la trampa dilemática: o la seudodemocracia o la lucha armada. La primera ha servido para mantener al pueblo feliz en su situación miserable, convencido de que su infortunio es el producto de sus propias decisiones, y la segunda, para generar la ilusión de una victoria imposible, que mientras llega, y no puede llegar, suministra al régimen los mejores argumentos justificativos de su acción proditoria y devastadora.
Nuestra lucha ha de ser hermosa y eficazmente inerme, delatora, ella sí, de las consecuencias monstruosas que emanan del ejercicio de la fuerza irregular, oficial o privada. He visto en las marchas de las comunidades indígenas nuestro modelo. Unidos por un propósito y acompañados solamente por el símbolo de la fuerza que da la autoridad: el bastón de mando.
Que nadie pueda achacarnos las ignominias que nosotros sí podemos imputar a organizaciones criminales, con muchas de las cuales es connivente el régimen por buscar con él, el propósito común de preservar y ahondar las iniquidades cuya erradicación justifica nuestro empeño.
Descreemos de la fuerza de las armas, cualquiera sea el actor que las esgrima, y ponemos toda nuestra fe en el vigor de los argumentos y en la energía incontenible del pueblo desarmado y convencido de que la razón y la justicia están de su parte.
5. Tenemos menos de un año de vida y obtuvimos a seis meses escasos de nuestro surgimiento, más de 2 millones seiscientos mil votos, casi doblando al liberalismo, partido tradicionalmente mayoritario. Y hace dos semanas, en unas elecciones internas para este Congreso, que rebasaron nuestra capacidad organizativa aun muy embrionaria, más de 555.000 votos. Apelando a cuáles medios? Sólo a la solidez de nuestra propuesta , a la credibilidad de nuestra conducta y a la desilusión de amplios sectores de opinión con el proyecto oficial.
Pero no podemos dejar de relievar que un factor eficiente de nuestros buenos resultados ha sido el empecinado esfuerzo unitario en que la izquierda colombiana se ha empeñado desde hace casi un siglo pero que sólo ahora cristaliza. Somos una organización pluralista en la que convivimos personas y grupos que tenemos discrepancias en muchas cosas, pero no en una: la necesidad de construir la democracia colombiana. Esa es la idea motriz que nos convoca y a ella sacrificamos desacuerdos que, referidos a ella, resultan secundarios, casi inanes.
!Cómo me gustaría, en esta coyuntura, hacer cosas con palabras! A qué me refiero: A que siento con tal fuerza la necesidad de mantener y consolidar la unidad, que mis palabras no la expresan con el mismo vigor.
Queridos compañeras y compañeros: somos actores en una situación histórica privilegiada. El aparato encargado de preservar un estado de cosas inicuo, está en trance de venirse a menos, y vean ustedes: no por falta de armas poderosas que las tiene, propias y prestadas del ejército más poderoso del mundo, si no por las vergonzosas lacras morales que ya no puede ocultar. Como si no fuera suficiente su aparato logístico guerrero, tiene en su apoyo las peores organizaciones criminales diestras en delitos de lesa humanidad. Y pide, sin reato ni verguenza, que quienes son sospechosos de haber sido elegidos con sus votos, respalden sus iniciativas en el Congreso. Tal para cual: los medios a tono con los propósitos. !Se parecen tanto los que se empeñan en lo mismo! Qué le vamos a hacer: ese es el criterio de legitimidad que usa el Señor Presidente de la República. Créanme que yo no se lo enseñé.
Lo que acabo de señalar confirma nuestra tesis: No son los fusiles los que han de definir el resultado de esta lucha, sino la fuerza persuasiva de los argumentos y la autoridad moral de quienes los esgrimen.
Hoy los vientos de la historia son propicios en América Latina para estos virajes urgentes, pero no son ellos sino nuestro empeño porfiado el factor determinante de que el cambio tan anhelado ocurra. De ello pueden dar fe los pueblos de los países vecinos que han recorrido ese camino, algunos de cuyos representantes nos honran con su presencia.
6. Pero me he quedado corto en la exhortación: no vamos a sucumbir a tentaciones constantes de división, porque las hay y las habrá, y es necesario desecharlas. El pluralismo de nuestra organización política no es su mayor debilidad sino una de nuestras grandes fortalezas.
El diálogo interno permanente fluido y civilizado ajeno a dogmas y
a prejuicios sectarios ha de enriquecer y vigorizar nuestra propuesta, no sólo en beneficio de la organización misma sino ante todo en provecho del país, que es el que legitima y justifica todos nuestros esfuerzos. No queremos un Polo Democrático Alternativo sólido y eficiente para regodearnos en nuestro logro interno. Lo necesita Colombia como instrumento necesario de cambio para hacer el tránsito pacífico hacia un país decente. El Constituyente de 1991 lo vió con claridad: el único camino que conduce a la paz es la vigencia de los derechos y la materialización de la justicia.
7. No es éste el lugar para exponer o reiterar las ideas que han generado nuestra convergencia: están expuestas en nuestro ideario de unidad y en el esbozo de nuestro programa de gobierno que fue bandera en las pasadas elecciones. Esos documentos condensan las ideas reguladoras de nuestro acuerdo: voy a aludir sólo a dos, en torno a las cuales podemos hacer girar todas las demás: 1. Reivindicación de la soberanía nacional que hoy se encuentra en lamentable estado de exposición y abandono. Sin soberanía no hay dignidad nacional y ni siquiera Estado. El proceso de globalización está en marcha. De esa circunstancia somos conscientes y esa conciencia ha de permitirnos afrontarlo de manera adecuada y digna. Porque en ese proceso no está implícita la abdicación de la soberanía nacional y su enajenación al Estado imperial más poderoso que ha conocido la historia y 2. La recuperación para el Estado de la dirección de la economía, para evitar que el modelo neoliberal intensifique las causas del conflicto al profundizar la brecha entre ricos y pobres. Es allí donde hay que rastrear las causas del conflicto, que sin duda existe, y diseñar políticas que no sólo precaven la guerra de todos contra todos, sino que resultan esenciales para la construcción de una sociedad democrática en la que es la justicia el presupuesto de la seguridad.
Profundizar el acuerdo y afinar nuestras bases programáticas y la organización que ha de ser su portadora, es el propósito de este gran Congreso Constituyente que me honro en declarar formalmente instalado, que habrá de ratificar que nuestra vocación de crecimiento es incontenible y nuestro pacto de unidad inquebrantable
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En la sección Congreso de Unidad 2006
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