Por: DANIEL VALERO
Aunque muchos los reconocen en diferentes lugares del mundo por su particular estilo de vida y los relacionan con las artes adivinatorias, esta comunidad en Colombia se organiza para reivindicar sus derechos.
Atrás quedaron esas épocas en que a los Gitanos sólo se les veía errantes por caminos polvorientos, acampando en las afueras de los poblados y dedicándose a la adivinación y los espectáculos públicos.
Los tiempos efectivamente han cambiado y el pueblo Gitano, también conocido como población Rom, comienza a reconocerse en el país como una colectividad étnica que, además de un español fluido, maneja simultáneamente su propia lengua -el romaní-. Aunque su inclusión social no ha sido fácil, esta comunidad ha venido, poco a poco, organizándose para defender sus derechos y buscar el mismo reconocimiento que el Estado otorga a otras minorías poblacionales.
Según los resultados del Censo 2005 realizado por Departamento Nacional de Estadística (Dane), en Colombia hay cerca de 5.000 personas pertenecientes al pueblo Gitano. Es decir, que son el 0,001% de la población total del país.
Se trata, según sus voceros, de un reclamo justo, ya que la comunidad Rom ha estado presente en la historia colombiana desde tiempo antes de la formación de la República. Por ejemplo, son varias las referencias que se hacen a la presencia de cuatro Gitanos en el tercer viaje de Cristóbal Colón al ‘Nuevo Mundo’. Sin embargo, sólo hasta mediados del siglo XIX se presenta una gran oleada migratoria de gitanos hacia América buscando nuevas tierras.
Un proceso de visibilización
Ese proceso de reivindicación que adelanta esta comunidad en nuestro país ha sido lento, en gran parte porque primero debieron enfrentar a su propio perfil y costumbres. Lo anterior porque, culturalmente, los Gitanos manejan el concepto de invisibilidad. “Ello consiste en pasar con bajo perfil entre los habitantes de los pueblos a donde llegamos, se trata de preservar nuestra cultura; de igual forma, entre nosotros existe un etnocentrismo fuerte que ayuda a preservar a nuestro pueblo”, afirma Venecer Gómez, Gitano radicado en Girón, municipio santandereano.
“Esa estrategia de invisibilidad fue efectiva en otras épocas, pero actualmente necesitamos hacernos notar ante el Estado. No queremos que nuestras tradiciones desaparezcan y, precisamente, por esa necesidad de sobrevivencia cultural nace Prorrom (Proceso Organizativo del Pueblo Rom de Colombia). Estamos en un proceso de visibilización ante la sociedad”, precisa Gómez.
Pero ese no es un proceso fácil. Por ejemplo, la población Rom no cuenta con líderes específicos, ya que dentro de su tradición es el padre de cada familia quien ejerce la autoridad dentro de su núcleo multifamiliar. Sin embargo, para acceder a los planes de vivienda, educación, salud y otros que el Estado proporciona a las comunidades étnicas, han tenido que organizarse y elegir representantes formales para realizar las gestiones necesarias ante las distintas instancias gubernamentales.
Y esa urgencia de acceder a los programas sociales estatales se ha incrementado en la medida en que la población Gitana viene dejando atrás su tradicional hábito nómada, en gran parte porque el conflicto armado que sufre el país terminó por limitar su capacidad de movilización libre y segura entre poblados aislados y semiurbanos. “Existen algunos zonas donde no podemos transitar por el riesgo de ser víctimas de algún enfrentamiento armado. No puedo mencionar un caso específico por la seguridad de mi comunidad, pero en varias oportunidades hemos tenido que establecernos en puntos como Girón, Cúcuta, Bogotá, para preservar nuestras vidas”, afirma Ana Dalila Gómez, líder del pueblo Rom que, incluso, fue candidata al Senado de la República por el Polo Democrático Alternativo (Pda) en las pasadas elecciones de 2006, pero apenas logró 1.205 votos. Por ello, muchos Gitanos hoy no viajan constantemente y terminan por ubicarse de manera permanente en municipios y ciudades en donde se adaptan a las costumbres y modos de vida. Ese sedentarismo cultural ha llevado a que, lamentablemente, dejen atrás muchos de sus hábitos y costumbres como su ancestral tradición oral. Hoy una buena cantidad de niños de estas comunidades reciben educación en escuelas y colegios corrientes con profesores ‘gadye’, nombre con el que se llama a los no Gitanos.
Normatividad y reconocimiento
Según Juan Carlos Gamboa, asesor y académico de Prorrom, “en razón a que otros grupos étnicos, como los indígenas o los afrodescendientes ya trabajaban en procesos organizativos, era importante que los Gitanos se organizaran y demandaran el reconocimiento de sus derechos como pueblo”.
Para ello, los Gitanos se amparan en lo mandado por el artículo 7º de la Constitución, en donde el Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural. Pero aterrizar esas normas en hechos concretos de reconocimiento no ha sido fácil. El proceso empezó a tomar cuerpo hace pocos años. Para muchos el punto de partida formal se dio en 1998, cuando en Girón se realizó un encuentro que se denominó “Pasado, Presente y Futuro del Pueblo Rom de Colombia” y cuyo objetivo fue el de discutir qué acciones implementar para que este pueblo tuviera el mismo reconocimiento, apoyo y protección de otras minorías étnicas como las de los indígenas y afrodescendientes.
Desde entonces es mucho lo que se ha tratado de hacer para convencer al Congreso y otras autoridades de crear una legislación especial para la protección del pueblo y la tradición Gitana. Sin embargo, hoy por hoy no existe un estatuto que defina la autonomía cultural para el pueblo Rom.
Voceros de estas comunidades recuerdan como uno de los pocos avances logrados es que en 1998 se aplicara en Colombia el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), no sólo en relación con pueblos indígenas y tribales, sino también con la colectividad Rom. Esa medida ha servido para sustentar muchas de las demandas sociales de los Gitanos.
“A partir de allí, se ha conseguido incluir a los Gitanos en los últimos Planes Nacionales de Desarrollo. Primero en el gobierno de Pastrana Arango y luego en el primer mandato del presidente Uribe Vélez. Esto nos ha servido como base para presentar ante el Ministerio del Interior y de Justicia la necesidad de realizar desarrollos legislativos para los Gitanos”, destaca Gamboa.
Especial para “El Nuevo Siglo”
Tomado de: El Nuevo Siglo. Bogotá, D.C. 24 de enero de 2007. http://www.elnuevosiglo.com.co/noticia_busq.php