Intervención en la sesión de clausura del Foro Ideológico Nacional realizado en Bogotá el 10 y 11 de junio de 2004.
Compañeras y compañeros, es un gusto poder dirigirles unas palabras finales en la tarde de hoy.
Como dicen los textos, un fantasma recorre a América Latina: el fantasma del fracaso del Consenso de Washington, que se suma al fracaso de las dirigencias históricas de estos países, para hacer que el continente latinoamericano camine por la senda del crecimiento económico, del desarrollo, del progreso.
La última de las recetas internacionales del Consenso de Washington ha muerto, y en Sur América especialmente empiezan a buscarse los caminos alternos a ese Consenso.
La victoria de Lucho Garzón en Bogotá mostró que Colombia no está fuera de esa situación continental.
Podemos decir que en este periodo son dos los grandes ejes que se han movido en la política colombiana: la necesidad de seguridad llevó al presidente Uribe al poder en el 2002; y la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo económico y social llevó a Lucho Garzón a la Alcaldía de Bogotá en el año que está en curso.
Creo que sin embargo esas posibilidades que nosotros mejor que nadie representamos en Colombia, de ser una alternativa al Consenso de Washington y a la tradición histórica del gobierno de Colombia es todavía una posibilidad en desarrollo conceptual.
En América del Sur no hay un solo modelo alternativo. Hay varios. Y los tenemos que estudiar todos con detenimiento si queremos encontrar qué pueden enseñar esos modelos a la realidad colombiana. Desde el modelo chileno, con un gobierno como el de Lagos, del Partido Socialista, como parte de una coalición con la Democracia Cristiana, está aplicando una forma determinada de desarrollo económico y social para Chile, hasta ese modelo que deslumbra mucho más a algunos compañeros, que es el de nuestra vecina Venezuela...
Entiendo el deslumbramiento con Venezuela, pero hay que mirar otras cosas. Hay que mirar qué está pasando en Brasil, qué representa hoy Lula en la lógica de un modelo alternativo al Consenso de Washington, de un modelo alternativo al ALCA y a la internacionalización. Es distinto al de Chávez. Es distinto al de Lagos.
¿Y qué está pasando Argentina? Porque Kirchner también representa una tendencia de izquierda que está haciendo cosas que no se han hecho: que se le metió al toro de la deuda de un modo distinto, forzado por unas circunstancias muy complejas de la realidad argentina heredada del reelegido Menem; y tuvo que plantarse frente a los organismos internacionales a decir que no pagaba, a exigir moratorias, a exigir negociaciones.
Debemos estudiar qué está pasando allá; y hacerle seguimiento a lo que está pasando en Uruguay, donde el Frente Amplio, después de muchísimos años va a llegar también al poder.
Tenemos también que hacerle seguimiento a lo que está pasando con Mercosur, que se está planteando esa idea bolivariana de la unidad de América Latina: la real hasta ahora.
De manera que tenemos mucho trabajo que hacer, si queremos conseguir de la experiencia de nuestro continente elementos que nos sirvan para ver cómo plantarnos en este momento político, con unas propuestas de desarrollo económico y social para el país. Porque al final las referencias internacionales no son más que eso: referencias; puntos de vista que han de servirnos para construir nuestro propio pensamiento y nuestra propia propuesta.
Por supuesto, es imposible repetir experiencias en condiciones distintas. Para los compañeros que tanto les gusta el modelo venezolano, pues no se va a poder repetir una serie de circunstancias que hay en ese país. ¡Es imposible tener 26 mil millones de dólares de ingresos petroleros en Colombia! ¡Es imposible sobrevivir un golpe de Estado y quedar con el control total de las Fuerzas Armadas en Colombia! Como es imposible replicar la situación argentina, o la chilena, o la boliviana, para que hablemos de otro proceso extraordinariamente importante.
Pero todas esas experiencias tienen que darnos información de lo que significan para ver qué es replicable y qué podemos aprender de ellas, porque vamos detrás de ellas y necesitamos tener la capacidad de entender qué nos dejan como resultado.
Porque además estamos en Colombia. Si me permiten ustedes un símil bastante malo, diría que en la situación colombiana de hoy se está viviendo una cosa de más profundidad pero de algún modo parecida a la que pasó al final de la hegemonía conservadora en los años ’20, cuando surge con toda fuerza el Partido Liberal que gana las elecciones contra esa hegemonía conservadora que venía desde el siglo XIX. Y entonces llega un gobierno, que fue el de Olaya: un gobierno que después es seguido por López Pumarejo, el papá del presidente López Michelsen, que significó la modernización institucional de Colombia e incorporó una cantidad de sectores nuevos, organizó el sindicalismo y en general produjo una transición que le da la fortaleza que hoy tiene y mantiene el Partido Liberal.
Por supuesto, es un proceso de revolución en marcha que se frustró, que se quedó en la mitad, que no fue capaz de ir a fondo. Pero llamo la atención a que estamos tal vez en una etapa que puede tener similitudes con ese momento histórico.
Creo que estamos llegando al límite de la hegemonía neoliberal. Estamos llegando a ese punto. No sé si va a cambiar en el 2006 o en el 2010, pero sí sé que de ahí no pasa, de ahí no sobrevive. Y vamos a tener entonces, como decía alguien en la sesión final, que echarnos al hombro todos los errores históricos cometidos por los que han dirigido este país desde hace tantísimos años, y vamos a tener que hacer un programa de transición.
Quiero que también pensemos en eso.
Por supuesto, una transición debe tener una meta, un objetivo claro. Pero debe tener unos pasos hacia allá. Intentar aplicar un problema de transformación radical instantáneo de toda la realidad colombiana sin una transición me parece a mí que puede conducir a la muerte del paciente. Sería una droga tan poderosa y tan potente que mata al enfermo al tratar de curarlo; que le cierra el camino a esa perspectiva.
Porque estoy convencido que el cambio de la sociedad colombiana no va a ser resultado de un gobierno. No pudo ser siquiera en Nicaragua, donde los sandinistas triunfaron con las armas. Mucho menos lo va a ser en la realidad colombiana una victoria electoral en las condiciones estructurales en que estamos viviendo.
Creo que nosotros debemos pensar en un programa de transición: uno que tenga contenidos políticos, contenidos económicos, contenidos sociales; que debe además construir una red de alianzas; alianzas que no son sólo políticas, sino que también requieren de un programa económico y social de coalición.
No veo otra manera como podamos afrontar los retos políticos del periodo que viene. Y me parece que aquí estamos empezando una discusión; que estamos empezándola bien, pero esto es un proceso, en el cual -quiero decir- aquí no estamos, ni vamos a poder construir -ni siquiera en el primer Congreso del PDI- el plan de gobierno del PDI en el 2006.
Eso necesita mucha más elaboración, mucha más reflexión, mucho más pulimiento. Porque, repito, yo no siento como un plan de gobierno, que tiene que ser hecho entendiendo la realidad del momento histórico que estamos viviendo, no creo que esté bien que andemos por el camino de otros procesos en este terreno. Hablemos sólo del brasilero: un programa radical del PT, que en cada nueva elección tuvo que irse moderando, para poder encajar con la realidad brasilera. Yo creo que ese no es un buen camino. Creo que debemos, por el contrario, pensar mucho más coherentemente en el momento histórico y en el proceso para enfrentarlo correctamente.
De manera que sí tenemos que recoger la experiencia continental, la experiencia propia, y para ser capaces de organizar un programa político, económico y social de transición todavía tenemos mucho trabajo por hacer, y estamos sólo empezando.
Por cierto, el hábito no hace al monje (...) valoro muchísimo la moderación. Me parece que es una virtud política. Valoro la moderación y la considero esencial, como uno de los componentes centrales de lo que debe ser la política en este periodo. Creo que este es uno de los activos que tiene el PDI: que cuenta entre las diferencias que tiene el PDI con otras organizaciones políticas de izquierda y de derecha.
Porque entre otras cosas, no hay camino de transición, no hay camino de victoria, no hay camino de posibilidad sin una propuesta de centro-izquierda. Creo en eso. Creo que es esencial, creo que es -repito- parte de la personalidad del PDI. Lo cual no quiere decir que el resultado de un gobierno del PDI (y no puede serlo ni en el nivel nacional, ni en el nivel del municipio más pequeño) sea simplemente administrar el statu quo.
No. Administrar el statu quo no tiene presente. No tiene ni siquiera pasado, porque ha fracasado. Pero -repito- tener un programa posible, sensato, viable, es -me parece- la tarea fundamental, si queremos que nuestro futuro político sea del tamaño que la sociedad colombiana está exigiendo.
Muchas gracias a todos y declaro clausurado este Foro.