Uribe aprovecha cualquier pretexto para macartizar el sindicalismo. Ahora el caso proviene de un documento suscrito por fuerzas políticas y sociales participantes en un seminario en Ecuador.
Por lo que se conoce, el documento no es una declaración de guerra, ni un manual de sabotaje sobre temas de terrorismo, ni un compendio de amenazas. Francisco Santos y Uribe se rasgan las vestiduras por un documento de circulación vía internet. Se trata de una nueva cortina de humo sobre la narcoparapolítica. Y un falso argumento para intentar, por enésima vez, de convencer al Congreso estadounidense de aprobar el embolatado TLC con Colombia. Tal argumento se resume en la advertencia final del presidente: "¡Ojo, que por eso fue que en el pasado los asesinaron!".
Entonces, ¿Las muertes de centenares de sindicalistas se debieron a sus opiniones? ¿Suscribir una declaración general sobre América Latina, con una mención sobre la lucha armada en Colombia, convierte a los firmantes en terroristas? ¿Pretende Uribe cambiar la opinión de connotados congresistas, organizaciones no gubernamentales y sectores democráticos de la opinión en los Estados Unidos que están convencidos, por todas las evidencias de los últimos quince años por lo menos, que la muerte de sindicalistas, como de opositores de izquierda, ha hecho parte de una política de Estado? ¿Acaso puede seguirse ignorando que el paramilitarismo es elemento clave de esa política? ¿Y que en la sociedad norteamericana hay un cierto sentimiento de corresponsabilidad en ella por cuanto ha sido agenciada por el Comando sur, el Pentágono y la CIA, las más de las veces a espaldas de la opinión?
La advertencia de Uribe a los sindicalistas es una confesión de que en Colombia los disidentes pueden ser asesinados por su modo de pensar. Y que los gobernantes justifican esas muertes según su particular forma de calificar y enfundar los hechos en el esquema del terrorismo. Lo mismo han dicho el presidente y el vicepresidente con relación al genocidio de la Unión Patriótica. Así lo manipularon en la propaganda de su campaña reeleccionista para ofender la memoria de miles de asesinados por el terrorismo de Estado. No es nuevo en ellos. Lo nuevo es que esa lógica justificatoria, encendida de odio de clase contra los trabajadores y quienes piensan con independencia, ya no puede convencer a nadie.
La violencia y el terror, actuados o consentidos desde el poder económico y mediático, acompañados y puestos en marcha desde estructuras del Estado y amparados en la impunidad han hecho crisis en Colombia y otros ámbitos del imperio. Será muy difícil sostener por más tiempo ese andamiaje de hipocresía, miedo y política de fuerza.
* Jaime Caycedo / Secretario General del Partido Comunista Colombiano/ PDA
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