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Columna de opinión
¿Hay posibilidades de paz con las Farc en el próximo cuatrienio del presidente Uribe?
Viernes 4 de agosto de 2006

Bogotá-. Se inicia el nuevo mandato del Presidente Alvaro Uribe, con un respaldo ciudadano impresionante, unas claras mayorías en el Congreso Nacional, una alianza estable con el Gobierno de los Estado Unidos y un entorno internacional que lo mira con respeto.

Es inmenso el capital político con el que inicia su segundo mandato y las expectativas sobre lo que puede desarrollar frente al principal reto que se mantiene en la sociedad Colombiana, como es el de enfrentar y superar la guerra que vivimos desde hace ya cuatro décadas, rondan en las cabezas de muchos Colombianos. ¿Llegaremos al 2010, con la persistencia de una guerrilla que ha demostrado su capacidad para perdurar en su acción?, o ¿veremos en estos años su derrota militar?, o ¿acaso el logro de un pacto político negociado?.

Es preciso, para intentar algunas respuestas al desenvolvimiento futuro de la guerra y sus posibilidades de finalización, el preguntarse por el momento en el que estamos de la confrontación y varias evidencias saltan a la vista: las FARC siguen con iniciativa militar, limitada, pero se mantiene su capacidad de hacer daño y enfrentar a las fuerzas armadas y afectar a la población civil. Evidencias de ello son los hechos del carro bomba en Bogotá, la emboscada a la patrulla del Ejercito en Tibú y la bomba contra el grupo de erradicadores de Cultivos de Coca en la Macarena, sucedidos la semana anterior.

Las FARC asumieron desde el 2002 un repliegue a sus zonas de mayor control y una táctica de golpear a las fuerzas armadas con francotiradores, campos minados y golpes a tropas importantes cuando les fuera posible. Un balance de cuatro años del primer mandato del Presidente Uribe, en cuanto a la confrontación con las FARC, está por hacerse, pero lo que salta a la vista es que las FARC se mantienen con una importante capacidad de acción y respuesta militar, acotada y con menores posibilidades de concentración de fuerzas. Como algunos especialistas de los temas militares han señalado, las FARC han regresado a una operatividad clásica de guerrilla, con pequeños destacamentos que operan sobre-seguro y un recurso al terrorismo urbano, en la medida que su acción no logra discriminar entre civiles y combatientes.

Las FARC se mantienen en su agenda de interlocutar de poder a poder con el Estado Colombiano, y no hay por que pensar que van a reducir sus aspiraciones de lograr un proceso de reparto de poder y reformas sociales y económicas, como lo han venido agitando desde su fundación en los ya lejanos años sesenta. Entonces estamos abocados a que el Presidente Uribe, al mando de las Fuerzas Armadas, les infrinja un considerable daño militar que los reduzca y los convenza de que no hay otro camino que “empacar” las maletas y pactar un armisticio en un pueblito de Alemania, como lo señaló el Mono Jojoy, en un poco probable escenario de derrota de las FARC; a abrir nuevamente una mesa de negociación y acordar las condiciones para que las FARC se reconviertan a un movimiento político, previa negociación de una agenda acotada, viable y aceptada por los grupos de poder más significativos de la sociedad Colombiana y con un respaldo ciudadano importante; o a mantenernos en otros cuatro años de confrontación militar, sin vencedores ni vencidos y una frustrante persistencia de la violencia, con sus costos humanitarios y la inestabilidad para acometer una agenda de democratización e inclusión social, en un país que tiene demasiados retos por delante y le urge salir del “pantano” de la guerra .

El Presidente Uribe ha demostrado ser firme en la confrontación a las FARC. No hay duda de su deseo de derrotar a las FARC, o de llevarlas disminuidas a un pacto. Pero igualmente el Presidente es un hombre con los pies bien asentados en la tierra, que puede presentar propuestas y fórmulas para llegar a una mesa de negociación con una guerrilla que no es triunfante pero tampoco esta derrotada, El Presidente Uribe tiene un mandato renovado para intentar nuevos caminos complementarios a los ya recorridos, puede ser un mandatario que con realismo logre poner punto final a esta ya larguisima confrontación.

Por supuesto que igual realismo y audacia se requiere de la dirigencia de las FARC para lograr enrutarnos por los caminos del dialogo y la negociación política, pero un punto que debe ser fundamental es no pretender la revolución por decreto. Lo que tiene como contraparte para el Presidente Uribe y la dirigencia que lo acompaña, no pretender que las FARC se bajen de los fusiles por muy poco. No, hay de por medio temas a tratar: Reforma rural, garantías de inclusión de regiones, mecanismos para democratizar la competencia política y uno fundamental, que no habrá tiros por la espalda a los rebeldes reincorporados.

Hay dos imágenes que no son deseables para el país, ver morir en el monte y en la clandestinidad a Manuel Marulanda Vélez, y que el presidente que se posesione el 7 de agosto del 2010 nos vuelva a convocar a una cruzada nacional para derrotar a las FARC.

(*) Asesor Corporación Nuevo Arco Iris


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