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Columna de opinión
Hermano mata hermano
Tomado de El Espectador
Domingo 27 de agosto de 2006

Bogotá-. Me repugnó la forma macabra como acribillaron a Carlos Castaño. Tras veinte minutos de intensa balacera, luego de que a su jefe de seguridad le descargaron un proveedor completo en la cabeza, lo enterraron en una fosa común con sus cuatro escoltas y, dos días después, lo desenterraron para picarlo en pedazos e incinerarlo. Y todo ordenado por su hermano Vicente, con la complicidad del resto de sus antiguos compañeros. Escenas tan horripilantes, jamás vistas en las vendettas de El Padrino.

Su muerte no me produjo tristeza. Más bien, siento un profundo repudio por lo que representó, por lo que hizo y, por qué no decirlo, miedo por lo que sabía que era capaz de hacer. Ordenó la masacre de centenares, si no miles, de campesinos y por sus acciones, hay millones de desplazados. Confesó haber realizado el asesinato de Carlos Pizarro y ha sido condenado o acusado por los de Eduardo Umaña, Jaime Garzón y Mario y Elsa, entre muchos otros. Murió en su ley.

Con su muerte, pareció también extinguirse su aspiración a que las Auc fuesen reconocidas como un proyecto político. Lo que se escuchó en Santa Fe de Ralito, lejos de una “agenda política” o propuestas para la nación, fue “no me extraditen, no nos metan a la cárcel, no nos quiten nuestras tierras, ¡yo!, ¡yo!, ¡yo!”. La arrogancia de los jefes de las Auc en su gran debut en el Congreso, en vez de servirles como el trampolín que esperaban, tuvo un efecto bumerán. Sus prácticas han sido propias de organizaciones mafiosas: a Castaño lo mataron, no por ninguna disputa ideológica o diferencia política, sino porque los iba a entregar a los gringos para ser extraditados. El pacto de silencio y el encubrimiento de este crimen por parte de la cúpula de las Auc, hoy “detenida” en La Ceja, durante dos años de supuesta “negociación”, constituyen ejemplos de modalidades típicas de los capos. Rodrigo 00 y Miguel Arroyave también fueron eliminados a bala por sus propios, así como a Pablo Escobar, lo mataron el Estado en comunión con sus ex socios. A las Auc no las destruyeron ni las Farc ni las autoridades, sino ellas mismas.

El tan anhelado carácter político no es algo que se otorgue por decreto, sino que se desprende de los hechos. Y la realidad en estos años ha sido contundente en desnudar a los paras como lo que son: narcos, negociantes y asesinos.

Pero una cosa es que el proyecto de las Auc esté en crisis y otra muy diferente que el fenómeno del paramilitarismo, en lugar de haberse desmantelado, esté hoy en medio de un proceso de evolución, consolidación, transformación, legalización y recomposición.

Los paras han acudido a la vieja práctica, también mafiosa, de comprar políticos. En vez de reducirse el 30 % del Congreso que decían tener a su favor, hubo un cambio en la correlación de fuerzas, como con mucha lucidez lo ha analizado Claudia López, a favor de los amigos de Jorge 40 y en desmedro de los de Mancuso, supuesto heredero de la línea Castaño (Carlos). La Corte Suprema tiene en su poder testimonios que comprometen a los congresistas Jairo Merlano, Muriel Benito y Alvaro García Romero con los paramilitares. El mismo día en que RCN daba la noticia de que Castaño había mandado a matar a Castaño, el presidente Uribe se reunía en Palacio durante horas con la bancada de los ex purgados que el mismo Presidente-candidato había pedido, durante la campaña, fueran investigados por la Fiscalía, por nexos con el paramilitarismo.

Hasta Caramagna por fin denunció, en el caso de Juan Carlos Sierra, lo que hace rato es vox populi: que los narcos, por medio de comprar franquicias, se estaban haciendo pasar por paras. Casos como el de La Gata sugieren que muchas organizaciones han pasado a una nueva fase, incursionado en otros negocios, como la apropiación de recursos públicos, el chance, las ARS, el contrabando, la gasolina, los prostíbulos, la piratería, que hoy pueden estar rentando aún más que el propio narcotráfico. Y mantienen intacta su arma más poderosa que en varias ocasiones han exhibido: prender el ventilador.

Con Vicente Castaño, aún prófugo, y Jorge 40 negociando su entrega por intermedio del Congreso, el panorama es incierto. Los mandos medios, quién sabe en qué planes anden y mientras el narcotráfico siga produciendo fortunas, muchos verán la jubilación de sus jefes como una oportunidad para ascender en la cadena. Así como hoy estamos hablando de los lugartenientes de ayer (Carlos reemplazó a Fidel Castaño y Don Berna heredó mucho de Pablo Escobar), lamentablemente, dada la renovación histórica del crimen en Colombia, mañana lo más seguro es que estaremos tratando con los lugartenientes de hoy.


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