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Alexánder López

Intervención del Senador Alexander López en el Seminario Internacional Socialismo del siglo XXI
Jueves 10 de abril de 2008

“….y las aguas tardarán cincuenta
años en regresar a su cauce normal."
Jorge Eliécer Gaitán

Debo iniciar por señalar que la responsabilidad que me corresponde al instalar este seminario aquí con ustedes, con tantos amigos de Colombia y de América latina, con la familia Gaitán, no resulta nada fácil Un evento cuyo nombre señala con tanta claridad la vigencia del pensamiento y el testimonio socialista, democrático y revolucionario del Dr. Jorge Eliécer Gaitán, cobra mayor importancia aún, estando como estamos hoy, rodeados y bajo el cerco de quienes pretenden enterrar una y otra vez, a este hombre convertido en símbolo de lucha, patrimonio, pensamiento y legado del pueblo colombiano. El Dr. Luis Carlos Restrepo, alto comisionado de Paz del actual gobierno del presidente Uribe decía tan solo hace unos pocos días, que era necesario “voltear la página y cerrar la herida permanente que producía recordar año tras año el asesinato de Gaitán”. Pues bien, Dr. Restrepo, hoy estamos reunidos aquí para desmentir sus palabras y para reabrir las heridas de aquellos muertos, nuestros muertos, que no saben callarse, que no saben voltear sus páginas, en las cuales el pueblo colombiano no ha terminado de escribir su propia historia y sellar su destino.

Pués precisamente, hoy, al filo del medio día, habrán pasado 60 años y las aguas en Colombia aún no habrán regresado a su cauce normal. Tal como lo planteara con alma de profeta, el que ustedes han venido a honrar con su presencia, aquí. Aguas que rebeldemente emanan de sus lechos con sangre de pueblo, que no deja de derramarse en nuestro suelo.

Tan solo en los últimos 25 días han sido brutalmente asesinados en nuestro país Edgar José Molina, colaborador de las organizaciones cívicas y de trabajo por la Paz en el departamento del Huila. Leonidas Gómez, trabajador y dirigente sindical del Banco Citibank, Gildardo Antonio Gómez Alzate, educador y delegado de la Asociación de Institutores de Antioquia Carlos Burbano directivo del sindicato de los trabajadores de la Salud, ANTHOC, los indígenas AWA del departamento de Nariño Adolfo González Montes, Alonso Rosero, Johnny Soleto y Zoilo Paulino Fajardo y Manuel Antonio Rosero Rodríguez, de 26 años de edad, cuyo paradero se desconoce.

Todos ellos murieron en estos días bajo una causa en Colombia, todos eran inocentes, todos injustamente sacrificados. Y tras ellos, hay miles de asesinados, miles de desaparecidos, miles de secuestrados, miles de refugiados, millones de desplazados, en un rió de sangre y dolor que no encuentra su cauce, que no descansa, que no cesa. En los últimos 10 años, se han registrado 14500 asesinatos de víctimas inocentes de la mano de grupos paramilitares en Colombia. Solo durante el gobierno del Presidente Uribe, han sido asesinados más de 2600 personas de la mano de estos grupos, mientras se desarrolla un proceso de negociación de paz con el Gobierno Nacional. Desde el año 2006 a la fecha, han sido denunciados más de 1000 asesinatos de ciudadanos bajo la modalidad de ejecuciones extrajudiciales llamados falsos positivos que han sido denunciados como de responsabilidad de las Fuerzas Armadas colombianas. Son más de 3000.000 millones de colombianos desplazados de sus tierras y 15000 desaparecidos forzados. A la par de 700 y más personas secuestradas en poder de los grupos armados. Una y otra vez, asistimos en Colombia a la reconstrucción de aquel fatídico instante de la 1:05 de la tarde, en la carrera Séptima con avenida Jiménez, de ese lejano Abril de nuestros abuelos, en la Bogotá de 1948. Solo que en cada nueva ocasión el crimen se repite con un ser humano distinto, un testimonio propio e irrepetible, una nueva tragedia. Son más de 100.000 crímenes en la impunidad según el proyecto Nunca Más de Crímenes de Lesa Humanidad en las últimas 3 décadas en Colombia, que se suman a las 300.000 víctimas de la violencia partidista de la década de los cincuenta. Seguramente estamos hablando de más de medio millón de asesinatos políticos que reeditan 60 años de turbulencia irredenta. Como diría el ensayista William Ospina, el 9 de Abríl de 1948 no se partió la historia de Colombia en dos, sino que se confirmó de forma dramática, con quizás uno de sus más lúcidos y puros de sus hijos. De la misma manera, habrá que decir, que aquel que muere en la acera bogotana, no solamente era un hombre, un esposo, un hijo, un padre, un abuelo, un abogado, era ciertamente, como lo atestiguan los estudiosos; un proyecto de vida y de nación enteramente distinto a la Colombia que hemos conocido.

El Dr. Jorge Eliécer Gaitán de 1948, después de; 30 años de vida política sirviendo de voz a quienes hasta ese momento no la habían tenido, después de… denunciar a la caída del régimen conservador con la terrible masacre de los trabajadores de las Bananeras y después de… revelar la estafa que significaba para los intereses populares la revolución prometida por López Pumarejo; era el seguro presidente de Colombia de los años cincuenta…de haberse respetado su vida. Un verdadero presidente colombiano, jefe de Estado, jefe de Gobierno y suprema autoridad administrativa, como ninguno que hemos conocido. Un presidente de cara al pueblo, de rostro limpio y camisa lavada en el lavadero. Alguna vez el Dr. Gaitán reclamaba ante un grupo de periodistas en Costa Rica:

“No me consideren ni me llamen hombre importante porque procedo de un país donde los llamados hombres importantes me han desengañado. Detrás del cortinaje dorado de la ponderada importancia de esos hombres solo encontré desengaño. Tras el aparente oro no había más que cobre. Esos hombres importantes hacen pagar caro a los pueblos su importancia, los subordinan taimadamente con aparente y calculado oropel”

De la mano de este presidente, el país hubiera sido gobernado por una generación de verdaderos demócratas, por aquella brillante generación de los años 30 y 40 en Colombia; intelectuales, académicos, estadistas, poetas, que comprendían la inaplazable necesidad de la reforma agraria, la reforma financiera y económica, la reforma secular de la educación pública, la solidaridad y la redistribución del ingreso, pero lo más importante: que ellos harían estas reformas con la participación directa de las masas obreras y campesinas, urbanas y rurales, en lo que parecía la construcción en nuestro país del modelo más avanzado del Estado de Derecho, el estado socialista moderno. Un proyecto socialista no basado en la idea ortodoxa y rígida del sectarismo sino a partir de las condiciones concretas de la ciudad y el campo colombianos.

Aquella revolución duró unos breves instantes, en aquella tarde apasionada al frente del palacio en la carrera séptima en llamas, en el viernes santo colombiano, del 9 de Abríl de 1948; Lo que obtuvimos a cambio a sido el triste cementerio de sueños que nos han impuesto los verdugos de Gaitán durante estas largas y sangrientas décadas de sus gobiernos; en los cuales se ha venido prolongando un conflicto social violento que pretende ser manipulado para ocultar su profundo contenido popular bajo diferentes máscaras; como las amnistías bastardas a los guerrilleros liberales del llano, el frente nacional, los largos años de bipartidismo, la guerra antidrogas, la guerra contra el terrorismo, la seguridad democrática y ahora, la parapolítica… El país sangriento y desolador de la oligarquía que aún hoy no ha escuchado el silencio arrollador de la Oración por la Paz, “Bienaventurados los que no ocultan la crueldad de su corazón, los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar los sentimientos de rencor y exterminio. Malaventurados los que en el Gobierno ocultan tras la bondad de las palabras, la impiedad contra los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia.”

Pero a pesar de esto, Gaitán vive… vive en los que caen, en los que creen, en los que sobreviven, en los que siguen apostando, en los que lo redescubren, en los jóvenes que preguntan con interés por lo que pasó, en la lucha por el cambio, en los sueños de justicia social, en la lucha por la dignidad de las víctimas, en la lucha contra la impunidad, en la lucha por la verdad que nos deben. Empezando por la suya, Dr. Gaitán; su verdad menospreciada y archivada en grandes elucubraciones que pretenden eludir olímpicamente que el complot contra su vida, éste sí, absolutamente terrorista, no ha revelado su propia verdad, aquella que señala con certeza a las altas esferas de la sociedad colombiana y los servicios secretos del imperialismo. Aunque esta faz criminal del régimen no impida que de vez en cuando, escapen todos los fantasmas y entonces pareciera que Gaitán amenazara regresar convertido en una verdadera lluvia de pueblo.

Con razón Dra. Gloria Gaitán su padre le decía, “que nunca había querido tener un hijo hombre, pues solo una mujer era capaz de tener la entereza de carácter para llevar con dignidad y altura un apellido tan difícil de heredar como el suyo”

Tenga la certeza, Dra. Gloria Gaitán, que han pasado 60 años y ni los ríos han regresado a su cauce ni hay paz en los sepulcros.

Firmado.

Alexander López Maya SENADOR DE LA REPUBLICA


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