Polo Democrático Independiente
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 Ensayo Político
Invierno y Primavera en la política colombiana

Si ya llega el invierno, !oh viento!, ¿puede estar lejos la primavera? Shelley.


Viernes 7 de abril de 2006

Introducción

La izquierda ya no es marginal en Colombia. El abigarrado conjunto de expresiones sociales y políticas que puede identificarse como izquierda progresivamente se constituye en opción de gobierno y de poder. Numerosos gobiernos locales y regionales, comenzando por el de Bogotá, están ya en manos de reconocidos liderazgos independientes.

Una nueva identidad política avanza pareja con una nueva subjetividad que asume la democracia transformadora - derechos humanos, equidad, inclusión de todos los excluidos del capitalismo - como un referente sustantivo capaz de generar en todos los ámbitos de la vida y de la acción pública una tensión creativa entre futuro y presente, entre realidad deseable y realidad dada, entre nuevos y viejos actores, entre nueva y vieja política.

Concreción de esta tendencia es, desde diciembre de 2005, con todas las características del recién nacido que produce al mismo tiempo asombro (ante la vida que surge) y cierta repugnancia (ante la suciedad que muestra), el Polo Democrático Alternativo PDA, fruto de la fusión del partido Polo Democrático Independiente PDI, la alianza parlamentaria Alternativa Democrática AD, y de la aproximación de los movimientos independientes del sur y de otras importantes expresiones democráticas. ¿Cuáles fueron los pasos en tiempo cercano que condujeron a este resultado? ¿Cuáles las condiciones y características del proceso? ¿Cuáles los retos actuales y las posibilidades que se abren?

Este ensayo, organizado sobre la marcha, a pedido de la revista Foro, va a presentar una aproximación a estos interrogantes, sin pretensión de última palabra, sino más bien como un avance de pasos ya dados , como otra puntada en el tejido ya iniciado, como palabra que aspira a tener reciprocidad en la palabra de otros, dentro de la búsqueda en que muchos y muchas estamos por construir un proyecto conciente que sirva de estrella polar a la opción alternativa. Será a la vez reflexión y testimonio, autocrítica y propuesta, reconstrucción y proyección.

Es preciso contribuir a la cualificación del proceso en curso. Las destrezas de los militantes del proyecto alternativo no pueden ser solo electorales. La participación y la deliberación han de formar parte de las condiciones cualitativas de la acción política. Hay asuntos que se erigen al presente en retos y, por tanto, en objeto ineludible de debate como éstos: la crítica del actual régimen político y su modelo económico, las diversas transiciones en curso en virtud de procesos de paz y de cambios en las reglas de juego político, la valoración y apropiación de experiencia de los gobiernos democráticos y manifestaciones regionales de instucionalidad alternativa, análisis del fenómeno de los personalismos desbordados y la vía de construcción de tendencias políticas reales, todos queremos profundizar la democracia pero ¿Cómo? ¿Hasta dónde? ¿Con quiénes?, todos queremos sostener relaciones políticamente productivas con otras manifestaciones de la primavera democrática que vive América Latina: cual es el método adecuado para este intercambio. Son tópicos abiertos de debate. Estas notas tan solo se refieren a los hitos del proceso y algunas de sus perspectivas.

1. Pasos recientes de unidad de la izquierda y sectores democráticos: años 90 hasta hoy.

Estos pasos podemos reconstruirlos a través de una cronología simple que por sí sola habla del proceso cumplido:

1991. Enero-Julio. Parte de la izquierda social y política participa en el nuevo pacto social y político contenido en la Constitución de 1991. Del nuevo pacto forman parte también los movimientos étnico culturales, los feministas y los ambientalistas.

1991. Junio. El asalto de las fuerzas armadas oficiales a Casa Verde antes de concluir la Asamblea Nacional Constituyente refuerza las condiciones para que las FARC no formen parte del pacto social y político que la nueva constitución contiene.

1993. Noviembre. Con la constitución de REDEPAZ se dan los primeros pasos de lo que será el movimiento social de paz. El detonante lo constituye la estrategia de guerra integral adelantada por el primer ministro de defensa civil, Rafael Pardo, quien anuncia un triunfo en 18 meses sobre las guerrillas. Las izquierdas partidarias de la salida política contribuyen a esta iniciativa.

1994. Desde el movimiento de paz se origina una acción cultural y política para obtener la reglamentación del artículo 22 de la Constitución sobre el deber y el derecho a la paz.

1996. La CUT, presidida por Orlando Obregón y con Luis Eduardo Garzón en la Secretaría General, donde tienen presencia prácticamente todas las expresiones de izquierda, reclama plena autonomía frente al Estado y frente a los actores armados, con ese criterio participa en el diseño del Consejo Nacional de Paz que se crea mediante Ley de la República.

1997. Mayo. Surge el Frente Amplio en medio de la conmoción por el asesinato del Abogado Defensor de Presos Políticos Eduardo Umaña Mendoza.

1997. Octubre. En elecciones de autoridades regionales se depositan diez millones de votos a favor del Mandato Ciudadano por la Paz, La vida y la Libertad. Se entiende el Mandato como una clara manifestación de la voluntad ciudadana a favor de una salida política del conflicto mediante el diálogo y la negociación. El Mandato es apoyado por las izquierdas partidarias de la salida política.

1998. Agosto. Se inicia el Gobierno de Andrés Pastrana que abre un proceso de diálogos para la paz, referencialmente con las FARC, el cual tendrá una duración de 46 meses hasta su ruptura el 20 de febrero de 2002. Las izquierdas partidarias de la salida política participan activamente en el proceso.

1999. Octubre. La CUT en congreso de Cartagena propone constituir el Frente Social y Político hacia un movimiento democrático amplio que congregue fuerzas del espectro existente entre centro de izquierda.

2000. Octubre. Candidatos independientes obtienen dos millones de votos en elecciones municipales y departamentales. Surge bloque de Gobernadores del Sur.

2000. Diciembre. Cita del Árbol en el Salón Esmeralda del Hotel Tequendama, convoca APC, se expresa intención de trabajar por un candidato único presidencial de los ndependientes en el 2002.

2000. Angelino Garzón es nombrado Ministro de Trabajo del Gobierno de Andrés Pastrana; en un comienzo no cuenta con el apoyo del Frente Social y Político al que pertenece, pero paulatinamente reduce resistencias a través de un manejo innovador del conflicto laboral y social.

2001. El Frente Social y Político levanta la candidatura presidencial de Luis Eduardo Garzón, líder de la CUT, como factor de unidad de las izquierdas y sectores democráticos.

2002. Febrero. El día 20 de este mes se rompen los diálogos de paz con las FARC dando al traste con un modelo de negociación en medio del conflicto. El cansancio de población con este proceso conduce a apoyar la opción guerrerista y militarista que representa Uribe Vélez.

2002. Marzo. Elecciones al Congreso de la República. Senadores y Representantes independientes, por iniciativa de Antonio Navarro, apoyan la candidatura presidencial de Luis Eduardo Garzón y para ello se constituye el Polo Democrático.

2003. Senado de la República aprueba Acto Legislativo que contiene reforma política. Se introducen el umbral, la cifra repartidora, las modalidades de lista cerrada y lista con voto preferente, los partidos que no alcancen el umbral perderán su personería jurídica automáticamente en el 2006, se reglamenta lo referente a financiación de partidos y campañas y el acceso a los medios de comunicación.

2003. Julio. Sesenta dirigentes convocan a la constitución del Polo Democrático Independiente como partido político. Este paso no lo dan todos los que venían participando en la alianza parlamentaria. Por ello algunos meses después se constituye la Alternativa Democrática.

2003. Agosto. Se inscribe la candidatura de Luis Eduardo Garzón a la Alcaldía Mayor de Bogotá por el Polo Democrático Independiente. En principio se trata de avanzar en la construcción del proyecto nacional independiente. Todos los sectores sociales, democráticos y de izquierda la apoyan, en los últimos días inclusive el Partido Liberal apoya.

2003. Octubre. Un abigarrado conjunto ciudadano, absteniéndose de votar o votando no, derrota el Plebiscito uribista y son elegidas autoridades independiente a alcaldía y gobernaciones como en Bogotá, Medellín, Pasto y Valle del Cauca.

2004. Congreso del PDI y la AD respectivamente en junio y agosto. Se afianza la idea de que la unidad es necesaria y posible. En los debates y en las decisiones que se toman se siente el impacto de la izquierda en ascenso en otros países de América Latina.

2005. Febrero. PDI y AD cruzan cartas y acuerdan adelantar discusiones de unidad sobre cuatro asuntos básicos: programa, organización, listas, candidatura presidencial. La idea es responder a las exigencias y posibilidades de la reforma política del 2003.

2005. Diciembre 6: se proclama la unidad de toda la izquierda y sectores democráticos. Además de PDI y AD, entra el sector de movimientos del sur y otros independientes. La última etapa de gestación ha tenido una duración de nueve meses.

2006. Marzo 12. El Polo Democrático Alternativo, presidido por la Mesa de Unidad que encabeza Samuel Moreno Rojas, tendrá un candidato único a la Presidencia del la República escogido mediante consulta abierta entre Antonio Navarro Wolff y Carlos Gaviria Díaz.

Este período de tres lustros, los 90 hasta hoy, es un tiempo signado por las nuevas condiciones creadas por la Constitución de 1991. El juego político se ha abierto, el país no es ya bipartidista sino pluripartidista.

La carta de derechos y el Estado social de derecho son ahora los referentes en que se apoya la construcción de una alternativa al modelo económico neoliberal y al régimen político autoritario y guerrerista aún dominante. La defensa y desarrollo de la Constitución se convierte así en tarea de la izquierda mientras la derecha se empeña en su desmonte.

Es preciso que la Constitución sirva a la Construcción de la República social y no a la pervivencia nefasta del modelo neoliberal como ha ocurrido en la práctica.

Los hechos del 11 de septiembre 2001 coloca la acción antidrogas y la acción antiinsurgente en el marco de la lucha antiterrorista global. A esa lógica obedecen el Plan Colombia y la política uribista de seguridad democrática. El fracaso de los diálogos de paz, particularmente con las FARC, deja pendiente en la agenda nacional la salida política del conflicto.

En el ejercicio de las resistencias al empobrecimiento, a la guerra y a la exclusión se autonomiza y politiza la lucha social, desde la cual se lanzan propuestas de incidencia política y de configuración de nuevos proyectos políticos de radicalización de la democracia. El paramilitarismo experimenta un crecimiento inusitado, la guerra sucia llega a límites extremos, para terminar en un proceso de legalización de la presencia política de las mafias en las regiones.

Al tiempo que los procesos de izquierda en ascenso en América Latina impactan la realidad colombiana, en el país se acelera el cambio del paisaje político, y el proceso político toma las características de un juego dialéctico entre autoritarismo y democracia, guerra y paz, empobrecimiento y justicia social, imposición del centro y autonomía de las regiones, alineamiento con los Estados Unidos o participación en la integración continental.

La suerte de Colombia se juega hoy entre dos opciones claramente definidas: mientras las derechas coaligadas sostienen que se sale de la crisis restringiendo la democracia, las izquierdas unidas, socialdemócratas y transformadoras, sostienen que la crisis nacional, vale decir, la pobreza, la guerra, la cesión de soberanía se superan profundizando la democracia.

Al día siguiente de la proclamación de la Constitución del 91 podía decirse: A la Nueva República le falta sujeto, hoy la unidad de la izquierda y sectores democráticos hace renacer la esperanza en que la Nueva República sí puede tener sujeto y que Colombia también participará de la primavera democrática que vive el continente.

2. La unidad de izquierda y democrática: el contexto.

No es un espejismo, es una realidad, la izquierda está en ascenso también en Colombia tratando de acompasarse con el proceso que se advierte en toda América Latina. Lo indican hechos recientes protuberantes y se reflej8a en los Congresos entusiastas y convergentes del PDI y del PC efectuados en la primera semana de junio de 2005. También en el Congreso del Partido Liberal, realizado pocos días después, apareció nítida la existencia de una izquierda liberal liderada por Piedad Córdoba. La percepción positiva sobre el ascenso de la izquierda se afianza con la iniciativa de los movimientos independientes del Sur (Chocó, Valle, Nariño, Putumayo y otros) que lideran Parmenio Cuéllar y Angelino Garzón y con el congreso efectuado a mediados de agosto (2005) por el importante conjunto de fuerzas que forman Alternativa Democrática AD.

Al menos dos grandes líneas de factores, una interna, otra externa, explican porqué asciende la izquierda en Colombia. Las resistencias urbanas y rurales, étnicas y culturales contra el modelo, la guerra y el autoritarismo que no han cesado durante tres décadas de neoliberalismo constituyen una dinámica societal de base que está dando lugar al anhelado florecimiento de lo social en lo político, por una parte y, por otra, el impacto de los procesos que se viven en Brasil, Venezuela, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Centroamérica y México, donde izquierdas plurales logran desatar movimientos de opinión, de movilización y electorales que instalan o presionan la instalación, con diferencias notables, del reformismo social en el gobierno. La lucha social y los desarrollos en la izquierda colombiana son parte del movimiento planetario contra la globalización neoliberal que se guía por el convencimiento de que otro mundo es posible.

La avanzada de este ascenso se aprecia en Colombia en el shock político de la izquierda democrática que en las elecciones parlamentarias de marzo de 2002 elige más de veinte parlamentarios entre senadores y representantes y numerosos concejales y diputados y que en las elecciones regionales de octubre de 2003 frena el proyecto autoritario con la derrota del referendo uribista y al mismo tiempo gana la elección de gobernantes provenientes de fuerzas independientes y alternativas en grandes ciudades como Bogotá y en gobernaciones como la del Valle, amén de dos decenas de alcaldes locales en muy diferentes sitios de la amplia geografía nacional.

Sin excepción, tanto en el exterior como en el interior del país, los fenómenos que se reseñan son posibles en virtud de procesos de unidad prolongados, como en Brasil y Uruguay o súbitos y coyunturales como en primera instancia parecen ser los de Colombia. La unidad, decantada o emergente, es la que permite aprovechar acumulados y potencialidades y lanzar proyectos creíbles por parte de multitudes que se empobrecen en masa y que aspiran a reducir las desigualdades sin tener que sacrificar las libertades políticas ganadas en período anterior.

En Colombia el proceso de ascenso y unidad de la izquierda tiene connotaciones particulares que no pueden soslayarse: proyectos de acción política civil fruto de acuerdos de paz como el de la Unión Patriótica han sido exterminados en forma implacable, otros proyectos de izquierda democrática, en parte fruto también de acuerdos de paz, han logrado subsistir y mantener abiertos espacios significativos de acción política transformadora. La guerra persiste y ello da lugar a dos posiciones fundamentales, una que considera válida la lucha de la izquierda armada y otra que considera inviable y contraproducente continuar por ese camino. Así se expresa la disyuntiva de combinación o no combinación de formas de lucha. No obstante el peso definitorio de esta diferencia, la unidad es posible en virtud de la convergencia en la necesidad ineludible de una salida política negociada del conflicto político armado. En la medida en que madure el proyecto de salida política y se advierta que a él acceden con voluntad decidida los movimientos insurgentes se facilitará la unidad y el ascenso de la izquierda colombiana.

Otra circunstancia que marca diferencias y aproximaciones en la izquierda colombiana es la de las reglas de juego para hacer política y las garantías para hacer oposición. En general un ala de la izquierda considera que tales reglas y garantías, así no las comparta plenamente, son aprovechables, cuestión que ocurre en relación con la reforma política que establece umbrales y con la ley de garantías que facilita en alguna medida financiación y comunicación para la acción política, mientras otra ala de la izquierda considera que tales disposiciones no son reales y efectivas sino tan solo recursos de legitimación al momento de superar obstáculos para la continuidad del régimen imperante como es la reelección presidencial. Esta dificultad se supera mediante un toque de realismo político que conduce a los primeros a no dejar de entenderse con los detentadores del poder, manteniendo la postura crítica y de oposición, cuando se trata de asegurar la viabilidad del juego político democrático o de ampliarlo, y a los segundos a no dejar de entenderse con sus pares de la izquierda, manteniendo su crítica, cuando se trata de sumar fuerzas en función de objetivos compartidos. Son casos en los que resulta evidente que el Polo Democrático asume el costo de ciertos avances políticos mientras todos se benefician de ellos.

3. La unidad de izquierda y democrática: el horizonte.

Se está creando en la izquierda, especialmente en su dos grandes expresiones, el PDI y la Alternativa Democrática, una especie de lógica o sentido común en relación con tres asuntos claves: el tipo de gobierno que Colombia necesita hoy, el programa que tal gobierno debe desarrollar y el sentido de las relaciones en el actual contexto internacional . En los tres temas se nota un aprendizaje de experiencias cercanas en el continente. El gobierno que se visualiza es un gobierno democrático, plural, de transición que cumpla un programa de reformas avanzadas: la agraria, la urbana, la territorial, la de la justicia, que avance en la vigencia real y general de los derechos sociales, que haga una oferta audaz de paz dialogada, que oriente las fuerzas armadas hacia la paz, que impulse con decisión la acción internacional de Colombia hacia la integración de los pueblos latinoamericanos y juegue a la polaridad múltiple en el espacio económico y político mundial como alternativa al hegemonismo unilateral de los Estados Unidos.

Como se ve se trata de un programa de transición sustantiva o sea de ruptura reformista que no es transición light ni ruptura revolucionaria. Los actores que soportan este programa son los movimientos sociales reivindicativos, étnicos y socioculturales, por los derechos humanos y por la paz, por el reconocimiento de opción sexual, las regiones en plan de autonomía, las expresiones sociales y políticas que buscan radicalizar la democracia haciendo efectivos los derechos, el empresariado crítico del TLC que prioriza la economía productiva sobre la financiera especulativa. Sujeto plural y múltiple que avanza hacia la conformación de una nueva mayoría.

En general se entiende que estos avances concretos o reformas democráticas pueden hacerse con base en la Constitución de 1991 a la cual, por ello, es preciso preservar y defender como instrumento válido para proyectar el Estado Social Democrático de Derecho. Pero, sin afectar este reconocimiento, se abre camino también la conciencia de que la Constitución representa un pacto social incompleto e inconcluso, que no incluye todos los actores y todos los asuntos que son necesarios para consolidar instituciones plenamente legítimas reconocidas por todos, que su carácter es ambiguo en cuanto con ella por igual se puede construir un modelo social que un modelo neoliberal, de hecho éste último es el que se ha impuesto en la práctica durante sus quince años de vigencia.

Los precandidatos presidenciales, Carlos Gaviria Díaz de Alternativa Democrática y Antonio Navarro Wolff del Polo Democrático Independiente, ahora del Polo Democrático Alternativo PDA, por su seriedad y madurez, son hoy factor definitivo de unidad de la izquierda. Ambos están imbuidos de la idea de que la crisis se supera profundizando la democracia, no restringiéndola. Ambos, por convicción trabajan por un candidato único de la izquierda. Ambos están dispuestos a acoger el resultado de la consulta abierta que tendrá lugar el 12 de marzo. Ambos están preparando sus espacios de representación e influencia para tal resultado sea plena y entusiastamente acogido por todos los sectores organizados y de opinión. Ambos tienen plenamente presente que su destino es liderar la alternativa al proyecto de las derechas con Uribe o sin Uribe. Las calidades de ambos candidatos son inmejorables.

4. La unidad de izquierda y democrática: importa el centro.

La unidad de la izquierda tiene importancia estratégica en cuanto le da carácter definido, sentido histórico y fuerza social al proyecto de cambio que se persigue, pero igualmente lo es el entendimiento con el centro político y con expresiones democráticas que se diferencian y/o se desprenden de las irrecuperables fuerzas tradicionales. La idea es lograr la máxima unidad posible no sólo para gobernar sino para profundizar la democracia. Es la vía hacia el bloque histórico y la nueve hegemonía. El PDI opera como bisagra que permite la apertura a ambas dimensiones del espectro político: el resto de la izquierda y el centro político. Esta articulación o unidad democrática es no sólo conveniente sino necesaria para conformar el amplio abanico plural, la gran coalición, que derrote a la derecha, ella a su vez conformada por una pluralidad abigarrada de expresiones.

Se está configurando una estructura de oportunidad política favorable a la izquierda. La izquierda ya no es marginal, está en ascenso, si asume la posibilidad de unirse puede liderar la unidad democrática y encaminarse a ser gobierno nacional en el 2006 o en el 2010. La izquierda puede, sin duda, convertirse en una verdadera primavera para el pueblo colombiano. El juego político hoy en Colombia es claramente dialéctico. Nada ha sido tan saludable para la unidad de la izquierda como la unidad de la derecha con el liderazgo de Álvaro Uribe. El polo democrático es una respuesta lógica al polo autoritario. Pero se requiere un proyecto consciente, no triunfará la democracia sólo por inercia y acción espontánea frente a la regeneración o vuelta al pasado que representa el proyecto de Uribe. Construir un proyecto de futuro para Colombia es nuestro reto y nuestra responsabilidad. Todo ello vale la pena a condición de que esta izquierda con tantas posibilidades se decida por la refundación real de la política. El Estado Social de Derecho será de veras un avance si descansa sobre una auténtica renovación de las costumbres políticas. No valdría la pena un autoproclamado Estado Social de Derecho que siga nadando, hundiéndose, en el abuso del poder, la corrupción y la violencia.

La primavera es hermosa porque el aire se torna transparente y luminoso, así ha de ser la nueva política. Seremos los nuevos en política, sólo si nuestra visión genera esperanza y si nuestra práctica genera confianza. Con el poeta inglés Shelley podemos preguntar en las circunstancias actuales de Colombia: Si ya llega el invierno, !oh viento!, ¿puede estar lejos la primavera?. If winter comes, O Wind, ¿can Spring be far behind?.

5. El proceso de la izquierda forma parte del cambio del paisaje político en el país.

Lo que está ocurriendo hoy en Colombia en materia de partidos políticos era impensable en las últimas seis décadas, desde el año 48, ni al momento de proclamar los dos grandes recursos con que se ha tratado de superar la crisis orgánica de larga duración que vive el país: el Frente Nacional y la Constituyente de 1991.

En el 2002 se insinuaba pero no se alcanzaba a establecer con certeza que se produciría en corto tiempo un alinderamiento de las fuerzas tradicionales y derechistas tan acentuado, ni una articulación de las izquierdas y sectores democráticos tan rápido y amplio. Hoy el proceso político, el electoral pero también el estructural, se desenvuelve en medio de la tensión entre autoritarismo y democracia, esto es, entre la Gran Coalición Ciudadana a la que convoca Uribe para ser reelegido y la Gran Coalición Democrática que se perfila para impedir su reelección.

Entre los primeros existe el optimismo de estar en el poder lo que ha llevado a alguien a decir que el Presidente será reelegido sin pegar un solo afiche, mientras los segundos - que prevén un arduo trabajo en un contexto plagado de “garantías hostiles” - se animan por el antecedente de haber contribuido a derrotar el referendo de octubre de 2003 y por la acogida en la opinión de que gozan los gobiernos regionales independientes.

El juego es dialéctico: del país nacional - entiéndase porciones críticas de sociedad civil, movimiento de mujeres, indígenas, opciones sexuales, derechos humanos, paz, trabadores sindicalizados, insurgencia de regiones, izquierda democrática, expresiones políticas fruto de acuerdos de paz, gobiernos alternativos - está emergiendo un nuevo país político que con un programa de transformación democrática avanza y se propone como alternativa ante el viejo país político cuyos partidos se descuadernan y algunos de sus pedazos tratan de reorganizarse a través de un proyecto de otra Regeneración que mira al pasado, apela al autoritarismo, empobrece al pueblo, profundiza la guerra y se entrega al imperio.

Al fenómeno de agotamiento de unos actores políticos y surgimiento de otros nuevos es al que llamo cambio en el paisaje político. En este breve artículo solo llamaré la atención acerca de algunos aspectos del cambio sin adentrarme en explicar cómo ni porqué se produce. Llaman la atención las tres lógicas políticas presentes en el proceso: reaccionaria, insurgente y transformadora, no todas con la misma fuerza ni con las mismas posibilidades de desarrollo. Hay varias transiciones en curso en virtud de la reforma política, la ley de garantías, la ley de bancadas, y en virtud del acceso a la vida civil de grupos en armas, ayer fue el M19 y el EPL, el Quintín Lame y otros, hoy son las AUC, mañana será el ELN, en día no lejano serán también las FARC.

El cambio en las reglas de juego electoral induce cambios en el sistema de partidos. Es obvio que del bipartidismo estamos transitando al pluripartidismo limitado, después de un período de multipartidismo desbordado. En algunos de los agrupamientos que están emergiendo se advierte que la cohabitación suple o viabiliza la coalición, figura que como tal no existe en la actual reforma política.

Un hecho es protuberante: en el nuevo paisaje la izquierda ya no es marginal y muestra notable capacidad de acumulación, no obstante serias dificultades para construir identidad y cohesión: la constitución del PDA, a partir del PDI-AD y sectores independientes prolonga el shock político democrático que se produjo con la elección de un significativo número de parlamentarios independientes en el 2002 y de los Garzones, Bogotá y Valle, y otros gobernantes de su estirpe política en una veintena de municipios, en el 2003, y se nutre del notable impulso de los movimientos sociales, viejos y nuevos, a la participación y a la incidencia política a pesar del escamoteo a los Arts. 107-108 de la Constitución Política del 91.

Podría decirse que hoy existe en Colombia una nueva derecha y una nueva izquierda y que en este escenario los actores más jóvenes arrastran a los viejos actores supérstites de la crisis. Los polos dinámicos del proceso están hoy en la pluralidad derechista de Uribe Vélez y sus cinco partidos y en la pluralidad de izquierda y democrática de Carlos Gaviria, Antonio Navarro, Gustavo Petro, Lucho Garzón y Angelino Garzón, a cuyas filas están invitadas otras destacadas figuras democráticas independientes, liberales y conservadoras. El hecho es que los partidos Liberal y Conservador no son ya los actores centrales de la política como en otros tiempos.

6. Las tres lógicas políticas presentes en el seno de la sociedad colombiana de hoy.

La complejidad que presenta el paisaje político colombiano, la multiplicidad abigarrada de actores y de manifestaciones, no obsta, sin embargo, para advertir que en el fondo sólo subyacen tres lógicas las cuales, cada una, comporta un conjunto de elementos propios y característicos que confieren sentido al pensamiento, al discurso y a la acción política.

La matriz analítica que aquí se propone (ver Cuadro) permite ubicar el fenómeno de la reproducción política vía clientelar, el de la oposición al establecimiento vía alzamiento armado así como la de quienes se sustraen a esos modos de ser y de hacer la política, para abocar la satisfacción de los intereses colectivos mediante el ejercicio de la política sin corrupción y sin violencia a través de procesos de transformación democrática por medios civilistas.

El concepto, entonces, de lógica política lo empleo para identificar un conjunto relativamente orgánico, estable y flexible a la vez, de elementos que dan sentido a determinada opción téorico-práctica para abordar y resolver los asuntos colectivos. Los elementos asumidos son aquellos que de manera efectiva contribuyen a definir la forma de ver y actuar en un sentido determinado. Ellos se encuentran como sustrato básico del discurso político y juegan como factores determinantes del curso de acción en cada una de las tres lógicas.

Cada lógica política comporta un centro que la inspira, actores concretos que la materializan, posiciones básicas que la identifican y diferencian, visión sobre las relaciones región-nación, referente internacional priorizado, posicionamiento en relación con la institucionalidad y el statu quo, campo ideológico genérico, propuesta de agenda política, tendencia perceptible, evolución probable. Sobre esta matriz se realiza un primer ejercicio (contenido en el cuadro) que permitirá ulteriores desarrollos, precisiones y clarificaciones.

En una sociedad pueden darse, es normal que se den, no sólo una sino varias lógicas políticas, que concurren, que rivalizan, que conflictúan entre sí, que se manifiestan y se proponen producir hechos políticos, configuraciones de poder, modalidades de hegemonía, opciones de gobierno. Rara vez una lógica pólítica se circunscribe a un solo actor político, de ordinario involucra a varios actores. Es relevante enfatizar que no obstante su real complejidad, el mundo político colombiano se mueve a través de la operación de sólo tres lógicas políticas efectivamente diferenciadas en las cuáles se encuentra la explicación de los epifenómenos que salpican el acontencer político cotidiano .

Teniendo el cuadro de las tres lógicas a la vista surgen interesantes interrogantes: ¿Existen realmente? ¿Cómo se generan y sostienen? ¿Cómo es el juego entre ellas? ¿Dónde están los nudos más irritantes de la contradicción? ¿Dónde los referentes que ofrecen alguna posibilidad de aproximación? ¿El dominio (más coerción que consenso) ejercida por la lógica reaccionaria puede ser trastocada por la lógica insurgente (más militar que política)? ¿La polarización entre estas dos lógicas copa en tal medida el espacio político que no hay lugar para la lógica transformadora? ¿Cómo avanzar en la construcción de un sujeto político que torne la lógica transformadora en opción de poder y de gobierno? ¿Puede (capacidad, posibilidad) erigirse la lógica transformadora en mediación estructural entre el establecimiento y la rebelión política mediante la oferta de un proyecto incluyente de nación? ¿Cómo?

7. Unidad: la importancia de asegurar el juego de tendencias.

Se ha puesto de moda señalar que hay dos izquierdas: nueva y vieja, socialdemócrata y radical, lulista y chavista, de la reconciliación y de la rabia, flexible y dura, luchista y petrista... Para unos la agitación actual obedece al cruce de propuestas y estrategias buscando posicionamiento hacia el 2010, para otros sería tan solo el choque de las movidas propias de la tradicional politiquería al momento de conformar listas a lo cual no es ajena la izquierda.

Unos creen que es posible que las diferentes izquierdas compartan un espacio común y, a través de un juego limpio de tendencias, definan democráticamente liderazgos, programas y posiciones. Otros son proclives a pensar que la incompatibilidad de criterios entre las izquierdas para entenderse con el centro es tan grande que la fractura resulta inevitable. Parecería que al hablar así las cosas se están llamando por su nombre y que este esquema dual y dicotómico se ajusta plenamente a la realidad. Sí, pero solo en parte. Veamos.

Es cierto que hay sensibilidades diferentes en la izquierda: unos son más sensibles a jugar con los elementos progresistas que se desprenden de los partidos tradicionales (centro político) en crisis irreversible, otros son más sensibles a recoger y traducir en nueva política las incesantes dinámicas democráticas y democratizadoras que surgen en la base de la sociedad a lo largo y ancho del amplio espacio geográfico y social de la nación. En un caso la apertura es hacia arriba, en otro hacia abajo.

Es cierto que unos quieren cambios pausados, casi imperceptibles, y otros quieren cambios con sentido de transformación y aún de ruptura. Es cierto que hay una izquierda flexible en cuanto laxitud con las costumbres, las relaciones políticas y las formas de ejercer el poder aún imperantes, y una izquierda que se esfuerza por ser coherente con la transparencia y con la vivencia actual del proyecto de democracia en profundidad que anuncia. Una y otra comparten un relato amplio.

Así como no hay una sola derecha, homogénea, tampoco hay una sola izquierda, uniforme. Hay derechas e izquierdas, las cuales muestran al presente un juego de pluralidad mucho más complejo que el reduccionismo a dos orillas, dos vertientes o dos matices como de ordinario se cree y aquí estamos aceptando.

Hoy en Colombia estas diversidades y pluralidades de derecha y de izquierda están en camino de construir, cada campo a su manera, un principio de articulación que les dé identidad, proyección programática, estructura organizativa mínima, curso de acción para acceder al poder o para mantenerlo.

Se está produciendo un cambio profundo del paisaje político, no hay duda que están muriendo viejos actores y están naciendo otros nuevos, dando a veces, no obstante, la impresión de que los nuevos en algunos casos no son otra cosa que reencarnaciones o reediciones de los viejos.

¿Tenemos ya las izquierdas un principio de articulación en materia de identidad, programa, organización, perspectiva de acción? Sin ninguna vacilación se puede responder afirmativamente. No estamos en la absoluta fragmentación y dispersión de otras épocas. Sería una torpeza imperdonable no verlo y no defenderlo.

Por supuesto que, con la contribución de todos, se avanza en la articulación de las izquierdas colombianas, existen espacios y reglas de juego en construcción encaminados a generar confianza y dar seguridad de que todo mundo puede jugar y que quien pierde hoy puede ganar mañana. La democracia solo es justamente enfocada si se asume como juego largo.

En Europa las múltiples izquierdas se organizan de ordinario en dos espacios, en América Latina tienden a compartir un solo espacio organizativo, en Colombia es vital superar la fragmentación y constituir una sola fuerza para poder enfrentar a las derechas coaligadas.

Ello es posible en cuanto todos compartimos la salida política del conflicto armado y será sostenible en cuanto podamos realizarla en el futuro cercano. La clave de todo es, sin embargo, que haya tendencias reales, no personalismos irrefrenables.

Bibliografía.

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Sánchez, Ricardo, Crítica y Alternativa - Las Izquierdas en Colombia, Editorial la Rosa Roja, Bogotá, Marzo de 2001.

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