Miércoles 7 de noviembre de 2007
INTRODUCCION.
Acaba de transcurrir una de las jornadas electorales más significativas de la historia política en nuestro país. Ello, por cuanto estaban en juego varias y trascendentes situaciones o hechos que podían marcar el rumbo político de varios partidos y/o agrupamientos políticos: marcar pauta con los resultados electorales y mantener y posicionar sus propuestas programáticas y los gobiernos o en su defecto, perder esas posiciones y sucumbir al embate de los contradictores enterrando unas posibilidades y un futuro.
En el caso particular de nuestro Partido el POLO DEMOCRATICO, vale la pena y tenemos la oportunidad expedita, dado los resultados electorales conocidos a la fecha, que seria, juiciosa y responsablemente se abocara desprendida y espontáneamente a realizar los análisis, balances y evaluaciones correspondientes que nos posibiliten destacar los triunfos y aciertos pero también criticar los errores y deficiencias en la vía de encausar el rumbo. De no atrevernos a hacer lo anterior y por el contrario –bajo el sofisma de que lo único que importa es la unidad o que intentar evaluar y criticar los errores y desaciertos es buscar la división- pasar de agache, flaco servicio le hacemos precisamente a la anhelada unidad, pero sobre todo, al futuro cierto y promisorio del Partido. Como podrán apreciar durante el recorrido del texto, la intención del mismo no va más allá de ser una provocación y una apuesta por intentar mover el debate al interior del Polo y en tal sentido, presento este sencillo ensayo a manera de aporte.
UN CONTEXTO DE EXPECTATIVAS E INCERTIDUMBRES.
A la fecha y con los resultados divulgados hasta ahora por la Registraduría Nacional del Estado Civil, todos los Partidos se dicen triunfadores de la pasada contienda electoral y atrás quedaron desafueros, zancadillas, entuertos y problemas. Precisamente, eso es lo que nosotros como Partido Alternativo en el cual muchos colombianos y colombianas tienen afincadas sus esperanzas para que surja con nuestra llegada al poder un país en verdadera democracia, paz, justicia social, libertad, trabajo y sin hambre ni pobreza, no podemos hacer. Nos corresponde por el contrario, autocontrolarnos y autocorregirnos el rumbo.
Expectativas latentes por ejemplo, qué iba a pasar con el Polo: sería arrasado por la aplanadora Uribista o resurgiría de los embates; nuevamente los paramilitares y la parapolítica intervendría y manipularía las elecciones, los clanes electorales regionales y las coaliciones gamonalescas se impondrían; el dinero mal habido haría su agosto y se blanquearía a través de estas elecciones; las guerrillas y violentos de todos los pelambres sabotearían el proceso electoral, entre otros. E incertidumbres sobre los resultados dado las apuestas y carreras en marcha desde diversas orillas políticas y sociales.
De todos estos enunciados encontramos que no todo fue color de rosa para la coalición Uribista y, que si bien ganaron algunas posiciones claves en materia de gobernaciones y alcaldías, en otras no les sonó la flauta y se le pudieron colocar contendores pertenecientes a otros sectores. De otra parte quedó evidenciado una vez más el rol y el peso específico que aún juegan y mantienen los paramilitares y la parapolítica en ciertas regiones. Si bien es cierto que en esta oportunidad la intimidación armada fue menor, no debemos olvidar que treinta candidatos fueron asesinados desde principios del año, 23 fueron víctimas de atentados y ocho fueron secuestrados; igual no podemos decir del poder y grado de influencia que ejercieron desde las cárceles los presos parapolíticos y los llamados a indagatoria y los dineros a montones que distribuyeron a través de sus candidatos representantes, los paramilitares aspiran a consolidarse a nivel local y en razón de ello presentaron 26.000 candidatos para jugarlos en esta coyuntura. Hay zonas en donde éstos dineros jugaron papeles de preponderancia a través de la compra de votos, los cuales llegaron a “cotizarse” en cifras exorbitantes y que indudablemente siguen degenerando y desvirtuando la acción de la política, vg. Atlántico, Magdalena, Guajira, Córdoba, Sucre, Cesar, Bolívar, el Urabá antioqueño, los Llanos, el Catatumbo). Estas son las primeras elecciones que se dan después de los escándalos de la parapolítica, en tal sentido, corresponde que la sociedad se tome un minuto para que entre a preguntarse y reflexionar sobre si éstos procesos judiciales en curso contra sus dirigentes y la llamada desmovilización de las AUC son reales y sirvieron para su desmonte efectivo o si por el contrario el 28 de octubre vivimos los mismos con las mismas. Los violentos, también la volvieron a embarrar a través de acciones degradantes como el secuestro, el asesinato de candidatos y el constreñimiento del elector, lo cual significó una pésima ayuda para la democracia que añoramos los colombianos y las colombianas. En caso de que la línea de trabajo sea la de “pasar de agache”, tenemos que decir y concluir que en términos generales al Polo Democrático le fue bien; pero como la intención no es esa, entonces, hay que entrar en detalles que nos permitan lo más claramente posible hacer un balance de la campaña y de los resultados.
El punto de partida se ubica en las inscripciones de candidatos y candidatas: 87.534 personas se inscribieron en la Registraduría para aspirar a un cargo de elección popular, de las cuales 66.327 fueron para concejos; 150 para gobernaciones; 4.691 para alcaldías; 2.719 para asambleas y 13.210 para las Jal.
El Polo Democrático en materia de candidaturas estuvo presente en las anteriores cifras con 6.485 compañeros y compañeras avalados y distribuidos así: 4.564 en concejo, 1.352 para las Jal, 282 para alcaldías, 263 para asambleas y 24 para gobernaciones. De esta significativa cifra de avalados, los resultados son los siguientes: 398 elegidos en concejo, 61 en Jal, 20 en alcaldías, 22 en asambleas y 1 en gobernación; para un total de 502 candidatos elegidos.
Cómo valorar estos resultados? Depende de cómo se quieran mirar y de quien los mire; pero en la espontaneidad del ciudadano común residente en el centro del país, el resultado obtenido fue bueno: defendimos y mantuvimos en nuestras manos la “joya de la corona”, como también la Gobernación de Nariño con uno de nuestros connotados dirigentes. De igual forma, incrementamos el número de concejales y ediles en Bogotá, de 8 a 11 y de 33 a 61 respectivamente; el número de diputados en el país, de 14 a 22 y el de concejales, de 363 (todos los viejos sectores de la izquierda democrática –PDI, MOIR, M.C., FSP, ANAPO, MVA, UD, PSOC - a 398; mientras que en alcaldías pasamos de tener 28 a 20, es decir, bajamos el número.
Con las anteriores estadísticas, lógico que desde el punto de vista numérico es más viable y expedito hacer una valoración más objetiva y ésta, a excepción de Bogotá y Nariño y una que otra región de manera muy marginal presente en los resultados, el balance es bastante magro.
ALGUNAS SITUACIONES A TENER PRESENTE.
Del Polo Democrático como Partido, hay que decir que somos más imaginario y opinión que organización, tal vez excluyendo un tanto y en algunos aspectos a Bogotá. A pesar que también en el Distrito Capital hay algunas deficiencias en materia organizativa, éstas son más notorias y profundas en la mayoría de las regiones en donde se han hecho los intentos de establecer grados de organicidad, pues valga aprovechar para señalar que en otras sólo hay personas y activistas.
El común denominador y factor predominante en la etapa de organización de las regiones, fue el sectarismo y el canibalismo grupista para ver quien se quedaba con el control del aparato y a la postre con la “jefatura política” regional, lo que al final fue determinante a la hora de la toma de decisiones; entre esas, la de procesar las posibilidades de alianzas y coaliciones. En este orden de ideas, lógicamente quienes se aprovecharon de las circunstancias fueron los sectores que aún no han tenido la voluntad política de desintegrarse como grupos, pero que además, traían bases de acuerdos de trabajo desde hacía algún tiempo atrás y en esa oportunidad también los hicieron efectivos, luego entonces lo que primó y ha venido haciendo carrera en algunas seccionales es la labor –no de las tendencias, pues éstas no se han organizado ni el Partido como tal ha encausado y reglamentado dicha organización- sino el ejercicio de los grupos y movimientos que aún perviven con fuerza orgánica al interior del Polo. Ojalá prime la sensatez y la honradez revolucionaria y militante para entrar a reconocer los hechos acaecidos, ese sería el primer paso para avanzar en la corrección del rumbo y propulsar realmente y con fuerza propia al Partido, al Polo. Con el anterior antecedente, sólo faltaba que en desarrollo y reglamentación de los estatutos, expidiéramos unas resoluciones con contenidos y determinaciones extremas, rayanas en el principismo y alejadas de toda realidad local, regional y nacional, y a fe que las hicimos: Para ser candidato y obtener el aval del Polo había que obtener santificación de los pontífices regionales, los que antes de valorar la realidad política de su entorno enarbolaban sus principios y se agarraban a los estatutos cual tabla de salvación en alta mar. Y, en materia de alianzas y coaliciones, algo peor, había que ser casi “santo” o estar al borde de la beatificación el personaje y/o el sector con el que se pretendiera llevar a cabo dicha alianza. En conclusión, el Polo no tuvo una política de alianzas coherente y flexible que permitiera su aplicación en la difícil y diversa geografía patria y producto de ello se dilapidaron oportunidades únicas, valiosas y oportunas en regiones como Cauca, Sucre, Antioquia, Magdalena, Valle, Cundinamarca y Bolívar. En los pocos casos donde se logró cuajar alianzas, éstas fueron actos heroicos y que dejaron resquemores y algunas heridas, valga decir en Santander, Atlántico y pare de contar, porque Bogotá es un caso diferente. Todos de una u otra manera sabemos que la candidatura de Samuel Moreno tuvo el concurso y el respaldo de sectores del Partido Liberal, Partido Conservador, Cambio Radical, Colombia Democrática, Partido Verde Opción Centro entre otros, sin que por ello –en tanto algunos pertenecen a la coalición Uribista- en Bogotá nos untáramos o nos convirtiéramos en Uribistas, clientelistas o politiqueros. Bogotá es el ejemplo vivo que nos dice a las claras que atendiendo a la realidad concreta de las regiones y desatando el nudo gordiano que tienen los estatutos en esta materia, se podían hacer alianzas y avanzar con mayor cobertura en el posicionamiento del Polo.
En contravía de lo anterior, lo que primó a lo ancho y largo del país a la hora de otorgar avales fue que en las regiones se impuso la ortodoxia y con el simple hecho de decir que se quería ser candidato y se era militante “consciente, consecuente, firme y para siempre” del Polo, bastaba para obtener el aval. En otras palabras, sólo se requería ese requisito y no otros factores importantes como el perfil del candidato, su grado de presencia, liderazgo e incidencia social o política en la región, como los mínimos para solicitar el aval del Partido. Afortunadamente, para que nadie se llame a engaños y quiera sustentar tesis y argumentos amañados, los resultados no mienten y el número de candidatos sin el mínimo perfil que presentamos en muchas regiones y que sólo obedecían al querer sectario de un determinado grupo, el pueblo les respondió con el rechazo y no les votó. En consecuencia, si queremos verdaderamente posicionar al Polo, no podemos repetir estas experiencias. No es posible y menos aceptable que el Partido les haya otorgado aval a candidatos a alcaldías y concejos que escasamente obtuvieron tres y cinco votos. Valdría la pena que se revisaran la cantidad de candidatos que para estas dos circunscripciones sacaron menos de cinco, diez, treinta, cincuenta y cien votos; igual estudio para asambleas y gobernación y que ello lo valoremos en su justa dimensión y tengamos en cuenta a la hora de tomar y aplicar correctivos.
LA CONDUCCION POLITICA.
No se necesita ser dirigente o medianamente inteligente para llegar a la conclusión de que en esta materia, el Partido sigue rezagado y en muchas ocasiones dando palos de ciego. Conducción política y construcción de Partido no es simplemente nombrar dignatarios y/o hacer y creer que se ejerce un cargo; eso por sí solo no basta, se requieren otras cosas. Corresponde que el Comité Ejecutivo de una vez por todas defina un Plan de trabajo a corto, mediano y largo plazo, con prioridades, tareas específicas y controles evaluatorios en aras de salir del marasmo y sacar al Polo de la simple acción y conducción parlamentarista y electorera en la que hemos caído.
Una de las mayores dificultades que tenemos en Colombia para avanzar en la solución de cualquiera de los más graves problemas es, sin duda, la ausencia de organizaciones políticas fuertes por su capacidad de representar intereses sociales e incidir en las decisiones fundamentales, con visión de país como portadores de un proyecto estratégico nacional acorde con las circunstancias del mundo actual.
Como instituciones, los Partidos son instrumentos esenciales y actores indispensables de la democracia. No se ha inventado aún otras maneras mejores de canalizar la representación, de ejercer el poder o ser alternativa de poder. Los intentos de sustituirlos han fracasado en nuestro país y en otras latitudes.
El PDA tiene una inmensa responsabilidad histórica y en torno a eso debe trabajar: Ser realmente una institución sólida, permanente, de cobertura nacional, con principios ideológicos y políticos muy bien definidos y apropiados por todos sus miembros, con una organización moderna, ágil y eficiente, con reconocimiento y relaciones internacionales, con creciente capacidad de representar a los más diversos sectores sociales e incidir en la medida de nuestras capacidades en las decisiones fundamentales de las regiones y del país. El Partido que queremos debe darnos pertenencia a nosotros y a muchos hombres y mujeres de Colombia. Tendrá que ser un referente psicológico que nos de seguridad y confianza, debe ser el espacio para debatir y organizar las ideas y realizar los acuerdos para nuestra acción en las regiones y frente a los grandes procesos nacionales. Tiene que ser la escuela de formación de muchos cuadros políticos, dirigentes sociales y funcionarios de gobierno, capaces de actuar conforme a la ética y con profesionalismo como servidores públicos. Actuará como acelerador y orientador de cambios de mentalidad de nuestras maneras de sentir, pensar y actuar.
Sin profundizar en el tema, se observan algunas falencias internas que ameritan diligencia y prontitud en su solución, entre las cuales podemos mencionar: la falta de mayor cohesión y funcionamiento regular de los organismos de dirección nacional; la falta de seminarios ideológicos y otros eventos de formación política; la atención a las regiones, tanto en información como en los aspectos organizativos; la falta de un periódico nacional y boletines informativos; la no circulación de la información y la documentación que llega de la dirección nacional en las regiones; la ausencia de políticas y acciones en materia de finanzas; la toma de algunas determinaciones importantes sin ningún tipo de consulta a los organismos pertinentes.
LECCIONES DE LA COYUNTURA.
A pesar de todas las reformas constitucionales y legales que se han aprobado, la política cada vez más, tiene menos que ver con ideas o con programas y se reduce en muchos de los casos a verdaderas microempresas electorales. Luego entonces, aún es mucho lo que debe hacerse en materia de reforma política y de una legislación electoral acorde con las necesidades. Esperamos que la bancada parlamentaria del Polo juegue un rol de preponderancia con iniciativas y propuestas de largo alcance.
La necesidad de romper el individualismo y la personalización de la política que se ha generalizado a través de la utilización del voto preferente y por lo cual las elecciones para Jal, concejos y asambleas son verdaderas operaciones avispas. “Hay que avanzar hacia el escenario en donde la dirección, coordinación y financiación de las campañas como también la escogencia de los candidatos, se dé a través del Partido y no por los individuos como es hoy en una carrera del sálvese quien pueda; pero, también que la modalidad del voto para las listas sea por el sistema de listas cerradas y bloqueadas que respondan al querer, sentir y política del Partido” . Recordemos que “en las democracias modernas se elige por los partidos y no por los individuos” y hacia ese propósito tenemos que encausar todos nuestros esfuerzos.
Que sirva de lección y aprendizaje para los colombianos de cómo se ha ido socavando la democracia y el equilibrio de los poderes, o se requieren más pruebas del intervencionismo en política del presidente Uribe, particularmente en la campaña para definir la alcaldía de Bogotá?. “Si hacía falta alguna prueba de lo que significa una concepción absolutista del ejercicio del poder con prescindencia de la Constitución y la ley, el país la obtuvo de sus declaraciones ordenando no votar por Samuel Moreno. El señor Uribe parece ser que no aprendió la lección de hace 4 años cuando intentó poner de alcalde en Bogotá a Juan Lozano. También entonces fue derrotado y en esa época la razón fue la misma: Bogotá es una ciudad independiente que quiere resolver sola sus problemas locales, sin injerencia alguna. Ni siquiera del presidente, así tenga los niveles de popularidad que sean” .
Quedó demostrado y probado una vez más, que ni las calumnias, ni el intervencionismo marcado de muchos funcionarios públicos, ni los editoriales de El Tiempo, ni los votos cantados de los columnistas tienen incidencia en la ciudadanía y los votantes, cuando se han hecho las cosas bien y las propuestas y programas que se enarbolan por parte de nuestros candidatos, responden y reivindican el sentir y el querer del Partido y el pueblo como es el caso de Bogotá.
El Polo Democrático se consolida como una gran fuerza política. Que el electorado haya optado por la continuidad del Polo en el poder de la capital es un paso para dejar atrás la imagen de que la izquierda sólo servía para hacer oposición o para obtener simples victorias simbólicas”.
A pesar de algunas dificultades, tenemos que destacar lo acontecido en Bogotá en cuanto a actividades de campaña y los resultados obtenidos en todos los ámbitos. Podemos decir con alguna propiedad que fue precisamente en esta región en donde el Polo, como Partido político, demostró su grado de coherencia como colectividad: la dirección distrital en su conjunto, los ediles integrantes de las listas en las veinte localidades y todos y cada uno de los candidatos aspirantes a una curul en el concejo, más el candidato a la alcaldía Samuel Moreno Rojas, se integraron en un haz de voluntades como Polo en materia de campaña, eventos, propaganda, giras y demás actividades proselitistas, lo que definitivamente nos catapultó como una fuerza con unidad e ideario común con futuro. Eso mismo no podemos decir del resto de regiones en donde primó desde el momento de la escogencia y/o selección de los aspirantes, el sectarismo grupista, el individualismo y el personalismo, el canibalismo al interior de las listas y respaldos para candidatos a cargos uninominales de otros partidos o agrupamientos diferentes a los del Polo, en un espectáculo bochornoso, grotesco y digno de cualquier partido de los llamados tradicionales.
A estas alturas del debate al interior del Polo, muchos no han entendido que la unidad es un propósito y un requisito indispensable para la fundamentación programática y el desarrollo de cualquier Partido, pero que en tanto ésta -la unidad- es desigual, no es ni se decreta de manera administrativa sino que se logra luego de muchas apuestas y esfuerzos por ella. En otras palabras, éste -el problema de la unidad- es un problema de tipo político que no puede ser tratado simple y llanamente como una situación estatutaria.
En esta coyuntura electoral, dado los actuares de muchos de los candidatos y candidatas del Polo a los distintos cargos y corporaciones públicas en algunas regiones, se demostró que el Partido no está exento ni vacunado contra los vicios de la vieja política (clientelismo, politiquería, corrupción, compra de votos, entrega y oferta de puestos, contratos) e incluso que aún, muchos de esos vicios siguen siendo utilizados sin mayor recato por alguna franja de nuestros compañeros en un desmedido afán de que el fin justifica los medios, llegar a los cargos no importa los costos.
A diferencia de lo que expresa el columnista de El Tiempo Alfredo Rangel en el sentido y anuncio del título de su columna “El fin de la parapolítica ”, los colombianos debemos leer con beneficio de inventario dichas notas que se alejan un tanto de la realidad. La verdad monda y lironda es que si bien hubo entrega de algunas armas por parte de los paramilitares –desmovilización-, sus influencias políticas, económicas y sociales siguen estando presentes en muchas regiones; pero aún más, su poder económico sigue siendo fuerte y, si bien es cierto que en esta oportunidad no hicieron presencia a través de la intimidación de los fusiles, ésta sí estuvo presente a través del dinero, sus “gobernantes” y testaferros. Sólo bastaría echar una ojeada a algunas zonas de la geografía nacional para constatarlo y desmentir la afirmación extrema del señor Rangel. Y, ni que decir con el número de candidatos representantes y/o influidos o apoyados por ellos que fueron elegidos en el Tolima, Casanare, Sucre, Córdoba, Atlántico, Cundinamarca, Cauca, Chocó, Antioquia, Vaupés, Magdalena, Cesar, Valle, Santander, Guajira, Bolívar y Meta.
Finalmente considero que el PDA, en la coyuntura actual, debe pensarse en la doble dimensión de la oposición y de la gobernabilidad: De oposición en el contexto nacional en cuanto debe continuar su camino de construcción como alternativa política para un modelo de desarrollo también alternativo, cuyas bases generales están esbozadas en el ideario y en el discurso que hemos venido construyendo en las redes del debate, la reflexión y en el campo de la gobernabilidad que hemos ganado sobre todo en Bogotá. De gobernabilidad, puesto que en la capital de la república somos gobierno, así como también en el departamento de Nariño, campos reales en donde tenemos que demostrar como gobierno, la validez de nuestro discurso y práctica de oposición y alternatividad.
Las anteriores dos dimensiones se concretan en responsabilidades políticas que se deben tener en cuenta en la construcción de Partido, lo cual exige bloquear los intereses grupistas y personalistas en función de dinamizar el campo de la oposición hacia realidades de gobernabilidad alternativa. He aquí la importancia de evaluar nuestra experiencia partidaria y nuestra participación en la pasada contienda electoral para dilucidar estrategias que nos permitan superar las debilidades del Partido con miras a la coyuntura política del 2010.
El planteamiento de la gobernabilidad debe generar una reflexión y correcciones sobre el campo específico de la relación del Partido con el gobierno en donde somos gobierno, y esto pasa por el rol del Partido en la conducción y atención política de los mismos y con la construcción de ciudad, como es el caso de Bogotá.
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