"Se trata más bien de producir las condiciones de un nuevo espíritu científico y político, que sea liberador porque se halle liberado de las censuras".
(Pierre Bourdieu: Cuestiones de Sociología. Ediciones Istmo, S. A., España 2003, página 18).
Bien. Ya pasados un poco los alegres días de Navidad y Año Nuevo, el clima político y social vuelve a calentarse en Colombia, en especial debido al tema crucial de la llamada parapolítica, así como con las próximas elecciones locales, que definirán, ambas, el nuevo mapa político nacional.
Entender el fenómeno paramilitar y sus causas y efectos, es acercarnos a una mejor comprensión de su dimensión y entender las consecuencias reales de la ausencia de Estado, al igual que los efectos de los apoyos privados y públicos al fenómeno como tal.
De nada vale tapar dichos apoyos, ya que seguirlo haciendo no ayudará para nada al esclarecimiento de la verdad, ni fortalecerá la aplicación de la ley de Justicia y Paz, hoy sumida en una inmensa crisis de operatividad y legitimidad.
Es política y militarmente imposible, que el fenómeno paramilitar en Colombia se haya consolidado y expandido, sin el apoyo de algunas fuerzas institucionales, o sin el concurso de sectores económicos (tanto urbanos como rurales) importantes, que apoyaron de forma y de fondo, las diversas conformaciones de los escuadrones paramilitares, en vastos sectores estratégicos de la geografía nacional. En ese sentido tienen razón los ex comandantes, cuando se sienten abandonados y traicionados por el Estado, que además muestra su inmensa debilidad institucional, ya que el Comisionado de Paz irresponsablemente ha cedido vocería a otras instancias del gobierno nacional o del Congreso.
¿Es una estrategia "fríamente calculada" para que se dilate y olvide la reciente crisis política y la del proceso?, ¿o es simplemente para dar tiempo a la oxigenación del debate acerca de la alta incidencia de los paramilitares en la política y en la economía? ¿Han llegado nuevos actores de la guerra a la ciudad y comienza una nueva disputa territorial en Medellín?
Preguntas obvias, que son esenciales de cara a la actual coyuntura política ya que, de la calidad de sus respuestas, sabremos si el debate acerca de la parapolítica va a permitir efectuar una transformación global de las formas tradicionales de hacer política en Colombia, amparadas en el poder del fusil y la metralla, así como de la corrupción política, económica y militar, inherente a todo poder armado ilegal.
Es en verdad relevante el hecho de que el actual debate político esté creando condiciones para la construcción de una opinión política más independiente y soberana, lo cual fortalece inevitablemente el régimen democrático, que disminuirá la manipulación desde el poder y consolidará el voto de opinión en los comicios locales de este 2007. Debemos estar preparados entonces para futuras sorpresas electorales y apostar, cada día con más vehemencia, a la consolidación de las alternativas políticas a la corrupción, a la injusticia y a la barbarie.
Pero igual debemos alertar acerca de las denuncias hechas desde diversos sectores de opinión y estamentos gubernamentales que, en el caso de Medellín, nos informan acerca de una nueva presencia de actores armados ilegales en barrios y comunas, que aplican asesinatos y vacunas e intimidan a sus pobladores y comerciantes, las cuales no se pueden seguir resolviendo con el concepto de que "son hechos aislados" o de que son vendetta; escudriñar la verdad, procesarla e informarla a la comunidad, debe ser el norte de una administración que hace de la ética y la democracia su mayor compromiso.
¡Algo raro está pasando en la ciudad y no podemos ocultarlo! No debemos aceptar la impunidad, y es deber de las autoridades responsables de la convivencia y la seguridad, clarificar ante sus ciudadanos, los hechos, evitando eso sí, cacería de brujas y chivos expiatorios. Como tampoco es aceptable que se amenace veladamente a líderes populares como Albeiro E. Vásquez, que no es responsable -como tampoco el alcalde- por las actividades ilegales de un compañero de trabajo.
¡Lo cual nos recuerda lo nefasto de aplicar el viejo principio de "combinar todas las formas de lucha", y que aplica no solamente para la guerrilla, sino para la extrema derecha, que la ejecutó sistemáticamente en el caso de la parapolítica! ¿O no?