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Germán Enrique Reyes

La pobre viejecita que nada tenía que comer: El Fosyga
Miércoles 12 de septiembre de 2007

Los estudiosos de la agorera Ley 100 de 1993, es decir de ese conjunto de agüeros propuestos que solucionarían los problemas de salud del pueblo colombiano, dejaron pasar desapercibidos los siete articulitos (del 218 al 224) mediante los cuales se dio vía libre al FONDO DE SOLIDARIDAD Y GARANTÍA (FOSYGA), concebido como una especie de cajita menor adscrita al Ministerio de Salud, sin personería jurídica y sin planta de personal propia que, por encargo fiduciario, manejaría otras subcuenticas (compensación interna del régimen contributivo, solidaridad del régimen subsidiado, promoción de la salud y lo producido por los seguros de riesgos catastróficos y de accidente de tránsito). Para no enredarse mucho en el manejo de su portafolio, lo entregó al consorcio FIDUFOSYGA 2005, esta vez por medio del Contrato #242/05, tal como lo ha hecho desde su creación.

Se suponía que, inicialmente, el 70% de los colombianos, y posteriormente casi todos, generaría excedentes en los seguros de salud que obligatoriamente todos tendríamos que tomar, para dedicarlos a la conquista de la felicidad y el bienestar, por lo menos en salud, y de paso contribuir con aquellos escasos pobres que se rezagarían de ese mercado. Pero resulta que la mayoría de los operadores de estos seguros, en lugar de llevar excedentes, antes le reclaman o sacan ponchera. Ah, y como principio de solidaridad, un 1% (mínima proporción) de las cotizaciones, algunos aportes de las Cajas y del gobierno, serían para ayudar a aquellos a los que el Estado se encargaría de subsidiar, es decir, a los más pobres de los pobres, de una manera transitoria, en espera del regreso de esos “pobrecitos” que naturalmente los margina la dinámica del mercado.

Los recursos que le quedaran a la pobre viejecita (FOSYGA), simulando su condición de buena madre, los dedicaría a dar buenos consejos a los colombianos para que no caigan en la desgracia de la enfermedad. Según el mandato, todo lo que entraría a dicha caja inmediatamente se debería gastar. Pero resulta que la viejecita aprendió manías especuladoras. Plata que entra, plata que se embolsilla o, mejor, la entrega a la voracidad del mercado financiero a través de títulos TES, CDT y Bonos. En el editorial del periódico El Tiempo del 7 de septiembre pasado, se lee que el negocio del FOSYGA es mantener los recursos del Sistema, pero “su negocio complementario es hacerlos rendir mientras no se usen”.

El Sistema de Salud, según sus autoridades, ha intentado implementar mecanismos (1) para reducir los costos de transacción, trámites y mecanismos de facturación, cobranzas únicas, sistemas de remisión y facturación, validación de cuentas, flujo oportuno y eficiente de recursos entre sus actores. Pero nada que lo ha logrado. Todo esto beneficia a la “pobre viejecita que nadita tiene que comer” y que tan sólo es guardiana fiel de la platica.

Indudablemente, este panorama golpea más duramente a las IPS (Hospitales) Públicas. En el año 2005, la cartera a más de 360 días era de $557 mil 701 millones de pesos, es decir, el 62% del total de la cartera, más el 20% ($182 mil millones ) entre 180 y 360 días, en su gran mayoría (69%) originada en cuentas de SOAT y ECAT, la misma que tiene embolsillada el FOSYGA (la pobre viejecita del cuento); además, el 38% de los deudores de esa gigantesca cartera a las IPS son EPS Públicas (ISS) o en liquidación (Cajanal), las mismas que tampoco han sido capaces de cobrar la llamada compensación al FOSYGA. Pareciera que aplicaran la lógica: como no les pagan, no pagan. Una de las razones para señalar causas de la crisis hospitalaria, mientras la red asume la prestación y los riesgos del servicio, los aseguradores dilatan sus pagos, escudándose en el FOSYGA.

Por esta cajita, según el presupuesto general de la nación para el año 2008, pasará la bicoca de 1 billón 440 mil 61 millones de pesos (un billón y medio) para la sola subcuenta de solidaridad, aunque con $318 mil millones menos de lo asignado en este año; a julio 31 de 2007 (2), tenía presupuestado $1 billón 976 por compensación, $1 billón 315 por ECAT y 133 mil millones para Promoción, para un total de $5 billones 184 mil millones. Semejante cifra le vuelve la boca agua a cualquiera como dice el dicho popular. Y entonces, ¿qué ha hecho? El 77% lo ha invertido en TES, el 18.4% en CDT, 1.9% en bonos, 1.6% en TDA, con una rentabilidad promedio del 8.2% del DTF, aunque en los meses de abril y junio del presente año estuvo por debajo del promedio del mercado, para darle la manito quién sabe a quién.

Ha aprendido diversas maniobras para no desembolsillar la platica. Esta vez achacándolo al sistema que opera la Base de Datos Única de Afiliados (BDUA), en donde de 20 millones de afiliados, 5.5 millones tienen problemas de identificación, bien porque el número de dígitos de sus cédulas no los capta el sistema o porque hay problemas con los registros de nacimiento en el ingreso; 1.3 millones aparecen con doble registro y 728 mil aparecen con doble afiliación (contributivo y subsidiado). En la Comisión VII de Senado, en noticia aparecida en el periódico El Tiempo del 4 de septiembre, se denunció que la platica de esos 7.5 millones de afiliados, de persistir estos problemas, se dejará de girar a los municipios y, por consiguiente, las EPS dejarán de atender sus requerimientos de salud. Como quien dice, al caído caerle. Para julio del próximo año habrán de girarse $965 mil 105 millones menos para salud por efectos del recorte del Sistema General de Participaciones y $620 mil 425 millones menos por concepto de los problemas en las bases de datos. Al sector financiero le interesa, por supuesto, que esto ocurra, porque más recursos quedan en sus cuentas y mayores serán sus ganancias.

El FOSYGA se acostumbró a hacerle conejo al desembolso de la platica. En septiembre del presente año, la Supersalud le impuso una sanción de $124 millones, por represamiento en sus cuentas de $2 billones que le pertenecen a EPS, Clínicas y Hospitales, pero inmediatamente adujo que no era dependencia del Sistema de Salud, sino una fiducia sometida a la Superintendencia Financiera, a sus mandatos y sanciones, como un paso para burlar la sanción. Cientos de tutelas se han fallado en contra del FOSYGA directamente, y da la impresión que las han entendido como un mero sonsonete de los jueces a la advertencia sancionatoria por el incumplimiento de las obligaciones y, sobre todo, por la manifiesta y reiterada vulneración al derecho fundamental de la vida en conexidad con el de la salud. Pareciera, por el contrario, que su propósito fuera el de cansar a los jueces, hasta el punto que han convertido la tutela en un acto administrativo más para poder acceder a la atención de salud, tanto en oportunidad, integralidad, calidad y accesibilidad, principios frecuentemente vulnerados por los aseguradores por insinuación indirecta del FOSYGA y que, para el año 2005, ascendieron esa violaciones, según el rubro “otros eventos y fallos de tutela”, a la suma de $206 mil 931 millones (3).

Plata es lo que entra, y a montones. En el año 2005 (4), para tomar un ejemplo, a la cuenta de compensación ingresaron $6.7 billones de los 7 millones de contribuyentes de ese entonces y se reconocieron por los 15.5 millones de afiliados la suma de $6.1 billones, lo que generó un superávit de $576 mil millones, que con otros ajustes ascendió a $800 mil millones, ganancias que otros inversionistas añorarían en Colombia.

Mientras los actores del Sistema se confrontan en defensa de sus intereses, los usuarios (pacientes) se debaten en su angustia y pelean contra la muerte y la enfermedad, en tanto la pobre viejecita calienta la platica y le entrega jugosas rentabilidades al sector financiero, el que pareciera no tener nada que ver con los pobres usuarios. Tiene razón el fallo de tutela que ordena devolver la platica (esos miles de millones de pesos), convertida en papeles de rentabilidad financiera, a sus verdaderos destinatarios: los usuarios de los servicios de salud. Hay que poner cuidado al FOSYGA, esa ingeniosa creación de la Ley 100 de 1993, que muchos dejaron pasar inadvertidamente, pues hoy explota el dolor y las necesidades de atención en salud de muchos colombianos.

Bogotá, 9 de septiembre de 2007

(1) Ver documentos COMPES No.3447 del 2006 en www.dpn.gov.co

(2) http://www.fosyga.gov.co/financiero/financiero.shtm

(3) Períodico El Pulso No99 de Diciembre 2006

(4) Ibidem


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