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Opinión

Las FARC sparring perfectos de Álvaro Uribe
Miércoles 16 de julio de 2008

Por: José Cuesta.

En la base de la reelección del Presidente Alvaro Uribe Vélez hay un delito: el cohecho. El fallo condenatorio proferido por la Corte Suprema de Justicia, en contra de la ex - congresista Yidis Medina así lo señala; es más, asevera que hubo abuso de poder para defender unos intereses políticos particulares.

Los efectos de la yidispolítica son devastadores. Bien podríamos pensar que el Presidente Uribe estaba acorralado, contra las cuerdas dirían los expertos en boxeo, eso explicaría el URIBAZO, entiéndase el desacato al poder judicial y el exabrupto de sindicar a los magistrados de la Corte, de cómplices del “terrorismo agónico”. En cualquier sistema de representación política un episodio de esta naturaleza, hubiese desatado una crisis de incalculables proporciones, con toda seguridad las voces ciudadanas pidiendo la renuncia de un mandatario elegido en esas fraudulentas circunstancias, se multiplicarían hasta convertirse en una demanda imposible de detener.

Pero en Colombia el Presidente Uribe, goza de un teflón a prueba de para-política, yidisgate y otros delitos contra la democracia. Ese teflón es las FARC. Basta con que el primer mandatario se encuentre en serias dificultades, gracias a la acción de la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, o de la tarea de denuncia ejemplar realizada por la oposición política, para que el inquilino de la Casa de Nariño, apele al expediente de golpear militarmente a las FARC, con el ánimo de superar la encrucijada institucional respectiva.

Así sucedió cuando la mayoría de los congresistas de la coalición uribista estaban presos en la picota, lo siguen ahora, debido a sus vínculos criminales con el paramilitarismo. En ese momento la crisis institucional era de tal magnitud que se hablo de revocar el Congreso de la República; el Presidente decidió bombardear el campamento de Raúl Reyes, ubicado en territorio ecuatoriano, provocándole la muerte al líder guerrillero, sorteando con “relativo éxito”, el fantasma de la para-política que amenazaba con afectarlo en forma directa.

El yidisgate le había propinado a Uribe un nocaut técnico, estaba en zona de conteo, decide entonces apelar nuevamente al recurso de golpear a las FARC, ganando popularidad y ahogando la crisis democrática. Me alegra en el alma, el arribo a la vida y la libertad de INGRID BETANCUR y sus 14 compañeros de cautiverio. Para las FARC el mensaje es muy claro: su permanencia en armas es la excusa perfecta para que avance la DICTADURA POPULISTA de Uribe. Al Presidente, aclararle que, la popularidad no se puede confundir con legitimidad. El acto legislativo que permitió su reelección esta sustentado en un delito, y éste no se subsana con la participación ciudadana en las urnas. De ser así cualquier delincuente podría usar la popularidad como medio para eludir la justicia.


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