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Polo de Rosa

Las Violencia por Identidad de Género y Orientación Sexual en Colombia
Jueves 25 de septiembre de 2008

Por: Robinson Sánchez Tamayo - Vocero Nacional del Polo de Rosa. Colombia

Honorables jueces y juezas, testimoniantes, público en general, reciban un fraternal saludo:

Los crímenes en razón a la identidad de género y orientación sexual son testimonios, que nos evidencian como a veces la muerte se disfraza de amor y se lleva esas personas incautas que, sin más opciones, buscan y disfrutan el amor aunque sea por “raticos”.

El Polo de Rosa, es la organización de gays, lesbianas, bisexuales y transgeneristas (LGBT) del Polo Democrático Alternativo, que busca el empoderamiento político de este grupo poblacional, propósito imposible de construir sin que se garantice los derechos humanos de las personas LGBT, pues no es posible pensar en una verdadera democracia en una sociedad que extermina a sus ciudadanos y ciudadanas por sus formas de ser, hacer, pensar y sentir.

Por eso la importancia de este evento donde podremos analizar la situación de derechos humanos de las personas LGBT en el recinto de la democracia europea, el Parlamento Europeo, como un condicionamiento para la construcción de una verdadera democracia en Colombia.

Y es que la violencias por identidad de género y orientación sexual conllevan una situación de derechos humanos de las personas LGBT con unos niveles especiales de materialización y violación, por los particulares procesos de construcción de nuestras identidades sexuales en una sociedad que desconoce y persigue la diversidad sexual, además por las peculiares condiciones que tenemos para el empoderamiento social y político en la exigibilidad de nuestros derechos. Lo que ha llevado al movimiento social de la diversidad sexual en el país a construir una teoría de derechos humanos diferenciados para esta población que replantea las estrategias de acción y reivindicación política de este movimiento social, confrontando el desarrollo conceptual y material que sobre derechos humanos se viene realizando. Reflexiones y confrontaciones indispensables en los procesos de articulación intersectorial que se deben dinamizar y consolidar con mayor fuerza en el país, y que este movimiento debe impulsar como estrategia para lograr reales y efectivas transformaciones culturales hacia sociedades para todas y todos.

Aquellas particularidades tienen su origen en la consolidación de la sociedad patriarcal, machista y heterosexista la cual durante miles de años se ha impuesto en la cultura occidental, contextuando la interacción humana dentro de unas relaciones hegemónicas del poder fundadas en la jerarquía de una elite dominante: el hombre, macho, heterosexual, blanco y propietario, conllevando una filosofía de la exclusión de todo lo diferente y la instauración de rígidos modelos de conducta que controlan todas las esferas de la persona (económicas, políticas, culturales, afectivas, sexuales, etc.). Este sistema de violencia sigue estableciendo la eliminación del otro y de la otra como presupuesto perpetuador del poder, que en la cultura se manifiesta en las distintas formas de discriminación: la misoginia, la homofobia y el racismo por mencionar solo algunas.

Se proscribe la sensualidad, la sexualidad y la afectividad, bajo una concepción dicotómica y estática de las mismas renegando del placer, la experimentación, la diferencia, la diversidad y el dinamismo propio del ser humano y humana. El cuerpo se convierte en un espacio controlado por los agentes de poder y por tanto objeto de violencias y hasta trofeo de guerra, pues es el primer y más íntimo territorio del individuo y de la individua por lo que el ejercicio de poder sobre el cuerpo garantiza la sumisión del sujeto y la sujeta.

De esta forma, la lucha por la liberación del cuerpo se convierte un presupuesto para redefinir todas esas relaciones de poder instauradas por aquella clase dominante, para así pensarse un mundo verdaderamente democrático.

Las violencias por identidad de género y orientación sexual constituyen pues, la expresión cultural de ese sistema de discriminación ya mencionado que prohíbe la libertad de amar y disfrutar del cuerpo, concebida como todas esas violencias cometidas contra aquellas personas hombres y mujeres que viven su sexualidad y/o afectividad de forma distinta al patrón patriarcal, machista y heterosexista, y se presenta en todas las esferas de interacción humana: la política, la economía, la familia, la religión, la guerra, la salud, la educación, el trabajo, la cultura, el espacio público y hasta en las más íntimas como el propio cuerpo.

Dichas violencias son de todos los tipos, pues homicidios, violaciones, agresiones físicas y morales, humillaciones, exclusiones de todas las esferas sociales, sigue siendo prácticas constantes en el país como las formas en que reacciona la sociedad contra las personas LGBT una vez conoce nuestras identidad de género y orientación sexual.

Perpetradas por distintos actores: civiles, estatales, eclesiásticos, familiares, desconocidos e incluso armados legales e ilegales. Se caracterizan por la sevicia con que se realizan como expresión fiel del odio que las genera. Y siempre terminan en la impunidad ante una

sociedad cómplice al legitimarlas y un Estado victimario e inerte que permanece ciego frente a ellas.

Así dichas violencias afectan directamente la dignidad humana de las personas LGBT y los derechos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y demás pactos y normas de Derechos Humanos y en la Constitución Política, especialmente los derechos a la vida, la integridad física y moral, el libre desarrollo de la personalidad, la educación, la salud, el trabajo, la seguridad social, el mínimo vital y la familia por ello constituyen verdaderas violaciones a los derechos humanos.

Asimismo, estos actos son un impedimento para la construcción de la paz, por la incidencia que tiene el proceso de escalonamiento, degradación y agudización en los últimos años de los conflictos armado y político armado del país en la vulneración de los derechos humanos de nosotros y nosotras que hace de estos actos nefastos hechos de guerra. De ahí la importancia que se incluya esta problemática en las agendas de paz tanto las de origen estatal como las provenientes de la población civil y hasta urge implementarse instrumentos que prohíban expresamente esta práctica en el desarrollo de dichos conflictos.

En este sentido, la sociedad y el Estado deben asumir un papel más activo en la lucha contra las violencias por identidad de género y orientación sexual con el fin de establecer verdaderas relaciones de paz, democráticas y respetuosas de los derechos humanos de todas y todos. Deben asumir su responsabilidad por la crítica situación de los derechos de las personas LGBT y disponerse a las transformaciones culturales tendientes a superar esa sociedad descrita anteriormente y los modelos que ella impone. Especialmente el Estado, la Iglesia Católica y las iglesias cristianas que deben cesar de inmediato la apología pública y constante del odio heterosexista y las violencias que comenten contra esta población.

Pero este reconocimiento de los derechos humanos de hombres y mujeres homosexuales, bisexuales y transgeneristas debe acompañarse de un proceso de autoreconocimiento de nosotros y nosotras como sujetos y sujetas de derechos, con plena capacidad para ejercerlos y exigirlos sin importar la identidad de género y de orientación sexual. Pues nuestra población también fue formada dentro en esta cultura que desconoce nuestros derechos, llevándonos en muchos casos a legitimar las violencias de las que son víctimas.

Por esto se requiere fortalecer las acciones del movimiento social de la diversidad sexual por el empoderamiento social y político de dicha población, que no es aberrante sino objeto de la negación y persecución en una pugna permanente por la concentración del poder.

Concentración del poder que se profundizará con la imposición del modelo de globalización neoliberal, que aparece como otro gran escollo que tenemos las personas LGBT para la materialización de nuestros derechos. Pues se traduce en el desconocimiento de los derechos humanos, principalmente de los DESC; en la disminución de la responsabilidad del Estado para garantizar las necesidades de sus ciudadanos y ciudadanas, y en la imposibilidad de acceso a los derechos básicos convertidos en servicios en venta, reservando la vida digna para quien tenga capacidad de pago, que no son otros que los agentes hegemónicos de poder, y a lo sumo para quienes alcancen cierto poder adquisitivo. De ahí que el movimiento debe asumir una lucha directa contra este modelo, y articularse en los procesos de diseño de un modelo alternativo.

Para todo lo anterior, se requiere de una infraestructura civil y estatal de promoción, protección y defensa de los derechos humanos de las personas LGBT, hasta ahora insuficiente y en algunos casos inexistente.

Primero porque esta problemática no tiene la atención del Estado, quien en cabeza del Alto Gobierno, el Congreso y las Fuerzas Armadas, lejos de combatir las violencias por identidad de género y orientación sexual ha continuado con una política de negación a los derechos de nuestra población y ha ejercido todo tipo de atropellos contra esta, no obstante, se le insta a diseñar una política en esta dirección. Por otra parte, las instituciones y personas civiles que han trabajado la temática han tenido grandes dificultades para desarrollar adecuadamente este propósito por la falta de recursos económicos. Carencia de recursos que, sin embargo, no ha impedido a dichas organizaciones e independientes, expresiones del movimiento social de la diversidad sexual, realizar informes en los que analizan dicha situación y múltiples acciones con el propósito de mejorar las condiciones de vida de las personas LGBT en el país, con una fuerza incansable en el corazón y un espíritu de lucha que resiste y persiste frente a todas las dificultades, tal como resiste y persiste el amor homosexual, bisexual y transgenerista en un mundo que lo condena.

Así diferentes organizaciones en el territorio nacional viene trabajando en la denuncia de estas violencias, que hasta el momento se han dirigido más a la sensibilización y definición de contexto que al seguimiento y denuncia específica de casos, en una sociedad en la que primero debe buscarse el reconocimiento y autoreconocimiento del que se habló anteriormente para sentar las bases de la fuerza política de la denuncia pública de las transgresiones a esos derechos, de lo contrario dichas denuncias no pasarían de ser simples anécdotas de unas y unos seres invisibles para el Estado y la sociedad.

En todo caso estos informes registran algunas reflexiones que sobre derechos humanos viene construyendo el movimiento social de la diversidad sexual, complementando el debate sobre el tema que se realiza en el país.

Definiendo un contexto en la que la vulneración de aquellos derechos es una práctica sistemática y cultural, donde pese a lo comunes y frecuentes que son las violencias contra esas personas, las violencias por identidad de género y orientación sexual sigue siendo invisivilizada y sus víctimas desconocidas, como si la sociedad se negara a reconocer cuán monstruosa puede ser y cuánto daño puede causar en esa búsqueda de poder que, como se dijo, termina en el desconocimiento del otro y de la otra.

Sobre derechos civiles y políticos vale la pena resaltar que la corporación Colombia Diversa reporta 67 homicidios de personas LGBT entre 2006 y 2007una cifra que aunque injusta, pues nadie merece ser asesinado y menos por lo que siente, se queda corta pues existen múltiples dificultades para registrar las violencias contra las personas LGBT.

Por un lado, existe una deficiencia en los organismos estatales para registrar tanto los homicidios como las demás violencias por identidad de género y orientación sexual pues desconocen nuestras identidades y en la mayoría de los casos ni siquiera conocen la variable, de los casos reportados por Colombia Diversa donde existe un registro de los homicidios contra nuestra población, las personas trans aparecen registradas como homosexuales, por ejemplo.

Pero además, encontramos otros impedimentos sociales que condenan las violencias de las que somos víctimas a la impunidad. Que las podemos enumerar así:

- Primero la legitimación social de estas violencias, pues para la sociedad tal como la hemos caracterizado cuando un homosexual es asesinado, es un “marica menos”.

- Segundo la autolegitimación de la víctima, al hacer talleres y preguntar a la población porque no denuncian los hechos de los que son víctimas, responde que merecían los hechos, recuerdo el caso de un chico que me decía que fue golpeado por un grupo de hombres, pero que él tenía la culpa por haber mirado a uno de ellos. Después de todo nosotros y nosotras igualmente somos hijos e hijas de esta cultura.

- Tercero la visibilización de la identidad sexual o de género de la víctima, que no solo atenta contra la intimidad de la persona sino que la expone a ella y a sus familiares a nuevas violencias.

De ahí que para nuestras organizaciones la mayoría de la información es recogida a través de los comentarios y de la observación de los casos, aunque se viene avanzando en la documentación de los mismos, aún este es muy precaria. Este año hicimos por primera vez una audiencia pública sobre violencias por identidad de género y orientación sexual y esta es la primera vez que se nos escucha en un Tribunal Internacional denuncian estas violencias como graves violaciones a los derechos humanos.

Ahora que se mencionan las violaciones al derecho vida, quiero aprovechar para hacer un homenaje aquí en 2008 a León Zuleta , fundador del Movimiento de Liberación Homosexual en Colombia y defensor incansable de derechos humanos, del cual mañana recordamos los 15 años de impunidad de un crimen que afectó la articulación de nuestro movimiento social y privó al país de un gran pensador. Asesinado el 23 de agosto de 1993 a manos de un desconocido que le propinó más de 20 puñaladas. A quien recordamos hoy para el futuro porque esas puñaladas no nos lo pudieron quitar.

Sobre el derecho a la integridad además de las comunes golpizas y violaciones de las que son víctimas las personas LGBT, me parece importante resaltar el tema de la integridad moral, pues la ridiculización de la orientación sexual y la identidad de género son un asunto tan cotidiano que no se le presta atención pese a la condición de dolor y de indignidad a la que se somete a la víctima, chistes, comentarios, silbidos, risas son prácticas cotidianas en nuestras vidas cuando visibilizamos nuestras identidades, aún en los espacios que se reivindican más democráticos, pero por más que ocurran no disminuye la vergüenza y el deseo de no estar allí.

En este punto vale la pena resaltar los casos de abuso de la fuerza pública, la corporación Colombia Diversas reporta 31 casos de abuso policial con las personas LGBT entre 2006 y 2007, La Corporación Opción igualmente enuncia algunos casos específicos con la población trans. Pero es igualmente relevante los casos de agresión a la integridad moral, la exposición pública que hacen de las personas cuando en requisas encuentran algún objeto que revele nuestras identidades, por ejemplo cuando encuentran tacones o pelucas de personas transformistas, o revistas gays, entre otras, la persona es sometida a la ridiculizaciones y a toda clase de vejaciones.

En DESC su negación por parte de Estado a la población LGBT es más claro demostrarlos, toda vez que implican la obligación de Estado de hacer y en nuestro caso no hace. Sin embargo, en la acción concreta de particulares es muy difícil de documentar. Pero segundo porque como ciudadanos y ciudadanos somos víctimas de la generalizada comercialización de estos derechos humanos, aunque encontremos igualmente a unos niveles diferenciados de violación en razón de nuestra identidad de género y de orientación sexual.

Sobre el Derecho a la Familia, que es uno de lo más visibles en nuestra población por el impedimento legal que existe para conformarlas, pese a la existencia de Sentencias de la Corte Constitucional que reconocen derechos a las uniones de pareja del mismo sexo, el Congreso de la República se ha opuesto a reconocerlos mediante ley, y mediante argucias en 2007 se hundió el último proyecto de ley sobre el tema en una audiencia de conciliación pese a haberse aprobado en los cuatro debates constitucionales. El presidente Álvaro Uribe públicamente se ha opuesto al proyecto de ley e incluso a amenazado con vetarlo, pero más lamentable es su concepción sobre nuestros derechos, recuerdo que cuando en campaña para su presidencia y se le preguntó por el tema, dijo que a lo sumo las reconocería como una sociedad comercial, como si nuestras uniones fueran producto del interés de lucro y no del amor.

Pero el derecho a la familia también no es negado al impedirnos integrarla, es fácil ver en los parques jóvenes que ejercen la prostitución porque fueron expulsados y expulsadas de sus hogares cuando conocieron su identidad, otros y otras que permanecen en éstos sometidos a toda clase de humillaciones y control de su vida privada.

Sobre el derecho al trabajo, esencial como todos, para garantizar la dignidad humana, sigue siendo un ambiente hostil para nuestra población, dificultades para ingresar a un empleo o para permanecer en él es una constante en Colombia pero se agudiza cuando se conoce nuestra identidad de género y de orientación sexual. Pero más dramático, si se quiere, resulta para la población trans femeninas, a quienes la sociedad solo les ofrece dos alternativas: la peluquería y la prostitución, el problema no es condenar estos oficios sino condenar la falta de alternativas para la libre elección de profesión y oficio.

Lo cual está muy ligado al Derecho a la Educación que se encuentra en el mismo nivel de vulneración. Todo este año se ha conocido el caso por los medio de comunicación de dos estudiantes lesbianas de Manizales que fueron expulsadas de su colegio, el caso hoy se encuentra en revisión ante la Corte Constitucional Las personas trans no pueden desarrollar su identidad en las instituciones educativas y menos en las entidades de educación superior.

La ausencia de políticas públicas específicas que garanticen nuestros derechos son inexistentes, en el caso de la salud a lo sumo cuando se incluyen acciones de prevención del vih/sida que lo único que ocasiona es una nueva estigmatización de nuestra población y sometiéndonos a los vejámenes de las multinacionales farmacéuticas, a la vivienda no tenemos acceso como tampoco a la seguridad social, hace una semana vimos archivar en la comisión sétima del Senado un proyecto de ley que reconocía el derecho a la seguridad social de las uniones del mismo sexo pese a que ya existía un pronunciamiento de la Corte Constitucional que reconoce este derecho.

Por eso aquí requerimos al Estado colombiano, para reconocer a las población LGBT como sujeta de derechos, que frene y castigue la apología de la violencia por identidad de género y orientación sexual, que diseñe instrumentos particulares de protección de los derechos humanos para las personas LGBT en sus particulares condiciones de materialización y reivindicación de sus derechos, que documente y juzgue este tipo de violencias, que repare integralmente a las víctimas sometidas históricamente a estas violencias y que promueva el fortalecimiento del movimiento de la diversidad sexual.

Así urge deconstruir los mitos y modelos estereotípicos creados por esta cultura, para superar los prejuicios, la discriminación y la intolerancia y así entendernos en la diferencia. Por lo tanto se requiere mentes abiertas y dispuestas al cambio, para abandonar la concepción dicotómica y simplista de la sexualidad, en tanto obliga a entender la enorme y compleja diversidad de la sexualidad humana, que a medida en que se profundiza en su exploración, estudio y práctica, abre el infinito abanico de posibilidades de disfrute y goce.

Pues sólo entendiéndonos como seres complejos y complejas, dentro de un infinito pluralismo no sólo sexual sino también en todos los procesos de construcción individual y colectivo, podremos realizar un verdadero cuestionamiento de los modelos económicos, sociales y políticos que alcance una real y eficaz liberación del cuerpo, como primer territorio dominado, para de ahí romper todas esas relaciones de poder instauradas por la clase dominante y podamos pensar que otro mundo es posible, un mundo sensual2 , justo, equitativo e incluyente que conviva dentro de la diversidad sexual.

Honorables jueces y juezas, testimoniantes, público en general gracias por escucharme.



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