El drama de un hombre cuya bandera política es la defensa los derechos humanos en la capitalBogotá-. La primera advertencia la recibió su conductor, John Ruiz, en un sobre blanco que no traía remitente y en cuyo interior había un sufragio. A esta amenaza le siguió una serie de llamadas telefónicas a su casa y a su celular, en las que una voz masculina lo insultaba y amedrentaba. Desde entonces, el concejal y ex magistrado de la Corte Constitucional Alejandro Martínez Caballero no ha salido de su casa sin ser escoltado.
Pero sólo fue el 7 de octubre que su colega del Polo Democrático, Álvaro Argote Muñoz, denunció públicamente el hecho durante el debate de la Comisión de Presupuesto, que tuvo lugar en el Concejo de Bogotá. Gracias a este acontecimiento, la petición de aumentar la seguridad del concejal, presentada desde hace meses por su asesora Margarita Palencia a la coordinadora de seguridad del Concejo, fue finalmente aceptada. Desde entonces, está protegido por un escolta los siete días de la semana.
Para el concejal Martínez, estas amenazas resultan incomprensibles, ya que durante sus 28 años en la política y 10 como magistrado de la Corte Constitucional, nunca había sido víctima de este clase de advertencias.
A Hernán Reyes, amigo personal desde hace 40 años, le parece insólito que ahora Martínez reciba las amenazas que no tuvo en la Corte. Y agrega: “Él es muy reservado y no les presta atención a estas amenazas, pero yo estoy muy preocupado por su situación”.
Al respecto, el concejal Martínez reconoce que “cuando uno acepta cargos públicos, tiene que entender que este es un sistema usual. Yo creo que las intimidaciones se deben a mi campaña en contra de los prostíbulos en la capital. Pero estoy desconcertado porque durante estos años en la política, la única advertencia que he recibido fue de mi tía, quien me llamó enojadísima después de que se declaró inconstitucional la consagración del país al Sagrado Corazón”.
Carrera política
Con 62 años de edad, oriundo del Magdalena y apasionado por la lectura, especialmente la relacionada con los derechos humanos, el concejal Martínez ha tenido que sortear toda clase de dificultades. Pero sin lugar a dudas, el tener que convivir con el mal de Parkinson ha sido su mayor reto.
En 1992 le fue diagnosticada la enfermedad y en 2001 viajó a Cuba, donde se practicó una operación para tratar de mejorar su estado de salud. Según el médico, su condición era estable. Sin embargo, siempre estaría condenado a sufrir los efectos adversos de la droga.
Dos años después volvió a este país del Caribe como invitado a un simposio de medicina, en el que se abordó el manejo del mal de Parkinson. Al regresar a Colombia aceptó el cargo de conjuez de la Corte Constitucional durante dos años. Pero continuar con una rutina de trabajo tan extenuante comenzó a resultarle cada vez más difícil, por el avance de la enfermedad. Pese a ello, no escatimó esfuerzos y a finales del año 2003 fue elegido concejal en representación del Polo Democrático.
La prueba de fuego
En 1971, el concejal Martínez contrajo matrimonio con Gloria Correa, quien desde entonces lo ha acompañado en su trayectoria política, que había comenzado en 1966 al ser elegido representante a la Cámara por la Alianza Nacional Popular (Anapo).
A su lado también compartió los diferentes reconocimientos que le han sido otorgados por su labor, entre los que se destacan la mención de honor de la Corte Constitucional por su desempeño como defensor de los derechos humanos y el homenaje a su vida y compromiso con la ciudad, otorgado por el Concejo de Bogotá.
Pero hace unos meses el concejal Martínez tuvo que enfrentar nuevamente una prueba de fuego: el cáncer de su esposa. La noticia la recibió con calma y a partir de ese momento ha estado al frente del tratamiento, lo que le ha impedido desarrollar todos los proyectos que tiene desde que asumió el cargo de concejal. Sin embargo, asegura que a pesar de los efectos secundarios producidos por las 50 pastillas diarias que debe tomar, como son los temblores, la pérdida del equilibrio y la dificultad para hablar, está pasando por su mejor momento intelectual.
Cada semana lee entre cuatro y seis libros. En este momento está absorto con la biografía del general Murillo Toro y algunos textos sobre cultura española.
Los proyectos
El mayor orgullo del concejal es haber aportado a la construcción de una cultura del respeto por los derechos humanos en el país. Y durante su permanencia en el Concejo de Bogotá seguirá apostándole a este tema.
Asegura que por el momento no piensa retirarse del cargo, pese a las amenazas que ha recibido. Pero lo que sí tiene claro es que cumplirá al pie de la letra las recomendaciones de seguridad hechas por la capitana Cielo Lozano Moreno, coordinadora de seguridad del Concejo de Bogotá.
Tampoco suspenderá los viajes que ha venido realizando a otras ciudades de Colombia, para asistir a conferencias sobre temas políticos coyunturales. Lo que sí ha decidido dejar de lado es su afición por el fútbol y sus frecuentes paseos fuera de la capital, con el propósito de dedicarse a la lectura.
Frases del concejal
Desde hace cuatro meses me siento prisionero en mi propia casa, no me atrevo a salir sin un escolta.
Yo me siento contento con el escolta que tengo. Además no me sentiría bien quitándole un policía a Bogotá.
Tomo 50 pastillas diarias y a veces me produce parálisis en algunas partes del cuerpo.