Por: Blanca Durán *
La democracia como sistema político, es “el peor de los sistemas, exceptuando todos los demás”, (Winston Churchill) por esta razón, a pesar de su imperfección se ha venido promoviendo e impulsando por todos los gobiernos del mundo occidental.
Esta democracia limitada, en la que todos eran iguales “pero unos eran más iguales que otros” no estaba pensada para la diferencia, de hecho no estaba pensado para las minorías o para la diversidad, sin embargo, es la visibilización de estas “minorías” (que en el caso de las mujeres son el 50% de la población y en el caso de los homosexuales es cerca del 10%) la que hace cuestionar el modelo tradicional de democracia, no es posible pensar que el sistema es adecuado cuando un gran porcentaje de la población queda por fuera de las decisiones.
Surgen así, nuevos conceptos de democracia que le añaden un apellido, democracia representativa, participativa, radical, liberal, etc. y surge una idea interesante “la fortaleza de la democracia no se mide únicamente por el cumplimiento de la regla de la mayoría sino por la protección de los derechos de las minorías”
Las feministas fueron las primeras en plantear que era necesario establecer formas de apoyo especial que permitieran a las mujeres participar en las decisiones que hasta ahora les habían sido negadas. Se propone entonces la “discriminación positiva” (termino contradictorio en si mismo) para lograr que las mujeres, poco habituadas a los ejercicios del poder, pudieran participar con menos requisitos que los hombres y de esta manera compensar la discriminación histórica.
A partir de este ejemplo, muy exitoso puesto que ha logrado incrementar la participación de las mujeres en escenarios políticos y de decisión, otros grupos minoritarios solicitaron su respectivo apoyo, en el caso de Colombia fueron los indígenas y los afros, en EEUU los afroamericanos, etc.
En el Polo Democrático Alternativo, se planteó un sistema de cuotas novedoso y coherente con el ideario del partido. En este sistema se reconocen derechos de participación política a las mujeres, a los jóvenes hombres y mujeres, a los indígenas, a los afros y a las personas con orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual (es decir, lesbianas, gays, bisexuales, transgeneristas, LGBT) para que tengan cuotas de participación diferencial en los órganos de dirección. El sistema ha carecido de un elemento muy importante, la capacitación en el respeto de la diversidad y los derechos de la diferencia, como parte de la pluralidad y la diversidad cultural.
En el caso del sector de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgeneristas, al cual pertenezco, nuestro aterrizaje en la política partidista ha sido forzoso. Este sector, generalmente apático a los partidos y a los políticos, por considerarlos igual de homofóbicos y discriminadores que el resto de la sociedad, vio en el Polo Democrático una posibilidad real de que sus intereses y sobre todo sus derechos fueran tenidos en cuenta. Este sector vio un Partido que les ofrecía cuotas especiales de participación para el ejercicio de sus derechos en igualdad, un grupo de hombres y mujeres (el Polo de Rosa) con un trabajo serio, y con algunas personas en cargos de dirección de la organización.
Los integrantes del Polo Rosa, nos encontramos con una realidad aplastante, los modelos sociales de discriminación, segregación, rechazo y burla, se repiten en algunos de los afiliados, sin que el Partido haga nada para modificarlos. Hace muy mal el Polo al creer que solo basta con invitarnos a participar con unas cuotas especiales, sin ningún tipo de garantías que reviertan estas prácticas tradicionales y patriarcales. En la Mesa de Unidad del POLO ya Sebastián Romero hizo un llamado para que el POLO, promueva prácticas socioculturales libres de prácticas homofóbicas y de sexismo, (como chistes y bromas discriminatorias).
En las pasadas elecciones del Polo Democrático Alternativo, se pudo apreciar con más claridad esta realidad, en lo formal el Partido estableció una cuota especial de participación para LGBT, asignó un número importante de cupos (87), estableció un sistema de elección diferente (listas nacionales y no regionales). Hasta allí el partido podía darles ejemplo a otros del mundo y en especial de Latinoamérica, pero a partir de allí olvidó que también era necesario, educar a sus afiliados para que entendieran la importancia de respetar y apoyar a este sector “minoritario”.
Además de las burlas y las críticas por darles cupos a los “maricas”, en muchas regiones se presentaron situaciones de clara expresión homofóbica, invitación a las personas a no votar por esos “enfermos”, anulación de votos marcados por el LGBT, entre otras perlitas. La medida inicial, incluyente y progresista que pretendía acercar al partido a un sector nuevo, con un interesante potencial electoral y con todas las condiciones para sentirse parte del Polo Democrático Alternativo, se convirtió en un arma de doble filo, puesto que estos novatos en política se dieron cuenta que en este partido no los tratan diferente que en los demás y que muy probablemente la discriminación puede ser peor acá.
En mi caso, como mujer y además lesbiana, siento que hace en el camino de la inclusión y el respeto falta mucho por recorrer, pero sobre todo, me parece poco estratégico que el partido se distancie de este grupo poblacional, que de acuerdo con algunos estudios, es cerca del 10% de la población, esto representa en Bogotá algo más de 600.000 mil personas, casi el número de votos que se requiere para elegir un alcalde.
Es necesario que el Polo Democrático Alternativo se de cuenta que un sistema de cuotas serio no significa simplemente asignar unos cupos en los cargos directivos, sino que tiene asociada la responsabilidad de formar y apoyar a estos grupos (en este caso a las mujeres, a los jóvenes, a los indígenas, a los afros y a las lesbianas, los gays, los bisexuales y los transgeneristas) para que su participación política sea cualificada, representativa, legitima.
También implica educar a todos los “machos, heterosexuales, mestizos y mayores de edad”, que se mantienen en el poder actualmente, para que entiendan que deben respetar a estar minorías no solo porque hay que compensar la discriminación histórica, sino porque es la única manera de lograr que el partido crezca, llegue a sectores diferentes a los tradicionales y se convierta en una opción real de poder hacia el cambio social que asuma la diversidad cultural en igualdad.
*Integrante de la Mesa de Unidad Nacional