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Antonio Sanguino

Los desafíos del polo. El país nos invita a rectificar el rumbo.
Martes 25 de marzo de 2008

Antonio Sanguino Páez
Concejal de Bogotá
Dirección Nacional Polo Democrático Alternativo, PDA

La pasada reunión de la Dirección Nacional del Polo tuvo en la aparición de Lucho Garzón su principal ingrediente. El acto de instalación fue un verdadero debate sobre las perspectivas futuras de este proyecto, que junto a las discusiones posteriores de la Junta constituyen el abrebocas de las decisiones que habrá de tomar el Polo para mantenerse vigente en el universo de la política colombiana.

Lucho insistió en la necesidad de construir una agenda de gobierno para la Colombia que clama por un proyecto de reconciliación con cambios progresivos, Petro reclamó una iniciativa política del Polo para liderar un gran Acuerdo Nacional que ponga punto final a la guerra, mientras Carlos Gaviria y los sectores que lo respaldan acudieron a la doctrina para insistir en la pureza de la tradición de izquierda, la renuencia a los acuerdos con otros sectores del espectro político y un obsecuente y reiterado llamado al ejercicio de la oposición. La farragosa y ladrilluda declaración final del evento se salvó por la inclusión de la convocatoria a un Acuerdo Nacional por la Paz, aunque su formulación se malogra por una advertencia de que este se haga “sin el uribismo”.

Sin duda, la Junta fue otra prueba de fuego de la solidez del proceso unitario de las izquierdas que representa el Polo, pero indica que existe un campo de discusiones que aún no se saldan y que tendrán que abordarse públicamente para que sus decisiones se aproximen a lo que el país espera de este experimento político tan necesario para la desmilitarización de la contienda política colombiana.

Hay que tener un diagnóstico acertado

El primer asunto que debe saldar el Polo para avizorar su horizonte inmediato es el de su estado de salud. La Junta Nacional hizo eco de los diagnósticos que muchos formadores de opinión hacen del Polo.

Nadie duda de las inobjetables victorias electorales en Bogotá y Nariño el pasado 28 de Octubre que permitió mantener la gobernabilidad en estos lugares y aumentar la presencia en sus respectivos cuerpos colegiados. Pero resulta inocultable el pobre desempeño electoral del Polo en el concierto nacional: no supimos acertar en las candidaturas a las Alcaldías de Medellín, Cali y otras ciudades y departamentos por el prurito de la pureza y el uso del fantasma del uribismo como pretexto para negarnos a acuerdos con opciones independientes y alternativas. Lo más grave es que no alcanzamos a obtener 300 concejales, ni 20 diputados en todo el país, que a juicio del más novato de los analistas políticos significa una extraordinaria debilidad territorial del proyecto que no puede ser atribuible a las vicisitudes del conflicto armado, sino más bien a una evidente equivocada política electoral.

A ello se suma la incapacidad de la dirección del Polo para responder adecuadamente a las señales de la coyuntura del conflicto colombiano. No hay duda de la ruptura radical del PDA con la tesis de la combinación de las formas de lucha y de su repudio reiterado al Terrorismo. Pero el supuesto de que cualquier condena plena a los actos de las guerrillas, en especial de las FARC, lo coloca en el campo del uribismo, ha conducido al Polo a una cascada de ambigüedades que representan un enorme costo político.

Así sucedió con el silencio frente al asesinato de los diputados del Valle del Cauca, las terribles pruebas de supervivencia de los secuestrados, el episodio de Emmanuel —el hijo de Clara Rojas— y más recientemente la ambivalente decisión respecto a la Marcha del 4 de febrero de repudio a las FARC. Antes, la dirección del Polo había tenido un inexplicable comportamiento de oposición al gobierno de Lucho Garzón en Bogotá. Ello condujo a que la iniciativa política alcanzada por el PDA como producto del destacado ejercicio de gobierno en la Capital y del debate que desde el parlamento y otros escenarios de opinión permitió develar el fenómeno de la parapolítica se diluyera en cuestión de meses.

No acertar en las prioridades de la agenda política es otro de los asuntos que contribuyen a esta perdida de iniciativa. Insistir en que lo primero es la confrontación a las políticas económicas y sociales del gobierno, cuando estamos en presencia del desenlace de nuestro conflicto armado y cuando existe una irrupción de un universo de víctimas de guerrillas, paramilitares y agentes estatales que demandan cada vez con mayor urgencia la aplicación de los estándares de Verdad, Justicia y Reparación, es una tremenda equivocación. Sobre todo porque las víctimas cuentan con la suficiente autoridad moral para representar socialmente un verdadero proyecto de transición al postconflicto en democracia.

Se impone rectificar el rumbo

Si el Polo quiere mejorar su estado de salud está conminado a recuperar la iniciativa pérdida. Ello no se logra con la invocación reiterada a los estatutos y al “ideario de unidad”, que aún cuando constituyen referentes importantes para su vida privada, resultan insuficientes a la hora de conectase con las demandas de un país que reclama a diario propuestas políticas. Precisamente, el hecho de estar atrapado en los asuntos domésticos le impide al Polo desplegar creatividad y audacia para intervenir en los veloces tiempos que corren.

Muchas fueron las propuestas planteadas en la Junta Nacional que bien pueden constituir una agenda inmediata. La convocatoria a un Acuerdo Nacional por la Paz que invite a los más disímiles sectores políticos y sociales en la construcción de una ruta hacia el postconflicto puede constituir un escenario apropiado que responda al recrudecimiento del mismo y su desbordamiento humanitario. Un apoyo incondicional y una movilización decidida de sus recursos humanos, logísticos, organizativos y políticos a favor del fortalecimiento de un gran movimiento de las víctimas de todos los actores, evitando caer en la tentación de su utilización e instrumentalización, constituye una tarea de indudable prioridad.

Trascender el debate de la parapolítica y convertirlo en una oportunidad para avanzar en una reforma política que consolide un sistema civilista y democrático de partidos es la tarea que le corresponde a la bancada parlamentaria del Polo. Rodear y acompañar sin ambigüedades la gestión gubernativa en Alcaldías y Gobernaciones, así como de los Diputados, Concejales y Ediles es otra de las prioridades. Pero al mismo tiempo hay que desplegar una intensa actividad de relación política con los mandatarios locales y departamentales que eventualmente comparten con el Polo una agenda de reconciliación y de aplicación de la Constitución de 1991.

En el campo internacional el Polo tiene que moverse en las coordenadas de la izquierda democrática y de interlocución y respaldo a la institucionalidad internacional, más allá de la tradicional relación con los partidos de las izquierdas de América Latina y Europa. El apoyo al Acuerdo Nacional de Paz, a la reforma política, al movimiento de víctimas, a un acuerdo humanitario y a la solución amistosa de los conflictos con nuestros vecinos puede encontrar una importante audiencia internacional.

Un Congreso para la conquista del Gobierno en el 2010

El Congreso del Polo previsto para febrero del 2009 y cuya elección de delegados se hará en noviembre del presente año puede ser un paso decisivo en el fortalecimiento de la unidad, pero sobre todo un escenario para consolidar el cambio de rumbo y la formulación de una propuesta de gobierno para el 2010.

Se fortalecerá la unidad si se acuerdan claras y categóricas reglas de juego que ofrezcan plenas e igualitarias garantías a todos los sectores. Ello pasa por la definición de criterios y mecanismos democráticos que permitan una sana competencia en la definición de listas a Senado y Cámara y la consulta abierta para la candidatura presidencial. En este tema, el Polo tiene como antecedente fundacional la consulta abierta realizada entre Carlos Gaviria y Antonio Navarro en marzo del 2002.

Pero al mismo tiempo el Congreso deberá producir una Agenda Democrática y de Reconciliación para la Colombia del Post-Uribe. Una agenda que además de señalar un camino hacia una nación post-bélica y de identificar los cambios y reformas que se requieren en el marco del Estado Social de Derecho, sea capaz de permitirle al Polo convocar una amplia coalición que desde el gobierno nacional jalone una empresa de tal tamaño.

Como lo dijimos muchos de los asistentes en la pasada reunión del Polo. Colombia merece una izquierda confiable que no esté dispuesta a tolerar la polarización pero que esté decidida a no atizar la confrontación social; una izquierda que no se deje llevar al escenario de la intolerancia, pero que tenga la decisión de asumir la controversia política con vehemencia pero civilizadamente; una izquierda que sin perder sus rasgos y tradiciones sea capaz de convocar a la nación entera y de gobernarla; una izquierda que como lo dijo el propio Lucho Garzón sea capaz de sustituir la lucha de clases por el pleno goce de los derechos de todos. Una izquierda que para ser democrática asuma la invitación de Norberto Bobbio: cultivar el gusto por la moderación.

Marzo 25 de 2008


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